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Posts Tagged ‘Adolf Hitler’

Been there, read that (XCIX)

Max

Aut. Sarah Cohen-Scali

maxLebensborn es el nombre del programa nazi a través del cuál se buscaba crear hijos perfectos de Alemania. Al igual que antiguas civilizaciones guerreras desechaban a aquellos recién nacidos que presentaban defectos, los nazis emprendieron la tarea de seleccionar a los mejores ejemplares de la raza aria a través de nacimientos controlados y estrictos métodos de medición, pesaje y educación. Desde niños educados bajo la doctrina del Mein Kampf y el odio en contra de la inferioridad de otras razas, los nacidos bajo el programa pronto se convirtieron en soldados perfectos, fanáticos y jurados a dar su vida por Hitler.

Max, el protagonista, es el producto por excelencia de Lebensborn, el primer nacido bajo la dirección del programa en la misma fecha en que Hitler cumpliría años y bautizado por el Führer en persona. Bajo tales antecedentes, deberemos comprender a Max pues, lejos de ser adorable e ingenuo en su infancia, resulta ser todo un desalmado a la hora de referirse a las demás personas e incluso comparar a su propia madre con una prostituta.

Precisamente, se requiere de paciencia para comprender que Max jamás ha tenido ni tendrá una figura de ejemplo y vivirá siempre como un elemento más de la maquinaria de guerra nazi. Sus expectativas y teorías sólo se verán modificadas tras la aparición de Lukas, un joven polaco que, siendo judío, logra pasar las rigurosas selecciones nazis para formar parte de la germanización. Pudiendo pasar por el hermano mayor de Max, Lukas se encargará de convertirse en una figura de influencia para el protagonista que lo hará cuestionar sus propias creencias e ideas sobre el mundo.

Acercándose el final de la guerra, un encuentro con los soldados rusos acabará con la muerte de uno de los dos “hermanos” lo que llevará al otro por un camino de vagancia hasta el día en que conocerá a los soldados americanos y, con ellos, la oportunidad de testificar contra los horrores del régimen nacional socialista.

Max es una historia que conmueve y que mueve la lupa del campo de batalla hacia el interior de una institución alemana que buscaba crear soldados perfectos sin conciencia ni libre albedrío de sus acciones. Sencilla pero intensa y cruel a momentos, vale la pena para los amantes del género de la Segunda Guerra Mundial.

Reconciliación con Hitler

milan-kundera

No hace mucho me sorprendí a mí mismo con una sensación increíble: estaba hojeando un libro sobre Hitler y al ver algunas de las fotografías me emocioné: me habían recordado el tiempo de mi infancia; la viví durante la guerra; algunos de mis parientes murieron en los campos de concentración de Hitler; pero ¿qué era su muerte en comparación con el hecho de que las fotografías de Hitler me habían recordado un tiempo pasado de mi vida, un tiempo que no volverá?

Esta reconciliación con Hitler demuestra la profunda perversión moral que va unida a un mundo basado esencialmente en la inexistencia del retorno, porque en ese mundo todo esta perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido.

– Milan Kundera en La insoportable levedad del ser.

Been there, read that (LX)

Hermano Hitler, El debate de los historiadores

Aut. Jürgen Habermas, Erich Nolte, Thomas Mann

Hace un par de textos, les entregué un fragmento del discurso escrito por Erich Nolte, en éste, el historiador atribuía las acciones nazi dentro de los campos de concentración a una reacción de temor hacia lo que podrían sufrir por parte de los rusos, demostrado en los gulags; todo, excepto “el proceso técnico de gaseado”. Pues bien, Hermano Hitler es un compilado del discurso mencionado junto con el posterior conjunto de réplicas entre el mismo Nolte y Jürgen Habermas, que critica severamente el texto original que generó la controversia.

Ahora bien, la controversia es clara; sin embargo, dentro de las discusiones se incluyen temas de mayor relevancia. Escritas en 1986, las contestaciones se hacen en nombre de Alemania, pero es una Alemania que en su nombre anteceden las palabras República Federal. Al mismo tiempo, todo surge de la necesidad que tienen los historiadores de hacer un trabajo objetivo para que las generaciones que ya no conocieron nada relacionado al periodo bélico, tuviesen siempre presente las atrocidades cometidas por el régimen del Tercer Reich y supieran no caer en las mismas tentaciones que el pueblo alemán cayó en esos entonces.

Sin duda, leer el debate escrito enriquece mucho, las opiniones, incluso las de Nolte, tienen gran poder argumentativo y brindan excelente material para ensayos y reflexiones sobre el tema. El lenguaje resulta un poco complejo pues ambos historiadores hacen alarde de su intrincado léxico y hacen uso de un formalismo que raya en lo excesivo.

Es una gran lectura para aquellos interesados en el tema a un nivel académico e histórico; sin embargo, no lo recomiendo como una adquisición basada en lectura recreativa o de relajación. Requiere de bastante concentración y conocimiento de las alusiones, así como de su lectura en condiciones libres de distracción. Por lo demás, una gran adición a mi colección de libros del tema.

Revisionismo historiográfico

En 1986 surgió una disputa entre historiadores nacida de un discurso publicado por Ernst Nolte. En el discurso, se atribuía a las acciones nazis un carácter de reacción ante los procedimientos rusos en los Gulags. De esta manera, la obra de exterminio llevada a cabo en los campos de concentración, respondía al temor que los mismos alemanes tenían de una acción del mismo tipo llevada contra ellos tarde o temprano. Me sirvo de ofrecerles un pequeño fragmento del discurso que generó la polémica mencionada:

Una carencia notoria en la bibliografía sobre el nacionalsocialismo es que no registra, o se niega a registrar, la medida en que, cuanto hicieron posteriormente los nacionalsocialistas, con la sola excepción del procedimiento técnico del gaseado, ya había sido descrito en la abundante bibliografía que se produjo a principios de los años veinte… ¿No habrán cometido los nacionalsocialistas -no habrá cometido Hitler- un acto “asiático” tan sólo porque se veían a ellos mismos y a sus semejantes como víctimas de un acto “asiático”?

– Ernst Nolte, en el Frankfurter Allgemeine Zeitung del 6 de junio de 1986

Nota: Con bibliografía producida a principios de los años veinte, Nolte se refiere a los campos de trabajos forzados rusos en los que morían todo tipo de opositores políticos al régimen de Lenin y Stalin.

Been there, read that (LVII)

Mein Kampf, Farsa

Aut. George Tabori

Lo último que pasó por mi mente cuando encontré este desvencijado libro en la vitrina de la librería favorita, fue el hecho de que la palabra “farsa” se refiriese al género teatral y no al adjetivo que indica un nivel de falsedad. Por tanto, mi sorpresa fue bastante grande al momento en el que hojeé la obra y me di cuenta de que estaba a punto de comenzar la lectura de un guión teatral en lugar de una crítica en contra del bien conocido manifiesto de Adolf Hitler.

Precisamente, Mein Kampf de Tabori es un agradable conjunto de escenas que nos sitúan en Viena, en una pequeña casa de huéspedes para personas sin recursos económicos ni hogar. Shlomo Herzl, nuestro protagonista, es un judío vendedor de enciclopedias que se encarga, por lo menos así lo entendí, de administrar el lugar descrito anteriormente. Herzl ha escrito un libro y no sabe cómo titularlo; gracias al consejo de un amigo, que hace las veces de Dios, no sé si así lo crea o si en verdad lo es, decide titularlo Mein Kampf; el amigo, recibe el nombre de Lobkowitz. Es durante este momento, en la gestación del nombre del libro, cuando hace su aparición un adolescente, ¿puberto?, Adolf Hitler, que ha llegado a Viena con la intención de convertirse en un gran arquitecto y pintor.

Tras la decepción de no ser admitido en la Academia, Adolf entra en un período de pesimista depresión. Comienza a gestar su odio hacia al humanidad, despotrica en el deseo de conquistar al mundo, sin dejar de ser un malcriado que hace uso de la buena fe y cariño de Herzl a modo de mayordomo. Un día, Hitler es visitado por Madame Lamuerte que, como su nombre lo indica, no es más que la representación terrenal de la mismísima ídem. Herzl se apresura a esconder a Hitler pues no desea que la señora se lo lleve; sin embargo, es Lamuerte quien afirma que Adolf no le serviría de nada muerto sino como agente personal en un futuro no muy lejano.

Y es que, precisamente, la farsa encuentra su desarrollo en esta pequeña etapa donde un Hitler berrinchudo ha decidido dedicarse a la política y, de alguna manera, nos brinda esta chusca teoría sobre la invención de la verdadera Mi Lucha del bigotón. La obra está aderezada con un par de fotografías de la puesta teatral original.

Agradable, ligera y cero negativa, la farsa del Señor Tabori logra, por momentos, que se te olvide la peor parte de la vida del dictador y brinda sonrisas furtivas debido a las muletillas de los personajes y a las ridículas teorías sobre uno u otro acontecimiento que, a la postre, fueron todo menos inocentes o chuscos.

Been there, read that (LII)

Cuando Hitler robó el conejo rosa

Aut. Judith Kerr

Sí, de entrada, el libro pertenece a la serie Alfaguara Juvenil, y quiero creer que en juvenil no entra alguien como un servidor que a sus 25 años ya se considera algo viejo, por lo menos para este tipo de historias. A pesar de todo, el factor ‘Hitler’ en el título del libro me impulso a adquirirlo en cuanto lo descubrí en un estante de mi librería favorita.

En efecto, estamos hablando de una novela ligera hecha para lectores un poco más jóvenes, me atrevo (y sólo es una suposición) a pensar que el libro está dirigido a edades que oscilan entre los 10 y 15 años de edad. Sin embargo, no podría atreverme a descartarle como una obra aburrida o carente de sentido pues aborda temas significativos que no precisamente acontecen durante la Segunda Guerra Mundial, sino en el período de toma del poder por parte del Partido Nazi y los primero años del régimen por ahí de 1933.

La historia no trata para nada sobre un conejo rosa, a pesar de que el conejo como tal existe (en apenas una página del libro en sus primeros apartados). Trata sobre la travesía que Anna lleva a cabo mientras su familia, de origen judío, viaja de un país a otro buscando oportunidades de desarrollo y de vivir en calma. De Alemania a Suiza, de Suiza a Francia y de allí a Inglaterra, la protagonista junto con Papá, Mamá y su hermano, Max, tratan de subsistir y llevar vidas tranquilas mientras la sombra Nazi se extiende poco a poco sobre Europa.

Ante todo, seguiremos a Anna durante sus dificultades con los idiomas, las clases, las compañeras, etc. De hecho, no existe un final feliz sino un final que nos deja a la expectativa de uno bonito cuando la Guerra todavía no es una realidad. Por lo tanto, es difícil imaginar que la familia encontrará una paz duradera al término de la novela.

Llego a pensar en alguna comparativa con El Niño del Pijama de Rayas, pero no la hay, en absoluto. Esta es una historia dulce en la que no existe tragedia alguna mas que el hecho de que Papá no recibiera buena paga y todos en la familia tuviesen que usar ropa gastada o comer un poco menos de lo normal. Fuera de eso, nos ecnontramos una historia sencilla que no te obliga a quedarte pegado al asiento aunque sí a no dejarla olvidada.

Me agradó mucho la lectura, más por el contexto que por otra cosa y, por supuesto, no puedo recomendarla para edades superiores al rango mencionado en el primer párrafo; si nos encontramos dentro del mismo, hallaremos algo bastante agradable y digerible.

Gombrowicz: Un Hitler moralmente correcto y Cómo consolar nuestra (falta de) genialidad

Aunque ya tuve algunos acercamientos filosóficos gracias al El Mundo de Sofía, un curso de un semestre en la universidad y una que otra conversación etílica; me hice con un pequeño libro de apuntes del mismo estilo titulado Curso de Filosofía en Seis Horas y un Cuarto, de Witold Gombrowicz. Dentro de sus notas, he hallado dos que me han parecido, lejos de interesantes, bastante chuscas.

Primero, la correcta moralidad de Hitler:

Crítica de la moral práctica: se trata de lo que debo hacer, obrar (moral).

[…]

Para Kant el imperativo moral ha de ser desinteresado.

Ahora la moral depende enteramente de la voluntad. […] Ejemplo: si mi madre está enferma y yo, con la mejor voluntad de curarla, le doy por error un medicamento mortal, desde el punto de vista moral, he actuado correctamente.

Por esta razón, es preciso juzgar por sus intenciones a los mayores monstruos de la historia: Hitler y Stalin.

Si Hitler consideraba que los judíos eran la enfermedad del mundo, entonces actuó de forma correcta desde el punto de vista moral, aunque estuviera equivocado. Pero si hizo aquello por interés personal, entonces fue una inmoralidad. La moral para Kant, es la voluntad moral, la buena voluntad.

Segundo, podríamos consolar nuestra maravillosa e incomprendida genialidad (aunque carezcamos de ella) de la siguiente manera:

Schopenhauer buscaba la renuncia, pretendía matar la voluntad de vivir.

Para mí es un misterio que libros interesantes como los de Schopenhauer (¡y los míos!) no encuentren lectores.

Schopenhauer detestaba a Hegel. Decía siempre: ¡ese zopenco de Hegel! Y, para desafiarle, fijó la hora de sus cursos en la Universidad de Berlín a la misma que los de éste, con el resultado de que la sala de Hegel estaba siempre llena y, la suya, siempre vacía…

Pero Hegel y Schopenhauer tenían argumentos para mostrar que un genio no puede tener éxito, puesto que sobrepasa a su tiempo. Por esta razón el genia resulta incomprensible y no sirve para nadie.

Así que Schopenhauer y yo nos consolamos bastante bien.

Podemos no ser genios, o podríamos serlo sin tener éxito ni servir para nadie. ¿No creen?