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You wanted the best, you got the best!

Y ahí estaba yo, con los pies amoratados, las piermas entumidas, la playera negra con el logo amarillo totalmente húmedos por la excesiva sudoración que, incluso, podía no ser sólo mía, las botas más que pisoteadas y la garganta dando los últimos destellos de voz del día debido al sobreuso de la voz en sus niveles más altos. Me encontraba a unos cinco pasos del límite en forma de valla  que impedía acercarse a más de tres o cuatro metros de distancia del escenario, que se elevaba poco más de la mitad de la estatura de un hombre promedio.

Una lluvia de papel picado color blanco inundaba, en su totalidad, tanto  la visión como al recinto deportivo en el que hacía acto de presencia un servidor. Explosiones, luces, fuego y chispazos encendían el ambiente por doquier mientras los miles de presentes entonabamos a nuestra mejor manera esa simple pero grandiosa frase: Iiiii wanna rock and roll all niiiite, and party everyday!!! Las miradas disfrutaban de todo lo que he mencionado, pero la atención se centraba en un solo hecho: La figura de los cuatro que, siendo uno solo, nos entregaban todo el poder de la única magia en la que yo he creído, el rock.

Era el último día del noveno mes del año 2010; tras obtener la autorización de mi jefe para salir temprano de mis actividades laborales, subía a un autobús que me llevaría al lugar en el que, tras una espera indefinida pues nunca existió la oportunidad, se presentaría el grupo que me definió desde mi infancia hasta el día de hoy y los días por venir, the hottest band in the world, Kiss.

Debido a la distancia que me separa de los amigos, me aventuré en esta pequeña travesía por cuenta propia y, sin embargo, me vi rodeado de personas que compartían esa misma pasión aquel día. Pronto compartimos un par de tragos de whisky, mezcal, piña colada y cerveza, alternándolos sin importarnos las consecuencias pues ese día era EL día. Bromas con respecto a los amantes de otros géneros musicales, insultos amistosos y sobrenombres graciosos llenaron el ambiente  durante un par de horas antes de descender del vehículo y, con el corazón retumbando de la emoción, pisar el suelo que ese día se convertiría sagrado.

Me apuré a ingresar en el recinto y formar parte del conglomerado que crecía en torno del escenario, me localizaba tal vez a unos diez o quince metros de aquella zona que esperaba ver ocupada por los dioses del rock que esa noche se presentarían. Faltaban tan sólo tres horas para ese clímax.

Una banda local se presentó; respondían al nombre de Ruido Rosa, el público la recibió muy bien aunque no estoy seguro si por su música, que yo consideré bastante prometedora, o por el hecho de no contar entre sus filas con un sólo integrante del sexo masculino; tras cinco o seis  temas, se retiraron para dar paso a un grupo más: The Envy; a mi gusto, una presentación bastante olvidable. Sin una propuesta visible y audible que valiese la pena, el público no dejo de abuchearlos un sólo instante. La espera ya era insoportable.

Y tras un rato más, que no fue tan largo en realidad, la gran cortina negra que protegía el escenario cayó, las luces desaparecieron y una luz negra iluminó ligeramente el lugar donde un gran logo con el nombre de nuestra adoración se iluminaba. Un video los mostró en su pequeño camino hacia el escenario y la frase, ya clásica, nos extasió: All right Mexico!!! You wanted the best, you got the best: the hottest band in the world, KISS!!!

Acto seguido, Eric Singer marcaba el ritmo y detrás de él aparecerían Gene Simmons, Paul Stanley y Tommy Thayer que se elevarían en una plataforma que los colocaría en el centro del escenario, listos para dar la función que todos esperábamos. Modern Day Delilah abría el camino para una serie de rolas que ansiábamos: Shock me, Black Diammond, Deuce, Crazy Cracy Nights, Lick It Up, I was made for lovin you, Detroit Rock City, y más.

Lejos de describir cada una de las etapas del concierto, sólo puedo decir que el sentimiento de ver a la banda con la que uno creció y gracias a la cual un servidor se volvió seguidor del género por excelencia, es lo mejor del mundo: Ver que Gene Simmons no es el mismo del reality estando en el escenario, el show de la sangre; Paul Stanley colocándose en el centro del recinto para entonar I was made; los solos de Tommy y Eric que disiparon las dudas en torno a su inclusión en los zapatos de Ace y Peter; en fin, una presentación que dejó los pelos de punta y las sonrisas de oreja a oreja en cada uno de los que asistimos.

El día de hoy, volteo a ver el tambor autografiado por Eric y no me queda de  otra más que sonreir y sentir ese pequeño estremecimiento que sube por mi columna al recordar esos momentos que atesoraré el resto de mi vida. Gracias Kiss, gracias.

 

 

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