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Been there, read that (LVII)

Mein Kampf, Farsa

Aut. George Tabori

Lo último que pasó por mi mente cuando encontré este desvencijado libro en la vitrina de la librería favorita, fue el hecho de que la palabra “farsa” se refiriese al género teatral y no al adjetivo que indica un nivel de falsedad. Por tanto, mi sorpresa fue bastante grande al momento en el que hojeé la obra y me di cuenta de que estaba a punto de comenzar la lectura de un guión teatral en lugar de una crítica en contra del bien conocido manifiesto de Adolf Hitler.

Precisamente, Mein Kampf de Tabori es un agradable conjunto de escenas que nos sitúan en Viena, en una pequeña casa de huéspedes para personas sin recursos económicos ni hogar. Shlomo Herzl, nuestro protagonista, es un judío vendedor de enciclopedias que se encarga, por lo menos así lo entendí, de administrar el lugar descrito anteriormente. Herzl ha escrito un libro y no sabe cómo titularlo; gracias al consejo de un amigo, que hace las veces de Dios, no sé si así lo crea o si en verdad lo es, decide titularlo Mein Kampf; el amigo, recibe el nombre de Lobkowitz. Es durante este momento, en la gestación del nombre del libro, cuando hace su aparición un adolescente, ¿puberto?, Adolf Hitler, que ha llegado a Viena con la intención de convertirse en un gran arquitecto y pintor.

Tras la decepción de no ser admitido en la Academia, Adolf entra en un período de pesimista depresión. Comienza a gestar su odio hacia al humanidad, despotrica en el deseo de conquistar al mundo, sin dejar de ser un malcriado que hace uso de la buena fe y cariño de Herzl a modo de mayordomo. Un día, Hitler es visitado por Madame Lamuerte que, como su nombre lo indica, no es más que la representación terrenal de la mismísima ídem. Herzl se apresura a esconder a Hitler pues no desea que la señora se lo lleve; sin embargo, es Lamuerte quien afirma que Adolf no le serviría de nada muerto sino como agente personal en un futuro no muy lejano.

Y es que, precisamente, la farsa encuentra su desarrollo en esta pequeña etapa donde un Hitler berrinchudo ha decidido dedicarse a la política y, de alguna manera, nos brinda esta chusca teoría sobre la invención de la verdadera Mi Lucha del bigotón. La obra está aderezada con un par de fotografías de la puesta teatral original.

Agradable, ligera y cero negativa, la farsa del Señor Tabori logra, por momentos, que se te olvide la peor parte de la vida del dictador y brinda sonrisas furtivas debido a las muletillas de los personajes y a las ridículas teorías sobre uno u otro acontecimiento que, a la postre, fueron todo menos inocentes o chuscos.

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