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Archive for 17 febrero 2014

Been there, read that (XCIX)

Max

Aut. Sarah Cohen-Scali

maxLebensborn es el nombre del programa nazi a través del cuál se buscaba crear hijos perfectos de Alemania. Al igual que antiguas civilizaciones guerreras desechaban a aquellos recién nacidos que presentaban defectos, los nazis emprendieron la tarea de seleccionar a los mejores ejemplares de la raza aria a través de nacimientos controlados y estrictos métodos de medición, pesaje y educación. Desde niños educados bajo la doctrina del Mein Kampf y el odio en contra de la inferioridad de otras razas, los nacidos bajo el programa pronto se convirtieron en soldados perfectos, fanáticos y jurados a dar su vida por Hitler.

Max, el protagonista, es el producto por excelencia de Lebensborn, el primer nacido bajo la dirección del programa en la misma fecha en que Hitler cumpliría años y bautizado por el Führer en persona. Bajo tales antecedentes, deberemos comprender a Max pues, lejos de ser adorable e ingenuo en su infancia, resulta ser todo un desalmado a la hora de referirse a las demás personas e incluso comparar a su propia madre con una prostituta.

Precisamente, se requiere de paciencia para comprender que Max jamás ha tenido ni tendrá una figura de ejemplo y vivirá siempre como un elemento más de la maquinaria de guerra nazi. Sus expectativas y teorías sólo se verán modificadas tras la aparición de Lukas, un joven polaco que, siendo judío, logra pasar las rigurosas selecciones nazis para formar parte de la germanización. Pudiendo pasar por el hermano mayor de Max, Lukas se encargará de convertirse en una figura de influencia para el protagonista que lo hará cuestionar sus propias creencias e ideas sobre el mundo.

Acercándose el final de la guerra, un encuentro con los soldados rusos acabará con la muerte de uno de los dos “hermanos” lo que llevará al otro por un camino de vagancia hasta el día en que conocerá a los soldados americanos y, con ellos, la oportunidad de testificar contra los horrores del régimen nacional socialista.

Max es una historia que conmueve y que mueve la lupa del campo de batalla hacia el interior de una institución alemana que buscaba crear soldados perfectos sin conciencia ni libre albedrío de sus acciones. Sencilla pero intensa y cruel a momentos, vale la pena para los amantes del género de la Segunda Guerra Mundial.

No es rechazar el 14 de febrero

Yo también considero que el 14 de febrero resulta toda una fecha comercial y materialista. Sin embargo, hay quienes dentro de lo comercial, todavía encuentran un buen significado en la fecha y suelen celebrarlo de manera adecuada. En lo personal, acostumbro no esperar a un día en específico para hacer hacer regalos y detalles; por el contrario, soy del tipo que enamora (o trató de hacerlo) todos los días, llevando un chocolate o una bebida, escribiendo una nota, regalando un fragmento de poema, entre muchas otras cosas. Ciertamente, el 14 de febrero representa entonces la oportunidad o el pretexto de hacer, tal vez, un detalle más grande que el que acostumbras todos los demás días. Pienso que sólo así se puede tener un buen significado de la fecha.

Cuando las cosas no funcionan y uno se enfrenta a las fechas estando solo, generalmente lo hace con una actitud negativa y destructiva hacia quienes lo toman como algo mmm “lindo”. No creo que sea recomendable detestar el día o a la fecha en específico pues, bajo la misma lupa del párrafo anterior, sólo es un día donde pudiste haber dado sólo un poco más de lo que estabas acostumbrado. Por tanto, no se trata de rechazar al 14 de febrero, se trata más bien de rechazar un día como cualquiera en el que no estás con esa persona que deseas tanto estar y, para esto, deberías prácticamente detestar nuestra diaria existencia.

Entonces ¿cuál es la solución? Confío en que la solución no está en arruinarle el día a los demás ni de tachar a quienes lo celebran como víctimas de una fiebre festiva, la solución está en saber cuál es el motivo que nos provoca este rechazo y este sentimiento hacia aquellos que parecen más afortunados que nosotros. De cualquier manera, el mundo no tiene la culpa de nuestros errores o de las situaciones que nos llevaron a estar como estamos.

Se vale estar triste e incluso enojado, se vale mientras uno mira el osote de peluche, la blusa, el libro, el poema, el cuento y la carta que pudieron ser y que no serán; lo que no se vale es arremeter contra los demás cuando disfrutan de algo, sea de buena o mala manera. Después de todo, el día siguiente seguirás estando solo y no es necesario que los corazones que adornan las calles te lo recuerden. El subconsciente puede más que todas las fiestas comerciales del mundo y sabrás que sea la fecha que sea, ella no está aquí, junto a ti.

Categorías:Críticas

And she’s buying a stairway to heaven

Sólo puedo decir que comprendo las lágrimas de Robert y Jimmy al escuchar este cover tan maravilloso de su obra. Las lágrimas también me invaden cuando pienso que no volverá a haber música tan perfecta como la que bandas como Led Zeppelin hicieron en su momento.

Prosa de un sábado por la noche sin chelas ni UFC

Ni cine, ni chelas, ni UFC, ni nada. Vaya al carajo el mundo y los motivos por los que prefiero dormir todo el tiempo.

Y estúpidas mujeres que lo tienen todo, todo lo que te hace vibrar. Y estúpido uno que no sabe qué hacer para tener su atención. Que busca lo que le hace falta y nada más no encuentra nada.

Y estúpidos son sus ojos y el aroma de su cabello y su letra y sus manos y su forma de caminar y sus besos y su porte y sus pensamientos y su forma de mirarte y su risa y su sentido del humor y todos sus etcéteras y todo lo que no viene a la mente de inmediato… todo estúpido, y hermoso.

Y mejor seguir durmiendo, porque sólo en sueños vale la pena ser el caballero. Porque en los sueños, la nobleza y el honor no son cualidades que se desprecien. Porque en sueños se puede usar armadura y espada para matar a los dragones con los que ella carga en su espalda.

Y porque en sueños todavía puedo besarla y apretar su cuerpo contra el mío mientras Pink Floyd, Kiss, Rolling Stones y Stone Sour, tocan nuestras canciones, una tras de otra, sin cesar. Y el mundo que nos rodea, deja de importar.

Pero los sueños no son más que eso, sueños. La realidad es otra y no queda más que aceptarla y enfrentarla como tal. ¡Maldita suerte sea la mía! un domingo por la madrugada, sin chelas, sin cine, sin amigos y sin UFC.

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Las opiniones externas

El problema de pedir una opinión externa a un conflicto, nace en la falta de información que el externo posee. Sí, podemos llenarle la cabeza de información y aún así faltarán piezas que nosotros mismos omitimos por conveniencia o porque simplemente no deseamos que se sepan ciertos detalles.

El externo procederá entonces a realizar un juicio que, por lo regular, tendrá una inclinación positiva hacia la persona que pide la opinión. Es raro encontrar casos en los que el externo sea conocedor de ambas partes y decida mantenerse neutral.

Una vez recibida la opinión, generalmente sesgada, el solicitante decide hacer suya la opinión o a rechazarla, con la consecuente aceptación momentánea para no herir la susceptibilidad del opinante y el posterior rechazo bajo los argumentos del poco conocimiento por parte del emisor o la falta de información otorgada por el receptor; lo último, el rechazo, se lleva a cabo dentro del interior de la psique de quien originalmente pidió la opinión.

Por último, pasamos a la etapa del arrepentimiento, de haber hecho parte a otra persona de nuestros problemas, de ser transparentes y provocar una situación en la que el externo llegue a detestar a la parte con la que tenemos el conflicto.

¿Y qué son los consejos? No son más que raciocinios externos nacidos de la información que atrevemos a contar y que, vamos, nunca está completa. Por eso, terminamos haciendo siempre lo que nos da la gana, porque sabemos en el fondo cuáles son los errores que no contamos y cuáles son los aciertos de la otra parte que tampoco narramos.