Inicio > Anécdotas, Dedicatorias > Dejar que los perros ladren

Dejar que los perros ladren

Algo que jamás logro entender de las personas, es esa necesidad de tirar indirectas en sus redes sociales favoritas. Eso sí, antes de explayarme, debo confesar mis pecados previo a completar la acción de tirar la tercera o cuarta piedra (porque tampoco soy tan atascado para tirar la primera).

Hasta hace algunos meses, exactamente a partir de inicios de febrero, descubrí que no vale la pena andar ventilando intimidades, pleitos y demás marrullerías en público. Si bien buscamos empatía y apoyo, la realidad es que terminamos dando más pena ajena que nadie. Lo digo porque tal vez hubo momentos (para ejemplo clasiquísimo) donde una relación se pudo haber salvado de no haber quemado lo más que se pudo a la otra persona; eso sí, te contentas y ahora trata de explicarle a las mismas personas que pusiste en contra de tu amado, cómo resulta ahora que siempre no es tan malo y que mejor sí regresas con él. Cosas de la vida, right?

El caso es que por razones que aún no termino (ni terminaré) de comprender, un servidor se puso a chillar y a decir que cómo era posible y bla bla bla. Y todo aquello, ¿para qué? Sorpresivamente para nada, mejor te lo guardas y le dejas de dar importancia a quien no merece más que la atención de 2 o 3 segundos que te quita tal o cual publicación.

Claro está, “miren todos, cómo me siguen haciendo caso” y miran todos y lo único que observan es a una señora casada que sigue dando pena ajena y se sigue quemando por seguirle juegos al ex-novio. Buscan la atención y que sigan viendo cómo “siguen trayendo acá” al pobre mortal que si mal no recuerdo, ya ni las hace en su vida.

Supongo que más penoso es el hecho de estar parado afuera del círculo que llama la atención y ser el esposo, porque ¿con qué cara podría explicarle la esposa que cuando no está, ella sigue llamando amor de su vida a otro?, para ser más precisos, ¿cómo ha de explicarle los correos que le manda con poemas y los de felicitación de cumpleaños cuando se supone que ya tiene un compromiso con el hombre de su vida? Nunca lo sabremos.

Afortunadamente no todos caen en ese juego y se escapan por el camino de la caballerosidad, evitando devolver el golpe que podría acabar con toda resistencia. Finalmente, cada quién es feliz con la atención y la reputación que se gana. 

Por mi parte, ya no suelo caer en los juegos de las indirectas… ¿sarcasmo o realidad?

Anuncios
Categorías:Anécdotas, Dedicatorias Etiquetas:
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: