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Es tan fácil romper un corazón…

Soy un ávido seguidor de la serie Lost (empezando por el nombre del blog de su servidor) y los capítulos con ese toque de amor entre las parejas que encontramos en el reparto de personajes generalmente son mis favoritos. Llamaba mi atención el último capítulo de la penúltima temporada, en éste se ve una escena donde dos padres les comunican a sus hijas la decisión de llevar a cabo un divorcio; les explican que, aunque dos personas se separen, no necesariamente dejan de amarse.

Y bien, es por cuestiones de destino, de decisión, qué sé yo, que tarde o temprano nos tocará hacer algo de lo que, si bien no nos arrepentimos, al sentirlo desearíamos no hacérselo ni a nuestro peor enemigo. Hablo de romper un corazón y, aún peor, hacérselo a alguien a quien queremos en demasía.

En mi caso, debo decir que recientemente lo hice y no me siento nada bien. Lo cierto, es que a veces nos vemos obligados a entrar en situaciones que desearíamos nunca sucediecen. Sí, cuando estamos enamorados decimos muchas cosas, que daríamos la vida, que nos casaremos pronto, que nunca podríamos sentir algo igual en la vida, etc. Y sí, las decimos porque son ciertas, pero todos debemos entender que muchas de esas situaciones son presas del momento, ese momento donde somos felices, donde nada podría salir mal.

Después, llegan los reveses de la vida: distancia, celos, peleas sin sentido y situaciones de frustración. Nos damos cuenta de que el amor puede ser más grande que el obstáculo que se interponga y, sin embargo, el cuerpo, la mente y la razón se cansan. Entonces se termina una relación; un término que ambas partes aceptan, una más fácil que la otra, pero al final es así. ¿Qué pasa cuando la parte que decidió aceptarlo más fácilmente, decide no aceptarlo al final?

La vida continúa y, lamentablemente, nos hemos dado a una idea, una decisión, del plan futuro que tenemos que seguir a continuación. Una parte vive bien, la otra se da cuenta de no sentirse igual. Se crea una esperanza que se alimenta de buenos tratos y cariño en general.

Y entonces llega el momento: Terminar lo que en algún momento fue genial y que ahora ya no deseamos; o continuar alimentando falsas esperanzas y sacrificar el propio deseo a cambio de no ser los malos de la historia. Como dice la canción “Amigos para qué, maldita sea”; no apoyo el terminar mal ni desaparecer de las vidas el uno de los otros, aún así tenemos que apartarnos por el bien de alguien a quien no quisieramos lastimar.

Lo que los seres humanos debemos comprender, al final; es que, como lo mencioné al inicio, el no estar con alguien no implica el dejar de querer o amar, tal vez se debe comprender que deseamos lo mejor y quisieramos hacer a esa persona feliz, pero no a costa de la propia felicidad. Tomar lo bueno, quedarse con ello y borrar lo malo y acontecido.

No sólo de amor se puede vivir, pero ayuda a superar lo que se enfrente. Hay momentos en los que damos todo y, simplemente, no se puede tener una reserva ilimitada; todo llega a un límite y nada es para siempre. Mientras tanto, no nos queda más que vivir y esperar.

Cierro esta entrada aleatoria con la misma frase que le dije a mis amigos unas horas después: Tarde o temprano nos rompen el corazón, tarde o temprano tendremos que romperle el corazón a alguien.

 

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