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Been there, read that (LV)

Las ideas de Tello Téllez

Aut. Amado Nervo

Amado Nervo siempre fue uno de los autores favoritos de mi padre, por lo mismo, desde muy pequeño tuve acercamientos con su obra. Buscando algún poemario de su autoría, me tope con Las ideas de Tello Téllez, su bajo costo me impulsó a adquirirlo de inmediato. Me topé con una obra que, por supuesto, tiene el sello del ilustre autor; sin embargo, no posee ni el ritmo ni la temática a la que estaba acostumbrado de él.

Tello Téllez es un personaje ficticio, amigo del autor, que recientemente ha fallecido. A modo de homenaje Amado Nervo se da a la tarea de publicar un compendio de ideas que Téllez ha escrito a lo largo de su vida y que le ha hecho llegar a través de cartas. No 0bstante, la última parte es obtenida de algunas notas borrosas halladas entre las pertenencias del extinto.

Tello Téllez es un hombre ensimismado que ha reflexionado mucho sobre temas como la vida, la muerte, el amor, las mujeres. Sus reflexiones no dejan estar acompañadas por el factor Dios y el catolicismo al igual que de influencia filosóficas clásicas. Sus debates internos encuentran su punto culminante en la necesidad de comprender que el hombre tiene una esencia maligna que debe combatir.

El libro es corto y de fácil digestión con reflexiones adecuadas. No es la obra común por la que se conoce al autor; más bien, se siente como un ejercicio literario que buscaba salirse de lo cotidiano. La última parte, una plegaria, es realmente hermosa y coloca una idea sobre el amor femenino muy sólida y, creo yo, correcta en nuestra cabeza.

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Mix de amistades

13 octubre 2011 4 comentarios

Soy una persona con muchísimos conocidos, que hace buenos compañeros de trabajo, poquísimas amigas (soy algo seco para las amistades con el sexo opuesto) y amigos, amigos, bien contaditos. No pierdo la oportunidad para convivir con los miembros de cualquiera de los grupos mencionados. Y como todo, existen círculos de los que provienen subgrupos de los mismos: que los que trabajaron contigo en el periódico, los que vivieron o compartieron habitación o suite en la universidad a tu lado, los de la carrera, los del curso de inducción, los compañeros de borrachera, los de ideologías o creencias compartidas, los de la infancia, etc.

En efecto, disfruto los momentos que llego a pasar con todos ellos; sin embargo, nada disfruto más que aquellas ocasiones donde se hace un mix y resulta saber muy bueno.

El fin pasado, por ejemplo, tuve la oportunidad de reunir al compañero de cuarto de la universidad, al que comparte mis ideologías políticas extremas y al que forma parte de los amigos de la infancia; el resultado, pláticas amenas con puntos de vista diferentes pero convergentes, una buena ronda de pasitas, relajo simple, sencillo en inteligente, ¿qué sé yo? de esos momentos donde te vale la tarea de la maestría, los problemas en el ambiente laboral o cualquier otra cosa.

Lo mejor acontece cuando te das cuenta de que, precisamente, por algo los amigos son tus amigos. Debe existir una cierta característica para que, precisamente, entre ellos exista química y se lleven tan bien como tú lo esperabas. Me imagino que esa característica la escoge uno inconscientemente pues uno es el que funciona como punto de unión.

En fin, una entrada aleatoria, algo que quería compartir. Deberían intentarlo: tome una cacerola (de acero inoxidable porque el teflón ya está comprobado que afecta a largo plazo), agregue amigos de diferentes etapas de la vida, distintos ambientes y círculos vitalicios, agregue unas chelas o bebidas de su preferencia (no necesariamente etílicas), sírvase con una conversación en la que todos puedan participar y disfrute.

PD Si no lo planea y la mezcla se hace  de forma aleatoria, el resultado es todavía mejor.

¿De nadie queda nada?

Independiente a las razones que me han llevado a recibir el famoso comentario “Pues ya ni modo Ángel, de ti, no quedó” y que, a veces, me han llevado utilizarlo propiamente como “Ni modo, de mí, no quedó”, he reflexionado sobre el significado de tal frase y, si de algo puedo estar seguro, es en su existencia  como una de las múltiples frases que se usan todo el tiempo sin darnos cuenta del significado tan derrotista que encierra.

Todos cometemos errores, de lo contrario no seríamos humanos. El peor tipo de error es aquel que no solo nos afecta, también afecta a los demás. En detrimento va el hecho que se da cuando lastimamos a un ser querido. Entonces las disculpas llegan pero no hay respuesta, intentamos un poco más y los oídos sordos no nos brindan una réplica. Pronto nos autoconvencemos de no tener la culpa, tal vez no estamos equivocados y, en realidad, la culpa la tiene esa persona que por algún motivo nos ha retirado la palabra y que ha cortado todo rastro de comunicación; por lo menos de eso nos sugestionamos.

Debatimos largo rato, las demás amistades apoyan pero también se cansan. Al final, “no quedo de mí”.

Y es una frase tan derrotista porque conlleva la aceptación de no desear hacer nada más ¿pasamos la vida aceptando que nada se puede hacer? Yo le llamo autocompasión (horrible si me preguntan) nos engañamos diciendo “hice todo lo que podía y si la otra persona no quiere, es su problema”, pero no es así. Yo en verdad creo que si hiciésemos todo lo que pudieramos, la oración no existiría.

A veces el problema no es la negativa de la persona con quien quisiéramos arreglar las cosas, el problema somos nosotros mismos cuando damos señales equivocadas y cuando, por encima de otros motivos, no tenemos el don de la paciencia. Darle tiempo al tiempo, por el contrario, es la mejor opción en determinadas ocasiones.

Ojo, no hay que confundir el dar tiempo de reflexión, que dar tiempo esperando que se convierta en años o, en el peor de los casos, un nunca.

Lamentablemente, para jugar estos juegos se requiere de dos personas y, al igual que en el amor, el esfuerzo de uno requiere de la aceptación y mínima participación del otro. Creo firmemente que si una persona es lo suficientemente especial para uno, entonces no debería haber un problema; por supuesto, hay de errores a errores y, al final, el meollo del asunto se encuentra en una aceptación incondicional de la persona con defectos y virtudes por igual.

No tiene nada de malo intentar, lo malo es no hacerlo. Y si el perdón está en nuestras manos, lo mínimo que podemos hacer es otorgarlo.

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El día en que SIEMPRE NO (usted disculpe) dejé de confiar

Pues como luego hacen los de seguridad pública cuando te liberan de prisión porque te metieron por equivocación, usted disculpe.

Lo cierto es que, hasta hace un par de horas, no dejaba de llorar, de pensar cómo pudo alguien lastimarme así y, ya saben, lamiendo heridas y sopesando sentimientos. Lo que pasó, pasó y nada se le puede hacer.

No sé si fue una buena sesión de lectura del maestro Lovecraft o si fue el baño con agua fría que me di o lo que me dijo un amigo sobre lo que yo representaba para él; lo cierto es que yo me levanto no importando la fuerza o la cantidad de golpes. Sí, a veces me derroto y me rindo, lo hago, créanme, pero nunca me dura demasiado tiempo ese sentir.

En unas horas comenzaré a estudiar la maestría y, con esto, estaré dando un paso más en el cumplimiento de mis sueños. No hay porqué pensar que la vida se nos acaba. Gracias a Dios y como lo dijo mi amigo Ramiro, tengo trabajo, vivo solo, me alimento solo, soy independiente y soy actuario; tengo más de lo que podría pedirle al Señor y eso debe bastarme; aunque no me conformo y deseo ser más y mejor.

Ella me quiere y yo la quiero a ella, lamentablemente se enteró de mis sentimientos de mala manera y pues las cosas ya no funcionaron como se esperaba en algún momento. Estamos bien y no pasó nada. Justo terminé de platicar con ella y es obvio que el cariño que nos tenemos es más fuerte. No seremos pareja, pero no significa que no podamos seguir divirtiéndonos juntos y pasando buenos ratos.

 A mi amigo lo perdono, dice que yo le he hecho cosas peores y que ni sé cuáles son. Ni modo, creía que si eres amigo de una persona y esa persona te ofende, puede decírselo para arreglar las cosas. No es necesario guardar  resentimientos para después tener excusas cuando las necesites.

En fin, seguimos de pie como siempre. Seguimos luchando por los sueños. Seguimos siendo nosotros mismos aunque le duela a quien le duela. Seguimos peleando por cada centímetro de territorio que podamos ganar. Y seguimos obteniendo pequeñas victorias que, algún día, nos hagan ganar la guerra. 

El día en que dejé de confiar

¿Qué puedo decir? No soy una mala persona (a pesar de lo que muchos piensan por mi sóla apariencia), trato de llevarme bien con la mayoría de personas; hasta donde tengo entendido, enemigos no los tengo, tal vez un par de personas con las que he tenido riñas o diferencias pero que nunca llegan a más.

Por otro lado, soy una de las personas que creen que lo más importante en esta vida son los amigos. Por aquellas personas que se ganan ese “título” de mi parte, soy capaz de dar la vida, de levantarme a las 4 de la mañana para recogerlos si están muy borrachos, de abrazarlos durante toda la noche si están llorando o algo les ha pasado.

Nunca tuve suerte para las relaciones sentimentales, mucho menos éxito; dicen que soy enamoradizo, la verdad no es esa. Crecí escuchando, leyendo, observando historias de caballeros, de héroes que hacían todo por una damisela en peligro y, al final, después de mucha batalla, de muchas heridas, de mucha intriga, se quedaban con la princesa. De una época donde no tenías que esconder los sentimientos, podías decirlo tan simple como “me gustas” e, independientemente de si el sentimiento era mútuo, nadie te etiquetaba, si eras adulto, lo aceptabas, la dama no tenía porqué evitarte o buscar la manera de dañarte para que no siguieras acercándote; sólo te decía sí, no, tal vez, demuéstramelo. En esas historias existía el honor, el valor, el respeto y la caballerosidad; hoy, no existen.

¿Y qué pasa cuando se mezcla lo peor de los dos factores? La traición de un amigo y la decepción de una mujer. Pasa que que las dos lanzas te atraviesan, una justo al lado de la otra. De esas heridas que, por estar tan juntas, no se pueden cerrar.

He reprobado materias, me han puesto una buena madriza,  he perdido dinero, me he dejado de hablar con personas, he asistido a muchos funerales, etc. Pero anoche, me ha dolido más que nunca en mi corta vida. Lo sé, me falta mucho camino por recorrer, tal vez, en unos años ni siquiera recuerde este día, espero que así sea, pero es el momento justo cuando despierto y me pregunto si realmente pasó y, entonces, veo la lista de llamadas perdidas, los mensajes, hago memoria de una noche que parecía memorable y, entonces, recuerdo.

Recuerdas hacer lo posible para bailar más cerca de ella, de separarla de aquel tipo de seres que la han lastimado al punto de no creer más en la existencia de él hombre, quieres sentir sus brazos rozar los tuyos, te derrites cuando está bailando con alguien más y, discretamente, te ve a los ojos y te sonríe, te preguntas cómo harás para hacerle saber que no eres sólo su amigo, que deseas ser más que eso, que añoras demostrar que tú sí eres un hombre.

Después, la pierdes de vista. Extrañamente, tu mejor amigo tampoco esta en la periferia de tu visión nublada por humo de tabaco y seres humanos que brindan contigo cada vez que los miras a los ojos. Caminas, recibes los empujones y llegas a esa zona, vacía y libre donde todo se ve más claro. Ves a tu “hermano” tomándola de la cintura, acercándose a ella, suejetando sus manos y entrelazando sus dedos con los de ella.

En la época de la antigua Roma, pude haber desenvainado, retarlo en un duelo a muerte, tal vez darle muerte a los dos por la pena que empieza a invadir tu corazón. No, no es así, algún motivo debe haber. Me acerco y golpeo su espalda levamente para que se dé cuenta que estoy ahí, observando la escena. Mi amigo voltea, me ve a los ojos y no expresa nada, se voltea mejor a continuar con lo que estaba haciendo. Soy demasiado noble para creer lo que acaba de pasar y demasiado temeroso de ver qué pasaría después, cuando sus rostros se acercaran demasiado, es hora de retirarme.

(De igual manera, no puedo culparla si nunca le dije cuanto la quiero. Tal vez lo hice, a lo mejor pensó que se lo decía como amigo, no lo sé. No quería que pensara que mis atenciones con ella sólo eran buscando algún beneficio. Precisamente, quería demostrarle que los hombres existimos pero nunca nos voltean a ver )

No me queda ya nada en ese lugar, adonde volteo no veo una cara consoladora, un hombro para apoyarme o una mano extendida. Decido hacer lo que el cobarde, tomo mi chamarra, salgo de ahí, me pierdo en el frío obscuro y solitario de la noche, mi verdadera amante, no recuerdo cómo es que he arribado a mi habitación, no por una ingesta de alcohol, sino por el dolor y las lágrimas que llenaron mis ojos hasta que, en algún momento ya en mi cama, concilié el sueño.

Despierto, llamadas perdidas de ella, mensajes de algunos amigos que se preocuparon de mi desaparición. ¿Amigos? ¿Cómo saber quiénes son esos?, si eran lo más importante que tenía y ahora ya no sabes si los quieres ver. Si quieres, debes, confiar en alguien de esa manera otra vez.