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Una cerveza de nombre derrota

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8) Propongo una marca de cerveza: Derrota. Sin duda sería una cerveza de gran éxito. Apta para toda ocasión, los profesionales la consumirían a pasto. ¿Quién no sería sincero ordenando una Derrota, de preferencia a voz en cuello, que se escuche por todo lo largo y ancho del lugar: “Una Derrota para mí, por favor”, o “Una Derrota para todos, ¿quiere?”. Sería una cerveza ideal para consumir al momento de ver el fútbol, o, en fin, cualquier acontecimiento deportivo. También se podrían refrigerar unas cuantas para beber durante las elecciones, o cuando se espera que por fin la mujer haga acto de presencia. Una Derrota combinaría asimismo con todo: con tequila, con whisky, con vodka, y habría que ver la cara del bebedor. Conforme el trago fuera haciendo lo suyo, con más alegría y sinceridad exigiría su Derrota. “Yo bebo eso porque soy de a de veras”, diría, ante el pasmo general.

9) También habría de existir la Hora de la Desdicha. Porque la Hora Feliz es menos que nada, un puente entre la mediocridad y la estulticia. Los briagos acuden felices a que les saturen de hielo un vaso, y que apenas les viertan unas cuantas gotas de ron con refresco a lo bestia. Y se sienten inmensamente complacidos.

– Eusebio Ruvalcaba

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Been there, read that (LXXXVIII)

Mujeres

Aut. Charles Bukowski

Anagrama

MujeresUno más del buen Buko para la colección. Siguiendo la serie, pasamos por la patética y perdedora infancia y juventud de Hank en La Senda del Perdedor; después, vimos lo que sería el inicio de un mundo laboral nefasto en Factotum; la tercera parte, Cartero, nos mandaría a una etapa de varias décadas de rutina insoportable en la oficina postal; finalmente, en Mujeres, el inicio y final de la etapa misógina del personaje.

Hank se ha despedido del mundo laboral formal, es un escritor reconocido y aclamado en el mundo literario underground. De este modo, Chinaski vive de los viáticos y la paga que le dan por leer sus poemas en público. Las lecturas lo llevan desde paisajes universitarios, hasta bares de mala muerte donde se toca rock y dentro de esta existencia de viajes, lecturas, borracheras y pleitos con el público, el protagonista lleva un conteo del aparentemente interminable desfile de mujeres que entran y salen de su vida tal y como lo hacen las latas de cerveza.

Lo cierto, es que habrá un momento donde tendremos que regresar las páginas para recordar el nombre de alguna de las muchas féminas, o incluso para corroborar si de la que se habla actualmente ya formó parte de una lectura temprana. Las hay de todo tipo aunque, generalmente, no podremos bajarlas de locas o zafadas.

En efecto, cualquier hombre que haya sufrido de las vicisitudes de una relación tormentosa, se sentirá identificado con las correrías de Hank y sus damas. Y cualquier mujer que lea la novela, también tendrá mucho que entender de la forma en que unos con otras se relacionan.

A final de cuentas, veremos como un hombre que no ha encontrado un aprecio verdadero hacia el sexo opuesto fuera de la necesidad biológica de la reproducción, termina transformándose y, de cierta forma derrotándose, ante el amor de una sola mujer entre las decenas que llegan a pasar por su vida. Habrá por ahí quien diga que todo terminará en una historia de amor adornada por el drama de las extras. Habrá quien vea otras cosas totalmente diferentes.

Bukowski en contra y a favor de la mariguana

pasemos a otro aspecto de este asunto: me fastidiaría que me enchironaran por uso y/o posesión de yerba. sería como acusarte de violación por husmear unas bragas en tendedero ajeno. la yerba, sencillamente, no vale tanto. gran parte del efecto lo causa un estado premental de fe en que uno va a subir. si pudiese introducirse un material con el mismo olor pero sin droga, la mayoría de los usuarios sentirían los mismos efectos: “¡esto sí que pega, tío!”.

yo, por mi parte, puedo sacar más de un par de buenas latas de cerveza. no le doy a la yerba, no por la ley, sino porque me aburre y me hace muy poco efecto. pero aceptaré que los efectos del alcohol y la mary son distintos. es posible pirarse con yerba y apenas darse cuenta; con el trago, sabes muy bien, en dónde estás. yo , soy de la vieja escuela: me gusta saber dónde estoy. pero si otro hombre quiere yerba o ácido o aguja, no tengo nada que objetar. es su camino y cualquier camino mejor para él, es mejor para mí.

ya hay suficientes comentaristas sociales de baja potencia cerebral. ¿por qué habría de añadir yo mi bufido de alta potencia? todos hemos oído a esas viejas que dicen: ¡oh, me parece sencillamente ESPANTOSO lo que hacen esos jóvenes consigo mismos, toda esa droga y esas cosa! ¡es terrible!”. y luego miras a la vieja: sin ojos, sin dientes, sin cerebro, sin alma, sin culo, sin boca, sin color, sin flujo, sin humor, nada, sólo un palo, y te preguntas qué le habrán dado a ELLA su té y pastas y su iglesia y su casa en la esquina. y los viejos a veces se ponen muy violentos con lo que hacen algunos jóvenes: “¡he trabajado como un ANIMAL toda mi vida, demonios!” (piensan que es una virtud, y sólo demuestra que el hombre es un imbécil rematado). “¡ésos lo quieren todo sin ESFUERZO! ¡se tumban a destrozarse el organismo con las drogas, dispuestos a darse la gran vida!”

y entonces tú le miras:

amén.

únicamente tienen envidia. a él le han engañado. le han jodido sus mejores años. también a él le gustaría echar una cana al aire. si pudiese. pero ya no puede. así que ahora quiere que los demás sufran como él.

y en líneas generales, ése es el asunto. los fumetas arman demasiado alboroto con su jodida yerba y el público lo arma por el hecho de que ellos utilizan su jodida yerba.

– Fragmento de El gran juego de la yerba, relato incluido en La máquina de follar por Charles Bukowski