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El rompecabezas que nunca se armó

Algunos meses atrás, tal vez seis o siete, no recuerdo bien; caminaba por una de esas grandes plazas comerciales donde la gente de clase media alta para arriba se pasea sin cesar. Muchas tiendas, la mayoría inútiles o de precios demasiado altos como para comprar ahí y mejor optar por aquella vieja tienda en el centro de la ciudad.

Iba caminando con quien, en ese entonces y hasta hace poco, solía ser esa persona especial y por quien todo llegas a dar. Qué puedo decir, aún lo doy. Hay que aceptar que muchas veces no se puede seguir con una persona, a pesar de la gran cantidad de amor que se pueda acumular entre los dos, ni modo, eso será tema de algún otro post.

Prosiguiendo, pasamos por delante de una tienda dedicada, exclusivamente, a la venta de rompecabezas de todo tipo. Mi novia tuvo entonces una idea: ¿Por qué no comprar un rompecabezas de miles de piezas para armarlo juntos y pasar un poco más de tiempo de calidad? Por supuesto, acepté y, tras decidir entre una imagen de perritos tiernos y un Arca de Noé repleta de las más basta variedad de animales, pagamos la cantidad obligada y lo llevamos a casa.

A los pocos días comenzamos la labor y avanzabamos a buen ritmo. Después, hubo tareas, trabajos finales, tesis e infinidad de trabajos y eventos. Pronto dejamos de armarlo, seguíamos juntos pero ya no tuvimos otra ocasión para seguir armándolo. Tristemente, meses después la relación terminó. No me voy a quejar, fuimos felices los dos; antes de tal ruptura, un día, en que me mudé de lugar para vivir, el rompecabezas terminó en mi hogar, en mi ciudad natal, y ya no salió de ahí.

Rompecabezas

El día de hoy, y no lo digo por parecer clavado o atascado en el pasado, hubiésemos cumpido un año. Observo la pequeña caja que ahora acumula polvo y me doy cuenta de algo que muchas veces no logramos ver: si tienes la oportunidad de hacer algo, hazlo.

Muchas veces pensamos que tenemos el tiempo del mundo, que una relación durará una eternidad o que algo será para siempre; lamentablemente, no es así. Aprovechemos nuestro tiempo, amemos cada que haya la oportunidad, venzamos los miedos en esa ocasión y no dejemos un rompecabezas que, tal vez, nunca se armará.

A propósito, escogimos la imagen de ocho perritos labrador sentados en un sillón (en caso de que se lo preguntaran)

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