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Posts Tagged ‘Europa’

Been there, read that (CXXXVI)

Himmler según la correspondencia con su esposa (1927-1945)

Aut. Katrin Himmler, Michael Wildt

[…]

Los ancestros y sobre todo el valiente pueblo alemán nos protegerán y no dejarán que nos hundamos.

Os mando, a ti, mi querida mami, y a ti, mi querida Muñequita, muchos abrazos y besitos.

Heil Hitler! Con amor,

Vuestro papi

La-ultima-carta-de-Heinrich-Himmler--Heil-Hitler-Con-amor--vuestro-papiFueron éstas, las última palabras que Heinrich dirigió a su esposa y a su hija, un 17 de abril de 1945, cuando el final de la guerra se avistaba. Después de esta despedida, en la que era claro que la victoria final de Alemania sólo sería factible en las manos de Dios, Himmler trataría de negociar con los aliados por cuenta propia para después fracasar, ser capturado y, finalmente, tragar una píldora de cianuro que daría fin a su existencia durante su estancia en la cárcel.

La historia de Himmler a través de cartas, es todo menos previsible. Es fácil imaginar textos llenos de odio y palabras que profetizasen el exterminio que se cerniría sobre el pueblo judío a partir de 1939; sin embargo, lo que encontramos son misivas llenas de cariño hacia los seres queridos del jefe supremo de las temibles SS. Utilizo la palabra cariño porque amor no es el adjetivo con el que podrían describirse, de alguna manera se siente la ausencia del sentimiento.

No era para menos, las cartas comienzan apenas un par de días desde que Marga y Heinrich se conocen en una estación del tren en 1929 y no paran hasta abril de 1945, mes en el que la victoria aliada ya era una realidad. Siempre preguntando por su hija, siempre enviando regalos (libros, álbumes, chocolates), observamos a un Himmler que se deshace en tratos especiales para su esposa y que no deja de escribirle aún en los días más ajetreados. Es curioso ver qué tan detallista puede ser el monstruo que todos imaginan como líder y administrador de los terribles campos de concentración. Tal parece que supo encontrar la perfecta división entre familia y trabajo.

Debo admitir que por aquello que menciono en el párrafo anterior, la lectura de las cartas puede llegar a ser tediosa cuando no se mencionan detalles importantes de la guerra y toda comunicación se reduce a la cuestión de qué regalos dar en navidad o cómo se podría resolver algún problema con respecto a las gallinas de la granja; no por esto, deja de ser un título que complementa el conocimiento biográfico del personaje que nos proporciona un punto de vista distinto: el del hombre de familia que se toma su tiempo aún en la tormenta para llenar de besos y cariños escritos a su familia.

Been there, read that (XCIII)

Tengo quince años y no quiero morir

Aut. Christine Arnothy

Tengo quince años y no quiero morir

El enfoque más común que se le da a las aproximaciones del sufrimiento que acarreó la Segunda Guerra Mundial, es el de los sobrevivientes que narran los horrores del conflicto y la nula humanidad que mostraban los bandos contendientes. Sin duda, el Diario de Anna Frank es una de las obras más representativas de esos enfoques y nos muestra ese lado muy alejado de lo genial que se ven las explosiones y los actos heroicos en las películas. Y estoy seguro que como Diario, hay grandes obras que no son tan reconocidas, o por lo menos no de este lado del charco. Tal es el caso de Tengo quince años y no quiero morir.

Esta narración perteneciente a una pequeña habitante de Budapest, nos cuenta las atrocidades que vivió en dos etapas: La primera, correspondiente a los días que pasó en compañía de varios vecinos en un enorme sótano, de la precariedad de su situación, del convivió entre personas de la más diversa índole, de la heroicidad de un soldado húngaro llamado Pista que nunca dejó de procurarles todo lo posible a los refugiados. La segunda parte, nos narra la desesperación que conlleva el vivir en un país ocupado y la necesidad de escapar a través de la frontera y cómo la infancia perdida se diluye cada vez más mientras la protagonista es forzada a abandonar todo aquello que le brindó la más mínima seguridad personal.

Desde el mal trato de algunos soldados nazis y los atropellos del ejército ruso, hasta la traición para con los animales atrapados en medio del conflicto, la obra de Christine es sumamente triste. Cada vez que pareciera que las cosas parecen tomar un cause pacífico, habrá un evento o serie de eventos que propiciarán un estado peor al anterior. A pesar de que sabemos que la pequeña sobrevivió, el final no es para nada feliz y, por el contrario, deja un sentimiento amargo y de desesperanza.

Esta obra es obligatoria para quienes gustan de este tipo de narraciones. Es triste, pero real. Es cruda y, en ciertos puntos, terrible; pero bellamente narrada.

Reconciliación con Hitler

milan-kundera

No hace mucho me sorprendí a mí mismo con una sensación increíble: estaba hojeando un libro sobre Hitler y al ver algunas de las fotografías me emocioné: me habían recordado el tiempo de mi infancia; la viví durante la guerra; algunos de mis parientes murieron en los campos de concentración de Hitler; pero ¿qué era su muerte en comparación con el hecho de que las fotografías de Hitler me habían recordado un tiempo pasado de mi vida, un tiempo que no volverá?

Esta reconciliación con Hitler demuestra la profunda perversión moral que va unida a un mundo basado esencialmente en la inexistencia del retorno, porque en ese mundo todo esta perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido.

– Milan Kundera en La insoportable levedad del ser.

Higiene. Conducta. Método

Baudelarie, retrato por Courbet

Me juro a mí mismo seguir desde hoy las siguientes reglas como reglas eternas de mi vida:

     Hacer todas las mañanas mi oración a Dios, provisión de toda fuerza y de toda bondad justicia, a mi padre, a Mariette, y a Poe, como intercesores; rogarles que me transmitan la fuerza necesaria para acometer todos mis deberes, y que otorguen a mi madre una vida suficientemente larga para que disfrute de mi transformación; trabajar todo el día o, al menos, tanto como mis fuerzas me lo permitan; confiar en Dios, es decir, en la Justicia, para lograr el éxito de mis proyectos; hacer todas las noches una nueva oración para pedir a Dios vida y fuerza para mi madre y para mí; todo lo que gane, dividirlo en cuatro partes, una para la vida diaria, una para mis acreedores, una para mis amigos, y una para mi madre; obedecer a los principios de la más estricta sobriedad, y el primero es la supresión de todos los excitantes, cualesquiera que sean.

– Charles Baudelaire en sus Dibujos y fragmentos póstumos.

Revisionismo historiográfico

En 1986 surgió una disputa entre historiadores nacida de un discurso publicado por Ernst Nolte. En el discurso, se atribuía a las acciones nazis un carácter de reacción ante los procedimientos rusos en los Gulags. De esta manera, la obra de exterminio llevada a cabo en los campos de concentración, respondía al temor que los mismos alemanes tenían de una acción del mismo tipo llevada contra ellos tarde o temprano. Me sirvo de ofrecerles un pequeño fragmento del discurso que generó la polémica mencionada:

Una carencia notoria en la bibliografía sobre el nacionalsocialismo es que no registra, o se niega a registrar, la medida en que, cuanto hicieron posteriormente los nacionalsocialistas, con la sola excepción del procedimiento técnico del gaseado, ya había sido descrito en la abundante bibliografía que se produjo a principios de los años veinte… ¿No habrán cometido los nacionalsocialistas -no habrá cometido Hitler- un acto “asiático” tan sólo porque se veían a ellos mismos y a sus semejantes como víctimas de un acto “asiático”?

– Ernst Nolte, en el Frankfurter Allgemeine Zeitung del 6 de junio de 1986

Nota: Con bibliografía producida a principios de los años veinte, Nolte se refiere a los campos de trabajos forzados rusos en los que morían todo tipo de opositores políticos al régimen de Lenin y Stalin.

Been there, read that (LIII)

Crítica de la Inteligencia Alemana

Aut. Hugo Ball

Prólogo de Herman Hesse

Hegel, Lutero y Bismarck; héroes alemanes, respetados, admirados y aclamados por una nación que se ha visto a sí misma como el génesis del necesario cambio moral y religioso que a la desgastada Europa le hace falta. Héroes que no son más que detractores de la causa universal de todos los pueblos pertenecientes al viejo continente: La emancipación de la clase obrera y una verdadera libertad de creencias.

Son las ideas anteriores, la columna vertebral del panfleto escrito por Hugo Ball previo a y durante la Primera Guerra Mundial. Y es que dentro de Crítica, encontraremos, al mismo tiempo, un profundo análisis y un gran compendio de citas, ideas y reflexiones en torno a la formación del pensamiento de la Nueva Alemania, la Alemania de la Primer Gran Guerra y, posterioremente, de la Segunda. Afortunadamente (a lo mejor desgraciadamente), Ball no llegó a ser testigo del pensamiento alemán unos años después de su muerte en 1927; definitivamente hubiese tenido que replantear sus teorías de una conspiración judío-alemana en contra de la moral universal.

Precisamente, el magnífico ensayo que el autor pone en nuestras manos dirige sus embates en contra de tres puntos básicos: religión, clases sociales y moralidad. La primera amenazada por la aparición de un protestantismo que lejos de liberar al ser humano, lo esclaviza a un pensamiento egoísta de abandono de las mejores cualidades del cristianismo y apoyo de aquellas que, en cierto modo, no son para nada correctas; el segundo punto básico lo aborda desde una dialéctica que busca la liberación de las ataduras monárquicas que han sido sustituidas por ataduras hacia una nobleza basada en los antiguos regímenes prusianos; por último, la moralidad que se abandona cuando uno de los fundadores del pensamiento comunista (Ferdinand Lassalle) brinda su apoyo a un Otto von Bismarck que se encarga de despreciar todo principio moral para instaurar una mentalidad bélica alimentada por la filosofía Hegeliana.

Por supuesto, haber leído tales conclusiones en los años de publicación y haberlos leído 80 años más tarde supone la aplicación de utilizar los cristales adecuados y, de este modo, entender la urgencia y necesidad de su publicación antes y ahora. En efecto, muchas predicciones fueron cumplidas y muchas otras resultan absurdas cuando observamos los hechos acaecidos y que para nosotros no dejan de ser pretérito.

La influencia de una Revolución Francesa parece no haber sido suficiente cuando en lugar de provocar un cambio de pensamiento conservador en uno liberal, provocó que, por el contrario, se obtuviera una polarización entre la población alemana y la del resto de países europeos. Encontramos también argumentos básicos para entender el repudio “natural” que Alemania profesa hacia Francia y para entender también esa necesidad del país teutón por imponer creencias y estatutos que consideraba necesarios para los demás incluso por la fuerza.

Sin duda, Crítica de la Inteligencia Alemana es una lectura obligada para todo aquel amante de la filosofía o del conocimiento de ideologías y prácticas previas a los acontecimientos que cambiaron más tarde el futuro del planeta en un período de 40 años. Es una lectura para nada ligera, cargada de referencias y citas de obras clásicas de la época. Muchas veces existe la necesidad de releer algunas páginas para encontrar los significados y sentidos que el autor trata de darnos a entender.

Finalmente, es una obra fascinante.

Compendio de citas: La socialdemocracia alemana

A punto de concluir una obra que analiza las vertientes del pensamiento alemán hasta justo antes de la Primer Guerra Mundial, les presento un segundo compilado de citas. Pronunciadas en un período de pre-fundación del Partido Socialdemócrata Alemán (que básicamente encontró en Ferdinand Lassalle y Karl Marx a sus padres), nos topamos con una dialéctica encaminada a la destrucción de una “moralidad” cristiana imperante en Alemania.

A pesar de todo, entre los mismos personajes citados, existían grandes divergencias como el apoyo incondicional que Ferdinand profesaba hacia Otto Von Bismarck y que provocó su distanciamiento del propio Marx, que buscaba fines diferentes.

No sé, a pesar de que tengo una mentalidad revolucionaria-democrática-republicana, siento que en el lugar del conde Lavagna (de Schiller) actuaría igual que él y no me conformaría con ser el primer ciudadano de Genova, sino que extendería mi mano hacia la diadema. De esto se desprende, si es que veo bien la cuestión, que soy un egoísta. Si hubiera nacido príncipe, sería un aristócrata de cuerpo y alma.

– Ferdinand Lassalle

Los judíos se han mantenido hasta hoy en su individualidad religiosa. Su principio, su Dios, es el principio práctico del mundo, el egoísmo, tratándose en este caso del egoísmo en forma de religión. El egoísmo es el dios que no desbarata los planes de sus seguidores. El egoísmo es primordialmente monoteísta, porque sólo tiene un único propósito, el de sí mismo. El egoísmo reúne y concentra a los hombres a su alrededor, pero los limita teóricamente, porque les enfrenta a todo lo que no se encuentra directamente relacionado con el bienestar propio.

– Ludwig Feuerbach en Naturaleza del Cristianismo (1841)

El protestantismo ha convertido a Dios en hombre: Cristo, el hombre, es el Dios del protestantismo.

– Tomás Masaryk en Zur kritik der hegelschen rechtsphilosophie

(El reconocimiento de los derechos universales del hombre no es más que el) Reconocimiento del individuo egoísta burgués y del movimiento desenfrenado de los elementos espirituales y materiales. Los derechos humanos no liberan al hombre de la religión, sino que sólo le proporcionan una libertad de religión; no le liberan de la propiedad, sino que le agudizan la libertad de la propiedad; no le liberan de la suciedad de la ganancia, sino que más bien le conceden la libertad de ganancia. El reconocimiento de los derechos humanos por parte del Estado moderno no tiene otro sentido mas que el reconocimiento de la esclavitud por parte del antiguo estado.

– Franz Erdmann Mehring en Historia de la socialdemocracia alemana

No deseaba nada con mayor anhelo que apartarme de la política. Estoy cansado y harto de la política. Desde luego sería tan apasionado como siempre si ocurrieran serios acontecimientos o si tuviera el poder o viera un medio de conquistarlo, un medio de tal naturaleza que me lo proporcionara; porque sin el mayor poder, no se puede hacer nada.

– Ferdinand Lassalle