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Archive for the ‘Citas’ Category

Feliz cumpleaños, héroe

LukeCagebitch

Hace unos días llegué a cumplir los 32 años de edad. No tengo mucho qué reflexionar. Ha sido un año de altas y bajas; tuve medio año lleno de dicha, y tuve otra mitad llena de soledad y melancolía, añoranzas que hasta el día de hoy no se cumplen (y no sé si se cumplirán). Un año es demasiado tiempo. Demasiadas personas fueron y vinieron, demasiados logros (que yo no los considero logros, sino obligaciones) acontecieron, y mucho crecimiento personal, eso sí.

Hoy, no me queda más que enfrentar un nuevo año lleno de expectativas e incertidumbre. Tanto cambió en los últimos doce meses, no tengo ni idea de todo lo que cambiará en los siguientes.

Sigo trabajando en ser un mejor hombre que un día deje de sentirse indigno de la felicidad que siempre ha buscado. Aunque me inclino hacia el lado de la villanía, lo cierto es que nunca he dejado de desear ser un verdadero héroe que inspire confianza, amor, esperanza y respeto a los que me rodean. Comparto el monólogo final del padre de Luke Cage en los últimos minutos de la segunda temporada:

Your strength is from God, Carl. I have no doubt in my mind about it. But with that kind of power, comes a share of pain. I know that. Science, magic, God… the power flows from within. From inside. What comes out when the pressure is hideous… that’s the real magic. That’s what defines being a man. Thats’s what defines being a hero.

(Tu fortaleza viene de Dios, Carl. No tengo la menor duda. Pero ese tipo de poder viene con su parte de dolor. Lo sé. Ciencia, magia, Dios… Ese poder fluye desde el interior. Desde adentro. Lo que sale cuando esa presión es muy fuerte… esa es la magia real. Eso define ser un hombre. Eso define ser un héroe.)

Hay quienes huyen de las sirenas, y hay quienes corremos hacia ellas

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Su lucha

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Viernes, 16 de octubre de 1924

[…]

Cuando le entregué las hojas, las leyó en voz alta y corrigió algunos detalles. Se le notaba satisfecho. Al devolvérmelas, me miró y me dijo:

—Con esto haremos historia.

Sacó del armario una botella de whisky. Que había motivos para festejar me lo demostraba el permiso que se daba el abstemio. ¿Le habían confirmado la fecha de su liberación? Sirvió dos vasos y exclamó a viva voz:

—Por mi lucha, Rudi… ¡Por mi lucha!

Lo miré desconcertado. ¿Era eso lo que tenía para decirme? ¿A cuento de qué venía el brindis? Entonces se dilucidó el misterio: habían definido el título del libro. La sugerencia había sido de Amann. ¡Cómo no se le había ocurrido antes! Todo este tiempo lo había tenido en la punta de la lengua; cuánto más conciso que el anterior, cuánto más afín con el espíritu de la obra: Mi lucha. ¡Es excelente!

Sábado, 17 de octubre de 1924

De noche

Así que Mi lucha

Un buen título para este diario sería: Su lucha. Diario de Landsberg.

– Rudolph Hess, en sus diarios.

La naturaleza del sacrificio

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Comparto este extracto de un documental, Religion of Sports, que en el capítulo dedicado a la peleadora de artes marciales mixtas, Cat Zingano, nos da la clave para entender la naturaleza de hacer sacrificios…

The nature of sacrifice is universal. We surrender something, something precious. Valuable. We do it, and we hope, or, in some cases, we pray that our situation change. We make a deal with the future. Today will be darker so tomorrow might be brighter.

We don’t make sacrifices when times are good. Most of the time, we can accept that the future is anoble. But in those times when we are desperate to control things that are fundamentally uncontrollable, that’s when we offer out what matters to us most.

Truth? Sacrifices regularly go unanswered. No matter how much is given the answer is often silence.

If sacrifices don’t bring us what we want, why we keep making them? Maybe the answer is inside the word itself. “Sacrifice” comes from two latin words, sacrum facere which means “to make holy”. What is offered up in sacrifice, even if unanswered, is not lost, it’s made holy. Even though we cannot change future with our sacrifices, we always change ourselves.

(La naturaleza del sacrificio es universal. Entregamos algo, algo preciado. Valioso. Lo hacemos, y esperamos o, a veces, rezamos por que la situación cambie. Hacemos un trato con el futuro: El día de hoy será más oscuro para que el de mañana pueda ser más brillante. No hacemos sacrificios en las buenas épocas. La mayoría del tiempo, podemos aceptar que el futuro es inescrutable. Pero en esos momentos cuando estamos desesperados por controlar cosas incontrolables, entonces ofrecemos lo que más nos importa. ¿La verdad? Los sacrificios regularmente no son contestados. No importa cuánto se dé, muchas veces la respuesta es silencio. Si los sacrificios no nos dan lo que queremos, ¿por qué seguimos haciéndolos? Quizás la respuesta está en la palabra misma. “Sacrificio” viene de dos palabras en latín, sacrum facere, que significan “hacer santo”. Lo que se ofrece como sacrificio, aunque no sea respondido, no se pierde, se santifica. Aunque no podamos cambiar el futuro con nuestros sacrificios, siempre nos cambiamos a nosotros mismos.)

La niña se llamaba Julia

Rescato este fragmento para recordar lo cruel de la naturaleza humana, ¿a cuántos fieles cuadrúpedos hemos abandonado a su suerte que, en el mejor de los casos terminan en un albergue para ser adoptados; en el peor, atropellados, asesinados o sirviendo a los propósitos de humanos aún más crueles que los utilizan para pelear?

[…]

El labrador movió la cabeza fatigada.

—Yo me llamo Tomás —sonreía con tristeza—. Es un nombre ridículo para un perro, ya lo sé. Pero me lo puso una niña. Una pequeña humana… Recuerdo su olor tibio.

Suspiró hondo y se quedó mirando el vacío.

—Siete meses justos —murmuró tras un instante—. De cachorrillo de Navidad a estorbo para las vacaciones de verano.

—Todo un clásico —apunté.

—Cuando duermo, todavía sueño con el coche ganando velocidad mientras yo corro detrás y ellos se alejan.

—Qué vieja historia —dije, amargo—. y qué poco original.

—Sí. Durante semanas vagué por esa carretera, esperando verlos regresar.

—Claro.

Pero no regresaron.

—Por supuesto que no.

Nunca lo hacen.

Cambiamos una mirada triste. Al cabo, el labrador se volvió hacia el bodeguero.

—Morir no es tan grave, Cuco… Incluso alivia.

—Pues muérete tú, joder.

—Tranquilízate —el labrador le dio un par de lametones amables—. No vas a sobrevivir a la Barranca, así que lo mejor es que acabes rápido, como te dijimos antes. Te lanzas a las fauces del otro y acabas en un pispás.

—Con dos cojones —comenté.

—Para ti es fácil decirlo —me dijo el bodeguero, rencoroso—. Con tu estatura y tus mandíbulas. Cabrón.

—Mejor eso —dijo el labrador— que tardar un largo rato en acabar, para diversión de los humanos y adiestramiento del que te liquida… Seguro que aquí, el compañero, también está de acuerdo en eso.

—Por completo —dije.

—Callaos, maldita sea —el bodeguero se acurrucó en un rincón y se cubrió la cabeza con las patas—. Dejadme en paz.

Entonces se abrió la puerta del cobertizo. Dos humanos venían a por el labrador. Éste nos miró por última vez, alzó una pata y dejó una pequeña meada en un rincón de la jaula. Olfateé con facilidad lo que decía: “Tomás estuvo aquí”. Al acabar irguió la cabeza y se pasó la lengua por el hocico, las patas y los genitales, aseándose un poco.

—La niña se llamaba Julia —dijo.

Después se dejó llevar con un trotecillo corto y digno.

Epílogo del labrador (habla de nuevo el Negro para sí mismo):

Manteniéndome sujeto por el collar a una correa, me arrastraron a un coso circular de unas veinte patas de diámetro —la pata perruna, como saben, equivale a unos treinta centímetros— de suelo cubierto de arena: una arena removida de pisadas, que casi había absorbido, en grandes manchas pardo rojizas, la sangre vertida en ella un rato antes. Y más allá del coso, entre las piernas de los humanos, alcancé a distinguir el cuerpo inerte y ensangrentado del labrador. 

Fragmentos de un amor (por momentos) desesperado

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Rescato un par de fragmentos que no puedo dejar pasar de las cartas que Jaime le escribió a Chepita. La distancia hace de las suyas, y aunque hay amores correspondidos, el tiempo provee de la materia prima esencial de la desesperación que se enmarca en una pasión desbordada. Cuántos de estos sentimientos se me han acumulado en las últimas semanas; qué hermoso es sentirse como se sintió Sabines.

Cuando no afligen ni la distancia ni el amor:

Ahora te deseo y te quiero, pero no me aflige ni la distancia, ni el amor. Pasarán estos meses y estarás de nuevo a mi lado; pasarán todas las ausencias que nos esperen en la vida, y siempre estarás a mi lado, no podremos dejar de estar juntos; yo bebiendo de ti todo el amor que necesito, y tú encontrando en mí todas las fuerzas que te faltan. Somos necesarios uno al otro; eso es todo. Ambos nos damos vida; y fuera de los dos toda intención se frustra. Debemos aceptarlo así y alegrarnos de ello. Yo, de veras, me alegro. Me alegro de ti y de quererte.

Es posible que te haya hecho daño muchas veces. Es posible que aún te haga más mal. Pero quiero pedirte que todo lo perdones. Yo siempre he querido estar seguro de que me quieres como soy, y entonces me he propuesto ser como soy. Nada me ha detenido. Nada podría tampoco hacerme falso, distinto. Muchas veces me he puesto a pensar en aquello de Neruda: “amor que quiere libertarse para volver a amar”. A mí me ha pasado muchas veces, siempre me pasa. Quiero quererte libremente, yo mismo. Todo lo que trata de detener mi amor, de hacerlo otro, de encerrarlo, ya sea una fórmula social, una caricia cerrada, o una costumbre, todo eso me mortifica y me hace huir. Pero tú sabes ya la clave del regreso: tu humildad, tu fe. Tú misma. No lo olvides. Sabes bien que mientras tú seas tú yo seré tuyo. Que giro alrededor de ti, que sólo en ti he encontrado paz y alegría. Y que muchas veces me voy, sólo porque quiero volver.

– 14 de julio de 1949

Querer de verdad, significa querer en libertad:

En realidad, tú no has sido nunca enteramente tú cuando estás conmigo. Algo te inhibe, te ata, te mutila. Ni siquiera en lo que dices hablas con entera libertad. A veces he pensado que me temes (una crítica, una censura, como si estuvieras delante de un maestro). Algo hay de ello. Temor en el fondo no es más que orgullo -el orgullo de no enseñar nuestra ignorancia. Pero hay también un no sentirse enteramente a gusto, es decir, un no entregarse totalmente. Temor, falta de confianza. Confiar quiere decir creer. Querer debe ser creer (creer que el que queremos no nos hará daño. Más concreto: que si yo te censuro no hay en mi censura ni doblez ni engaño, sino amor. Amar a una persona es corregirla, hacerla buena). Todo esto viene en ti desde pequeña. Nunca has sido libre; libre de ánimo, libre de voluntad, no de acción (la libertad de acción no la tienen el 90% de las mujeres… es toda la sociedad, la moralidad actual). Sin embargo, yo sé que de un tiempo a esta parte te aproximas a ti misma, a tu libertad. Y yo te quiero así: mía, pero tuya al mismo tiempo. Es cosa que has de alcanzar definitivamente. Yo recuerdo algunos momentos en que lo has alcanzado conmigo.

– 16 de noviembre de 1949

Finalmente, cuando ya no se puede soportar la ausencia:

¡Cómo me haces falta, cómo te quiero, cómo me estoy muriendo por ti, cómo me estás matando, amor, dulce mía! Jamás nadie se ha muerto tantas veces así. Te quiero con todas las partes de mi cuerpo, te quiero espantosamente, desoladamente, insoportablemente. Ya no puedo más. ¡Cómo es posible vivir sin ti! ¡De qué modo me eres necesaria, ineludible! Cadena de mi corazón, filtro mío, vida mía, te quiero, te quiero, oye que no puedo estar sin ti, te lo voy a decir por primera vez, que la vida me quite todo pero que me quedes tú, que pierda yo un brazo, las piernas, que yo quede ciego pero contigo, que yo me haga un miserable, un imbécil, un triste, pero contigo, amor, contigo. No puedo respirar, tú eres el aire, el agua, el pan, todo lo que vive; perdóname porque te quiero así, perdóname porque este amor me mata, porque este amor te matará diariamente a mi lado, perdóname porque estarás conmigo todos los días de mi vida, porque no te dejaré nunca, porque seré tu castigo y tu culpa, porque nos vamos a morir juntos. […] mira cómo me espanto de este amor, de este hierro al rojo sobre mi carne, porque tú eres mi marca y yo soy tu marca, ya te lo dije, clausuraste mi corazón, lo encadenaste, es tuyo.

¡Con qué locura te amo! ¡Qué atrocidad la de los días lejos! Enciérrate, amor, cuídate, cuídame tu cuerpo, guárdame tu boca, tu corazón, no salgas, que no te mire nadie, entrégame al regreso lo que dejé, intacto, sin sol siquiera, encerrado, de mis manos a mis manos. Yo ya no puedo más.

– 11 de mayo de 1950

¿Cuántos meses más?

El dolor que provoca el ser amado

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Rescato esta pieza de diálogo de la segunda temporada de Daredevil, capítulo 11. El Punisher bebe una taza de té en un pequeño restaurante mientras conversa con Karen Page. Tras insinuar que reconoce que ella ama a Matt Murdock, ella se coloca a la defensiva, alegando que no quiere tener cerca a Matt puesto que es una persona que finalmente la lastima, la destruye y pisotea a través de sus acciones. Acto seguido, Punisher le recrimina lo estúpido que puede ser alejarse de las personas a las que amamos por el simple hecho del daño que nos hacen:

Look, I might generally be considered out of my skull, so this might not mean much, but this could be the craziest, most batshit thing I’ve ever heard in my life. People that can hurt you, the ones that can really hurt you, are the ones that are close enough to do it. People that get inside you and… and… and tear you apart, and make you feel like you’re never gonna recover. 

Shit. I’d– 

I– I would chop my arm off right here, in this restaurant, just to feel that one more time for my wife. My old lady, she didn’t just break my heart. She… She’d rip it out, she’d tear it apart, she’d step on that shit, feed it to a dog. I mean, she was ruthless. She brought the pain. But she’ll never hurt me again. You see, I’ll never feel that. You sit here and you’re all confused about this thing, but you have it. You have everything. So, hold on to it. Use two hands and never let go.

You got it?

(Mira, tal vez me consideren un lunático, así que esto puede no significar mucho, pero lo que dices es un delirio absoluto. Las personas que pueden lastimarnos de verdad, son las que tienen la intimidad para hacerlo. Personas que entran en nosotros, nos destrozan y nos hacen sentir que nunca vamos a recuperarnos. Mierda. Me cortaría el brazo ahora mismo, en este restaurante, para poder sentir eso una vez más por mi esposa. Mi mujer no sólo me partía el corazón. Lo arrancaba, lo destrozaba, lo pisoteaba y se lo daba de comer a un perro. Era despiadada. Causaba mucho dolor. Pero no volverá a herirme nunca más. Nunca volveré a sentir eso. Tú estás aquí sentada y confundida por las acciones del tipo, pero lo tienes. Tienes todo. Así que no lo pierdas. Usa las dos manos y no lo sueltes nunca, ¿entendido?)

Una cerveza de nombre derrota

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[…]

8) Propongo una marca de cerveza: Derrota. Sin duda sería una cerveza de gran éxito. Apta para toda ocasión, los profesionales la consumirían a pasto. ¿Quién no sería sincero ordenando una Derrota, de preferencia a voz en cuello, que se escuche por todo lo largo y ancho del lugar: “Una Derrota para mí, por favor”, o “Una Derrota para todos, ¿quiere?”. Sería una cerveza ideal para consumir al momento de ver el fútbol, o, en fin, cualquier acontecimiento deportivo. También se podrían refrigerar unas cuantas para beber durante las elecciones, o cuando se espera que por fin la mujer haga acto de presencia. Una Derrota combinaría asimismo con todo: con tequila, con whisky, con vodka, y habría que ver la cara del bebedor. Conforme el trago fuera haciendo lo suyo, con más alegría y sinceridad exigiría su Derrota. “Yo bebo eso porque soy de a de veras”, diría, ante el pasmo general.

9) También habría de existir la Hora de la Desdicha. Porque la Hora Feliz es menos que nada, un puente entre la mediocridad y la estulticia. Los briagos acuden felices a que les saturen de hielo un vaso, y que apenas les viertan unas cuantas gotas de ron con refresco a lo bestia. Y se sienten inmensamente complacidos.

– Eusebio Ruvalcaba

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