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Archive for 31 enero 2013

Cayuela viruliento

De esos días en que despiertas, abres tu correo electrónico personal y encuentras una notificación de twitter cuyo subject es “¡Ricardo Cayuela (@RicardoCayuela) te ha enviado un mensaje directo en Twitter!‏”. Lo abres y te encuentras con esto:

Cayuela Viruliento

 

Me parece que mi estimado Ricardo trae un virus en su cuenta.

Higiene. Conducta. Método

Baudelarie, retrato por Courbet

Me juro a mí mismo seguir desde hoy las siguientes reglas como reglas eternas de mi vida:

     Hacer todas las mañanas mi oración a Dios, provisión de toda fuerza y de toda bondad justicia, a mi padre, a Mariette, y a Poe, como intercesores; rogarles que me transmitan la fuerza necesaria para acometer todos mis deberes, y que otorguen a mi madre una vida suficientemente larga para que disfrute de mi transformación; trabajar todo el día o, al menos, tanto como mis fuerzas me lo permitan; confiar en Dios, es decir, en la Justicia, para lograr el éxito de mis proyectos; hacer todas las noches una nueva oración para pedir a Dios vida y fuerza para mi madre y para mí; todo lo que gane, dividirlo en cuatro partes, una para la vida diaria, una para mis acreedores, una para mis amigos, y una para mi madre; obedecer a los principios de la más estricta sobriedad, y el primero es la supresión de todos los excitantes, cualesquiera que sean.

– Charles Baudelaire en sus Dibujos y fragmentos póstumos.

Been there, read that (LXXII)

Las mentiras de la luz

Aut. Juan Hernández Luna

Las mentiras de la luzComo no pude con la sed de obras que el autor me provocó con Yodo, tan pronto terminé el libro anterior, me apresuré a devorar Las mentiras de la luz. Qué grata experiencia ha sido, lo es más cuando llegas a identificarte tanto con una novela, tal como lo hice aquí.

Hernández Luna, nos brinda la historia de este escritor (o por lo menos dice serlo) que se le va la vida en estar pensando cómo escribir su novela, la que cambiará el rumbo de la literatura, la que lo lanzará a la fama y que lo convertirá en personaje de culto. Frente a una hoja en blanco que nunca llega a llenar, su tiempo se consumirá en tres actividades: fumar, beber y soñar

Mientras tanto, el protagonista desarrollará una personalidad ausente, que no se preocupa ni siquiera por su propia salud. Indiferente, se  topará con una mujer que lo apoyará y lo tratará de sacar adelante en una imprenta heredada por su padre; y se topará con otra mujer que, en una distracción, dejará un manuscrito en manos del hombre y que podría convertirse en la novela que ansía escribir.

Con el manuscrito en mano y no sabiendo nada de la mujer que lo ha extraviado, nuestro personaje emprenderá una travesía buscando encontrar a la autora; durante el viaje, el hombre quedará ciego y tendrá que arreglárselas para moverse por ciudades desconocidas sin el apoyo de sus propios ojos. Finalmente, decidirá publicar a su nombre, no sin antes tomar una decisión sobre su situación y la mujer a la que consigue encontrar justo cuando la fama lo ha llevado a los encabezados de las secciones culturales de los periódicos.

Las mentiras es una obra entretenida, amena y sencilla que nos muestra una historia agradable y que nos llena de empatía a quienes hemos llegado a creer en la necesidad de escribir una obra que algún día sea primero publicada y después alabada por la crítica. Nuevamente hablamos de una narrativa que mantiene los ojos pegados al libro y que no lleva más de un par de horas en ser leída. Otro obligado si tienen la oportunidad de hallarlo en algún lado o si gustan de una narración muy al estilo del Chinaski de Bukowski.

La novela que deseo escribir

Juan Hernández Luna

A veces pienso que uno nunca escribe las novelas que desea, y que además cada historia no nos pertenece en el sentido estricto, son invenciones, relatos apropiados de nuestros amigos o canibalismo de historias leídas. Y en todo caso, para qué escribir absurdos de la vida, en ves de dedicar el esfuerzo a buscar la cura del cáncer, a descifrar un enigma, a mejorar una semilla, a descubrir un nuevo material o una pócima contra la mala suerte.

– Juan Hernández Luna en Las mentiras de la luz

Been there, read that (LXXI)

Yodo

Aut. Juan Hernández Luna

YodoCuando tuve por primera vez Yodo en mis manos, fue gracias a mi profesora del curso de novela al que comenzaba a asistir hace algunos meses. En esos entonces, nos lo llevó como una muestra de la forma en que se plantea un escenario para abrir una historia. Recuerdo que la narrativa me hizo imaginarme que el personaje era un perro, aunque después descubriéramos que se trataba de una persona. Cuando se nos permitió darle una ojeada al libro, me quedé picado con un par de párrafos que leí rápidamente. El personaje asesinaba a decenas de perros y gatos de su barrio gracias al uso de gotas de cianuro en galletas que depositaría en puntos aleatorios de la calle.

En efecto, es algo que de inmediato provocó el deseo de adquirir mi propia copia. Lo triste fue darme cuenta de que prácticamente en ninguna librería se conservaba un ejemplar. Busqué mucho y pregunté en cada librería que llegaba a encontrar, no tuve suerte. Llegada la época decembrina, pasé por una librería que desconocía y me dijeron que podrían conseguírmelo por 250 pesos; accedí, pero en ese momento no llevaba tal cantidad conmigo y decidí pasar unos días más tarde a apartarlo. La otra copia que logré localizar, estaba en Europa y a través de Amazon, por más de 30 euros, podría conseguirlo.

Sucedió que un día cualquiera, a los compañeros de la oficina se les ocurrió comer en un lugar apartado del trabajo y los acompañé. Decidimos regresar caminando la larga distancia y pasamos junto a un puesto ambulante de libros que constaba de una mesa sobre la que se hallaba un botadero. <Los libros de esta mesa, 30 pesos.> Grata fue mi sorpresa cuando descubrí a Yodo, entre ese revoltijo, con todo y plástico, sellado.

En fin, Yodo ha resultado todo un deleite. Hernández Luna, nos lleva a un género de “terror urbano” (como se define el libro en la contraportada) y nos atrapa con la narración que un personaje sombrío hace de sus actos crudos y violentos sobre los que no llega, a veces, a tener control total. Vive sumergido en un mundo de excitación, sollozos y amnesia, provocado por sus actos, de los cuales conserva tétricos recuerdos en su habitación. Todo lo anterior mientras su madre desarrolla la carrera de bruja de la colonia en la que viven.

La narración es explícita, sexual, cruda, atrayente. Te motiva a leer de corrido y a no parar hasta terminar. En dados casos, un par de horas serán más que suficientes para llegar a la conclusión de la historia. Si alguien lo encuentra en algún momento, es una adquisición totalmente obligada.

Been there, read that (LXX)

Soldados del Tercer Reich

Aut. Sönke Neitzel/Harald Welzer

Soldados del Tercer ReichComenzamos las reseñas del año y, lamentablemente, las comenzamos mal. Tal vez he leído demasiado sobre la Segunda Guerra Mundial o simplemente me puse muy fresa o criticón con el libro del que platicamos este día, pero lo cierto es que comenzamos con el pie izquierdo cuando mis expectativas de la obra eran realmente altas. Soldados del Tercer Reich fue una gran decepción.

Pasemos primero al comentario: Este libro llama mucho la atención con la premisa de contener transcripciones de conversaciones de soldados alemanes en cautiverio durante la guerra. Uno se imagina muchas cosas y de inmediato se hace a la idea de querer saber qué era lo que conversaban los soldados que llegaban a las cárceles aliadas. Sin embargo, conforme avanzas con la lectura la ilusión se esfuma, conversaciones repetitivas, que no aportan ningún conocimiento nuevo. Son, prácticamente, fragmentos de diálogos de cualquier revista estilo Libro Vaquero.

Lo peor del caso, es que se muestra una parcialidad total pues todas las conversaciones que se incluyen muestran a soldados alemanes sádicos, hambrientos de destrucción y muerte. Se hace un “análisis” de las circunstancias de los soldados y porqué llegan a ser así. Sin embargo, es extraño que nunca hay conversaciones normales o que hablen de otros temas que no sea el de matar.

Otro punto negativo es la pésima traducción al castellano que con expresiones como “macho”, “cargar a tiros”, entre otras, le restan demasiada seriedad a la lectura y son, en suma, molestas.

Sin duda el propósito de los autores es el hacer un análisis sociológico del pensamiento del soldado alemán del período de guerra, lo malo es que no se siente como algo objetivo pues sólo se señalan conversaciones que ponen al soldado como un asesino cuando bien se ha visto que no todos eran tan inhumanos como se nos hace creer. No recomiendo el libro, es cansado, es pesado y no encontré en él un sólo aporte que valiera la pena comentar.