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Lo relativo del tiempo (en una relación)

“¿Y cuánto llevabas con él/ella?” es la pregunta básica que hacen los amigos y conocidos a las personas que se encuentran en el proceso de luto que genera una ruptura sentimental con la pareja. Pareciese que es el tiempo el encargado de decirnos si algo valía la pena o si vale la pena soltar lágrimas por otra persona que ahora ya no está. “Si ni llevaban tanto”, “¿tan poquito y estás así?”, “ni que hubieran andado 5 años como para que te pongas así”, son frases comunes que tal vez tengan la buena intención de animar, aunque en casos muy particulares son más irritantes que cualquier otra cosa.

No, señores, el amor que hay hacia una persona no se mide en términos de tiempo, de hecho, el amor no se mide o no se debería medir de ninguna manera. ¿Cuál es la necesidad o la necedad de saber algo que sólo las personas involucradas en la relación deberían saber?

Para amar no se requieren años, aunque ciertamente  hacerlo en menos de un día podría parecer una locura. Lo cierto, es que no existen reglas y una persona puede caer enamorada en el momento en que escucha por primera vez la voz de la otra. No se trata del tiempo que se trataron, se trata de los momentos, se trata de esos pequeños detalles que los demás pasan de largo y que nunca verían: ordenar la comida sin los mismos condimentos o complementos que uno también evita; entender las mismas bromas o relacionar ciertas escenas con programas de televisión que uno creía ser el único en ver cuando era niño; tener ideologías contrarias pero que increíblemente no suenan a las estupideces que escuchamos en otros lados.

A veces, es simplemente esa pequeña chispa, una tenue luz que irradia la persona que tenemos en frente. Es verla y escucharla hablar y reír, incluso llorar o insultar, y de alguna manera preguntarte ¿dónde habías estado? Basta, muchas veces, ver la forma en que te miran, darte cuenta del brillo especial en los ojos cuando entras al mismo cuarto que esa persona e, incluso, la forma en cómo te juzgan de una manera más dura que a los demás.

No, no es necesario estar con una persona x meses para poder decirle ‘te amo’, tampoco es necesario haberle salvado la vida de un autobús descontrolado o recibir una bala en el pecho protegiéndola para que ella te lo diga a ti. Hay casos en que un segundo basta, un primer beso, la primera vez que se entrelazan los dedos de la mano, un beso con la canción favorita de fondo, etcétera, etcétera, etcétera.

Es darte cuenta de que tienes una carpeta en el escritorio de tu computadora con todas las imágenes que has guardado y que la harían sonreír, un documento con los chistes que quieres contarle en la próxima ocasión. Es tener una carta lista para el día en que se la puedas entregar o hacer regalos del día del padre esperando a que él regrese por fin y esté contigo y tu bebé. Es realizar todas tus actividades esperando un mensaje o una llamada; es querer ser mejor estudiante o levantar más peso en el gimnasio para poder contárselo. Es esperar a esa persona, aguantar todo lo que se puede y más.

Hay ocasiones en que, simplemente, nace el decir ‘te amo’. ¿Y el tiempo? ese está de más.

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Categorías:Reflexión Etiquetas: ,
  1. Evelyn Akash
    19 enero 2014 en 8:39

    Hahhahahaa, tus supuestos de posible amor hicieron reir, pero en efecto tienes razón el amor nace de la convivencia y de la calidad de ésta, no especificamente del tiempo pero en fin.

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