Inicio > Dedicatorias, Expresiones > Querer bonito

Querer bonito

Le conté cómo pasé la mayor parte de mi infancia mirando una y otra vez las mismas películas de Pedro Infante a la hora de la comida. Mi abuela, con quien solía comer antes de que mis padres pasaran por mí después del trabajo, tenía una videocasetera “Beta” y mi tía le grabó un par de películas. Cada día de la semana veía una cinta diferente hasta que se acababan y se volvía a repetir la serie una y otra vez. A toda máquina, Qué te ha dado esa mujer y El inocente, acompañaron a mis alimentos una vez cada dos semanas durante lo que fueron seis años de primaria; en secundaria comencé a regresar solo a mi casa.

—Y es por eso que sabes querer bonito —dijo ella mientras se acomodaba en la cama y se envolvía en la colcha, el frío era intenso y aún dentro del departamento se podía sentir la gélida mordida del invierno que se acercaba.

—Así es, —le respondí— y es así como te quiero querer, bonito.

—Pero yo no me merezco algo así —bajó la mirada y giró un poco sobre su espalda para no mirarme al rostro. Yo me encontraba a un par de metros de distancia de ella, en el escritorio, localizando en la computadora la música que la pusiera de humor y me permitiera después deslizarme junto a ella, entre las sábanas, y así poder besarla, apretarla contra de mí y aspirar el aroma a madera que inundaba su castaña cabellera. Amaba su cabello y el olor que desprendía.

—¿Y por qué no habrías de merecerlo? —le contesté. Me irritaba que ella creyera, o se hiciera creer a sí misma, que todo aquello que yo estaba dispuesto a hacer por ella y por nuestro titubeante amor, no era algo que ella mereciera o que debiera aceptar pues no sabría cómo corresponderlo.

—No lo sé, sólo no me quieras así, no estoy lista y todavía tengo cosas en la cabeza que no me permiten estar contigo al cien —guardó silencio un instante—, ya ven, estoy esperando a que me abraces desde que entré por esa puerta.

Bajé la pantalla de la computadora, apagué las luces. Me metí dentro de las cobijas, mi brazo rodeó su cintura y la atraje hacia mí.

—No importa cuánto tenga que esperar, aquí estaré —La besé—.

Anuncios
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: