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Archive for 22 marzo 2016

Been there, read that (CXLVI)

Uno soñaba que era rey

Aut. Enrique Serna

phpThumb_generated_thumbnailCada vez me es más difícil mantener actualizado mi blog y, lo que es peor aún, mantener satisfecha mi hambre de buenas obras escritas. Pasé de un cómodo índice de lectura de libro por semana a una incómoda situación en la que leo un promedio de 120 páginas por semana sobre teoría de gobierno, metodología  de investigación, y democracia. No me quejo, leer no me deja de brindar una enorme satisfacción; sin embargo, los niveles de satisfacción no son los mismo cuando lo haces por deber y no por placer.

De entre todo, me doy mis tiempos. Así que debo ser más selectivo y me decido por aquellos temas que también aportan al entramado de mis estudios doctorales. Tal es el caso de Uno soñaba que era rey, una de las obras más reconocidas del buen Enrique Serna.

La novela es un retrato típico de la asociación político-cultural del Distrito Federal de la época de los 90’s: polaridad entre la alta sociedad y las colonias populares, contrastes entre lo que el discurso político del funcionario corrupto expresa y lo que realmente busca. Todo esto gira alrededor de una serie de personajes que calificaré como estereotipados a pesar de que las normas que los rodean no posean límites definidos.

El Tunas, es un muchacho que se la vive aspirando resistol 5000, su principal preocupación en la vida es que no le haya crecido aún el vello púbico que lo transportaría a la edad adulta. Se rodea de la Caguamita y demás muchachos vagos de la colonia, evita al hombre que corteja a su madre cuya existencia es amarga debido al abandono del padre hace muchos años. Tunas pronto se relacionará con el director de una estación de radio que busca adjudicarle un premio al heroísmo infantil a causa de la culpa que siente cuando su pequeño hijo, mientras jugaba “tiro al naco”, asesina al desaparecido padre del protagonista en plena vía pública.

Ese es el retrato de una realidad priísta que dista mucho de haber desaparecido y que incluso el día de hoy se siente fresca. La narrativa de Serna es,como siempre, audaz y satírica, pero para nada pedante o capaz de provocar hastío. Aguda y consistente, que te impulsa siempre a desear saber cuál es el desenlace de una historia que parece no tener fin.