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Las bondades de la Fe

Y que, en forma de eructos y bostezos, los demonios que plagan su cuerpo salgan de él […] el espíritu de lujuria, el espíritu de codicia, el espíritu de venganza, el espíritu de robo, el espíritu de asesinato, […] y no vuelvan nunca, y si regresan, nuestra alma sea suficientemente fuerte para borrarlos de nuestra persona.

Fueron esas las palabras con que, el sacerdote, culminaba la parte principal de la Hora Santa, una ceremonia católica cristiana que se realiza el primer sábado de cada mes y que recibe también el nombre de Misa de Sanación.

Hace algunos días, gracias a las vacaciones de mi madre y a la insitencia por parte de la familia completa, tuve la obligación de acudir el evento mencionado. No les voy a mentir, soy creyente de Dios y, en general, trato de no cometer pecado y trato de brindar culto de la mejor manera posible. Sin embargo, debo admitir que escuchar a predicadores, que considero seres humanos que tratan de hacerse los muy fieles, es de las cosas que, a mi parecer, son más que molestas, realmente lo detesto.

Una de las cosas que me hizo acceder a asistir, además de las amenazas de quedarme sin cenar, fue la promesa de personas exorcisadas y violentas. Pues bien, un amante de los zombies y videojuegos como Silent Hill no podía quedarse sin ver algo así; les digo ahora mis lectores, no es nada agradable.

Y no lo digo por el hecho de ser asqueroso o algo así, pero, a veces, no es algo bonito ver cómo personas de lo más normales hasta el momento clímax, pronto comienzan a llorar y en lugar de algo tan sencillo, como lo que el sacerdote advierte, de repente gritan, se abrazan a sí mismos y de plano estallan en euforia y expulsión  de sustancias corporales.

Hora Santa

Es cuando ves este tipo de situaciones que te preguntas el alcance de los valores que en algún momento los padres te llegan a instruir. En algún lado escuche una frase que dice “Los fieles creen sin ver, los escépticos necesitan ver para creer”.

Pues yo les digo que creía sin ver, y sinceramente creo un poco más después de ver. Es bueno, por lo menos, darse cuenta de que no traigo demonios encima, al final.

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