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Archive for 30 enero 2014

Been there, read that (XCVIII)

Elogio del demonio

Aut. Eusebio Ruvalcaba

Elogio del Demonio¿Es la música una inspiración divina? De acuerdo a Ruvalcaba, hay ocasiones en las que no queda duda; como cuando escuchas a Bach y no te queda más remedio que arrodillarte y saber ‘esto es Dios’. Sin embargo, así como existe una dualidad entre la luz y la sombra, se puede dar el caso en que la inspiración no sea tan divina y provenga del otro lado. Tal es el caso del Trino del Diablo, sonata de Giuseppe Tartini, o los ensayos de los Caprichos al lado del mismísimo Satán que la gente aseguraba haber visto por parte de Paganini.

Elogio del diablo, es una recopilación de textos que nos narran escenas cotidianas (y otras no tan cotidianas) en las vidas de grandes compositores y músicos de la historia. Escenas memorables, algunas otras detestables; Beethoven, Brahms, Vivaldi, Wagner, entre otros, forman parte de este homenaje a la música clásica y a quienes formaron parte de ella a través del tiempo.

Es un libro ameno, lleno de historias cortas que mantienen interés pues no dejaremos de esperar a que nuestro héroe musical personal haga su aparición ( en mi caso particular, Wagner) para saber qué fue lo que se escribió sobre él. Es una obra que los amantes del género clásico no podrán pasar de largo, las únicas personas a las que no se la recomendaría son aquella que dicen que Justin Bieber es mejor que Beethoven, que a este último sólo lo conocen en su casa. Bah!

Lo relativo del tiempo (en una relación)

“¿Y cuánto llevabas con él/ella?” es la pregunta básica que hacen los amigos y conocidos a las personas que se encuentran en el proceso de luto que genera una ruptura sentimental con la pareja. Pareciese que es el tiempo el encargado de decirnos si algo valía la pena o si vale la pena soltar lágrimas por otra persona que ahora ya no está. “Si ni llevaban tanto”, “¿tan poquito y estás así?”, “ni que hubieran andado 5 años como para que te pongas así”, son frases comunes que tal vez tengan la buena intención de animar, aunque en casos muy particulares son más irritantes que cualquier otra cosa.

No, señores, el amor que hay hacia una persona no se mide en términos de tiempo, de hecho, el amor no se mide o no se debería medir de ninguna manera. ¿Cuál es la necesidad o la necedad de saber algo que sólo las personas involucradas en la relación deberían saber?

Para amar no se requieren años, aunque ciertamente  hacerlo en menos de un día podría parecer una locura. Lo cierto, es que no existen reglas y una persona puede caer enamorada en el momento en que escucha por primera vez la voz de la otra. No se trata del tiempo que se trataron, se trata de los momentos, se trata de esos pequeños detalles que los demás pasan de largo y que nunca verían: ordenar la comida sin los mismos condimentos o complementos que uno también evita; entender las mismas bromas o relacionar ciertas escenas con programas de televisión que uno creía ser el único en ver cuando era niño; tener ideologías contrarias pero que increíblemente no suenan a las estupideces que escuchamos en otros lados.

A veces, es simplemente esa pequeña chispa, una tenue luz que irradia la persona que tenemos en frente. Es verla y escucharla hablar y reír, incluso llorar o insultar, y de alguna manera preguntarte ¿dónde habías estado? Basta, muchas veces, ver la forma en que te miran, darte cuenta del brillo especial en los ojos cuando entras al mismo cuarto que esa persona e, incluso, la forma en cómo te juzgan de una manera más dura que a los demás.

No, no es necesario estar con una persona x meses para poder decirle ‘te amo’, tampoco es necesario haberle salvado la vida de un autobús descontrolado o recibir una bala en el pecho protegiéndola para que ella te lo diga a ti. Hay casos en que un segundo basta, un primer beso, la primera vez que se entrelazan los dedos de la mano, un beso con la canción favorita de fondo, etcétera, etcétera, etcétera.

Es darte cuenta de que tienes una carpeta en el escritorio de tu computadora con todas las imágenes que has guardado y que la harían sonreír, un documento con los chistes que quieres contarle en la próxima ocasión. Es tener una carta lista para el día en que se la puedas entregar o hacer regalos del día del padre esperando a que él regrese por fin y esté contigo y tu bebé. Es realizar todas tus actividades esperando un mensaje o una llamada; es querer ser mejor estudiante o levantar más peso en el gimnasio para poder contárselo. Es esperar a esa persona, aguantar todo lo que se puede y más.

Hay ocasiones en que, simplemente, nace el decir ‘te amo’. ¿Y el tiempo? ese está de más.

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Querer bonito

Le conté cómo pasé la mayor parte de mi infancia mirando una y otra vez las mismas películas de Pedro Infante a la hora de la comida. Mi abuela, con quien solía comer antes de que mis padres pasaran por mí después del trabajo, tenía una videocasetera “Beta” y mi tía le grabó un par de películas. Cada día de la semana veía una cinta diferente hasta que se acababan y se volvía a repetir la serie una y otra vez. A toda máquina, Qué te ha dado esa mujer y El inocente, acompañaron a mis alimentos una vez cada dos semanas durante lo que fueron seis años de primaria; en secundaria comencé a regresar solo a mi casa.

—Y es por eso que sabes querer bonito —dijo ella mientras se acomodaba en la cama y se envolvía en la colcha, el frío era intenso y aún dentro del departamento se podía sentir la gélida mordida del invierno que se acercaba.

—Así es, —le respondí— y es así como te quiero querer, bonito.

—Pero yo no me merezco algo así —bajó la mirada y giró un poco sobre su espalda para no mirarme al rostro. Yo me encontraba a un par de metros de distancia de ella, en el escritorio, localizando en la computadora la música que la pusiera de humor y me permitiera después deslizarme junto a ella, entre las sábanas, y así poder besarla, apretarla contra de mí y aspirar el aroma a madera que inundaba su castaña cabellera. Amaba su cabello y el olor que desprendía.

—¿Y por qué no habrías de merecerlo? —le contesté. Me irritaba que ella creyera, o se hiciera creer a sí misma, que todo aquello que yo estaba dispuesto a hacer por ella y por nuestro titubeante amor, no era algo que ella mereciera o que debiera aceptar pues no sabría cómo corresponderlo.

—No lo sé, sólo no me quieras así, no estoy lista y todavía tengo cosas en la cabeza que no me permiten estar contigo al cien —guardó silencio un instante—, ya ven, estoy esperando a que me abraces desde que entré por esa puerta.

Bajé la pantalla de la computadora, apagué las luces. Me metí dentro de las cobijas, mi brazo rodeó su cintura y la atraje hacia mí.

—No importa cuánto tenga que esperar, aquí estaré —La besé—.

I hold on

And when the darkness turns a day
I won’t let you drift away
Conscience fades and some let go
But I hang on cause I know

Been there, read that (XCVII)

A Song of Ice and Fire, Book One: A Game of Thrones

Aut. George R. R. Martin

A Game of ThronesPrimera reseña del año, reseña que no es tan necesaria debido a la fama de esta serie de libros que comencé a leer en diciembre del año pasado. El chiste, es que no suelo ver películas basadas en libros que me interesan y cuando veo una película sin antes leer el libro, decido ya no leerlo pues la imaginación se estropea y te haces a la imagen que te presentan en la pantalla. Éste es uno de esos casos excepcionales en el que aún después de haber recibido la visión de otra persona, he decidido adentrarme en el universo que se crea en la lectura original.

Precisamente, como fan de la serie, hice todo lo posible para deshacerme de las imágenes de los personajes que vi en la tele. Ha sido difícil, sobre todo por la diferencia de edades que hay entre los actores que interpretan a los personajes y la edad que el autor marca a esos mismos personajes. Más que nada, te das cuenta de la diferencia que hay en ciertas escenas cuando visualizas a un hombre de treinta y tantos años cometiendo cierto acto y luego, libro en mano, lo imaginas pero con su edad real de la historia, ¡12 años! Definitivamente, todo cambia de acuerdo al cristal con que se mira.

Entre otras cosas, es agradable descubrir ciertas partes que toman un cariz diferente cuando se explican detalles que en una serie no se muestran. Eso sí, debo alabar el trabajo de quienes adaptaron el libro pues, por lo menos entre este tomo y la primera temporada, no se omite absolutamente nada. Lo que sí, es que el enfoque bélico es más reducido de lo que se trata en el libro y hay algunos detalles (muertes de personajes terciarios y secundarios) que se modificaron para realzar el drama en ciertas escenas.

Fuera de eso, Game of Thrones se centra en Eddard, Bran, Jon, Arya y Catelyn por parte de la familia Stark, y en Tyrion y Daenerys por aparte. Precisamente desde el nombramiento de Ed como Mano del Rey, hasta su ejecución y el nacimiento de los dragones de Daenerys.

Sumamente entretenido, vale la pena centrarse en el libro para comprender las dimensiones de ciertas acciones que en la serie se minimizan y que brindan un trasfondo muy importante a la historia. Uno nunca hubiera imaginado una pelea entre Ed y 7 de sus mejores guerreros en contra de tres de los Kingsguard originales, créanme. No puedo esperar a continuar con esta canción de fuego y de hielo.

Atualización (10 de enero): Olvídenlo, la serie no le llega a los talones al libro.

Otro año, otro dólar

Si bien detesto el mar de “propósitos” que acarrean éstas fechas, me gusta siempre ponerme a reflexionar sobre los planes y objetivos, cumplidos o fracasados, que nos deja el fin del período. Haciendo un balance general, 2013 me dejó un muy buen sabor de boca, definitivamente fueron más los éxitos y las alegrías que los desaires y las tristezas. Grosso modo, terminé un año que comencé relativamente mal (gracias a las rupturas y decepciones amorosas) de una forma espléndida: El trabajo que esperaba tener en 2 o 3 años, cero deudas en la tarjeta de crédito, capacidades físicas y atléticas totalmente mejoradas gracias a las artes marciales mixtas, un total de 31 libros leídos (que superan la meta de los 24 que me impongo cada año) y del amor no puedo quejarme, la verdad.

Por tanto, los objetivos de este año (porque no son propósitos que quedarán sin cumplir) serán los siguientes:

  • Mantener la meta anual de leer, al menos, 24 libros.
  • Cortar peso a 90 kg. y mantenerme ahí el resto del tiempo.
  • Aprender a bailar salsa y cumbia.
  • Ahorrar lo suficiente para llevar a cabo el proyecto “Babieca” a mediados de diciembre (más información, pronto).
  • Tramitar mi ingreso al doctorado.
  • Terminar de escribir mi primera novela.
  • Reducir mis malos hábitos: egoísmo, menosprecio de las personas, frialdad con quienes me quieren.

Y listo, dentro de un año veremos los resultados.

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