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Been there, read that (CXXVII)

Valeria, una mujer común

Aut. Jaime Alcántara, Ximena del Castillo

Valeria, Una mujer comúnOtro de los motivos por los que amo mi trabajo como profesor: los alumnos y sus más variadas ascendencias e historias. Como en el resto de nuestro quehacer diario, conocemos personas de las más diversas índoles. Como profesor, cada año un nuevo caudal de estudiantes se arremolina a tu alrededor. Hay con quienes harás clic de inmediato, habrá quienes no te tragarán, ni tú harás el mínimo esfuerzo por entablar algo más que una relación del tipo pedagógico.

De un par de meses para acá le he tomado mucho cariño a un alumno que ha resultado tener todo tipo de admiración hacia mi actitud hacia las relaciones sentimentales. Le gusta escucharme mientras narro mis desaventuras y coincide en muchas de las actitudes que he tomado. Platicándole mi idea de editar un libro para la persona más especial de mi vida, sale a colación que su padre también se dedica a la escritura y que, bajo ciertas circunstancias, también escribió en su tiempo un libro dedicado a su mamá.

Es así como me hice con una copia del ejemplar que recién terminé: Valeria. Ahora bien, también le platicaba a mi Dulcinea, de las diferencias entre lo que es un libro autobiográfico y un libro autoreferencial. Lo que un escritor escribe no necesariamente es real cuando lo hace en primera persona, hay ocasiones en que se narra al pie de la letra lo sucedido, hay ocasiones (como en el caso de un Hank Chinaski) donde se crea un alter ego, lo que permite agregar elementos inventados a la narrativa de una historia común.

Para el caso de Valeria, mi alumno afirma no soportar la lectura de ciertas partes, lo anterior debido a que hablamos de literatura erótica. Sin embargo, ya acaparando la totalidad de la obra, son más los elementos que se dejan a la imaginación que una narración descriptiva de los actos sexuales; en dado caso, creo que la imaginación de mi pupilo podría estar más desarrollada y muy unida al imaginario de sus propios padres.

Valeria se lee de forma suave y veloz, la trama no te permite dejar la lectura para otro día aunque la actitud de la protagonista sí resulta ser tan cínica que, por momentos, es más grande el deseo de continuar otro día para bajar el coraje, que el de saber qué chingadera le hará al coprotagonista más adelante.

La dama es voraz e inteligente, agudísima y se debate entre seguir recibiendo el placer de todo espécimen que le agrade y abandonar al único hombre que ella considerada capaz de merecerla. Se fija en la posición social, en el dinero que hacen y hasta qué escalafón la podrían llevar. Es, como dice el libro, “una mujer común”. De alguna manera, somos testigos del desarrollo de una femme fatale que, en 1998, aún se considera bajo ciertos cánones de la sociedad machista mexicana.

El libro deja un sabor de boca amargo, supongo que mucho tiene que ver si el lector es hombre o mujer. El desenlace se siente como el de una película pasional noventera. Lo cierto es que la obra en sí, resulta ser del tipo de películas que metían de relleno los domingos por la tarde en canal cinco. No por eso deja de disfrutarse. Mujeres tan divinas, no queda otro camino que adorarlas.

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