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Fragmentos de un amor (por momentos) desesperado

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Rescato un par de fragmentos que no puedo dejar pasar de las cartas que Jaime le escribió a Chepita. La distancia hace de las suyas, y aunque hay amores correspondidos, el tiempo provee de la materia prima esencial de la desesperación que se enmarca en una pasión desbordada. Cuántos de estos sentimientos se me han acumulado en las últimas semanas; qué hermoso es sentirse como se sintió Sabines.

Cuando no afligen ni la distancia ni el amor:

Ahora te deseo y te quiero, pero no me aflige ni la distancia, ni el amor. Pasarán estos meses y estarás de nuevo a mi lado; pasarán todas las ausencias que nos esperen en la vida, y siempre estarás a mi lado, no podremos dejar de estar juntos; yo bebiendo de ti todo el amor que necesito, y tú encontrando en mí todas las fuerzas que te faltan. Somos necesarios uno al otro; eso es todo. Ambos nos damos vida; y fuera de los dos toda intención se frustra. Debemos aceptarlo así y alegrarnos de ello. Yo, de veras, me alegro. Me alegro de ti y de quererte.

Es posible que te haya hecho daño muchas veces. Es posible que aún te haga más mal. Pero quiero pedirte que todo lo perdones. Yo siempre he querido estar seguro de que me quieres como soy, y entonces me he propuesto ser como soy. Nada me ha detenido. Nada podría tampoco hacerme falso, distinto. Muchas veces me he puesto a pensar en aquello de Neruda: “amor que quiere libertarse para volver a amar”. A mí me ha pasado muchas veces, siempre me pasa. Quiero quererte libremente, yo mismo. Todo lo que trata de detener mi amor, de hacerlo otro, de encerrarlo, ya sea una fórmula social, una caricia cerrada, o una costumbre, todo eso me mortifica y me hace huir. Pero tú sabes ya la clave del regreso: tu humildad, tu fe. Tú misma. No lo olvides. Sabes bien que mientras tú seas tú yo seré tuyo. Que giro alrededor de ti, que sólo en ti he encontrado paz y alegría. Y que muchas veces me voy, sólo porque quiero volver.

– 14 de julio de 1949

Querer de verdad, significa querer en libertad:

En realidad, tú no has sido nunca enteramente tú cuando estás conmigo. Algo te inhibe, te ata, te mutila. Ni siquiera en lo que dices hablas con entera libertad. A veces he pensado que me temes (una crítica, una censura, como si estuvieras delante de un maestro). Algo hay de ello. Temor en el fondo no es más que orgullo -el orgullo de no enseñar nuestra ignorancia. Pero hay también un no sentirse enteramente a gusto, es decir, un no entregarse totalmente. Temor, falta de confianza. Confiar quiere decir creer. Querer debe ser creer (creer que el que queremos no nos hará daño. Más concreto: que si yo te censuro no hay en mi censura ni doblez ni engaño, sino amor. Amar a una persona es corregirla, hacerla buena). Todo esto viene en ti desde pequeña. Nunca has sido libre; libre de ánimo, libre de voluntad, no de acción (la libertad de acción no la tienen el 90% de las mujeres… es toda la sociedad, la moralidad actual). Sin embargo, yo sé que de un tiempo a esta parte te aproximas a ti misma, a tu libertad. Y yo te quiero así: mía, pero tuya al mismo tiempo. Es cosa que has de alcanzar definitivamente. Yo recuerdo algunos momentos en que lo has alcanzado conmigo.

– 16 de noviembre de 1949

Finalmente, cuando ya no se puede soportar la ausencia:

¡Cómo me haces falta, cómo te quiero, cómo me estoy muriendo por ti, cómo me estás matando, amor, dulce mía! Jamás nadie se ha muerto tantas veces así. Te quiero con todas las partes de mi cuerpo, te quiero espantosamente, desoladamente, insoportablemente. Ya no puedo más. ¡Cómo es posible vivir sin ti! ¡De qué modo me eres necesaria, ineludible! Cadena de mi corazón, filtro mío, vida mía, te quiero, te quiero, oye que no puedo estar sin ti, te lo voy a decir por primera vez, que la vida me quite todo pero que me quedes tú, que pierda yo un brazo, las piernas, que yo quede ciego pero contigo, que yo me haga un miserable, un imbécil, un triste, pero contigo, amor, contigo. No puedo respirar, tú eres el aire, el agua, el pan, todo lo que vive; perdóname porque te quiero así, perdóname porque este amor me mata, porque este amor te matará diariamente a mi lado, perdóname porque estarás conmigo todos los días de mi vida, porque no te dejaré nunca, porque seré tu castigo y tu culpa, porque nos vamos a morir juntos. […] mira cómo me espanto de este amor, de este hierro al rojo sobre mi carne, porque tú eres mi marca y yo soy tu marca, ya te lo dije, clausuraste mi corazón, lo encadenaste, es tuyo.

¡Con qué locura te amo! ¡Qué atrocidad la de los días lejos! Enciérrate, amor, cuídate, cuídame tu cuerpo, guárdame tu boca, tu corazón, no salgas, que no te mire nadie, entrégame al regreso lo que dejé, intacto, sin sol siquiera, encerrado, de mis manos a mis manos. Yo ya no puedo más.

– 11 de mayo de 1950

¿Cuántos meses más?

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Been there, read that (CLIV)

Los amorosos, Cartas a Chepita

Aut. Jaime Sabines

image_1165_1_212052Algo que en verdad amo de los libros, es que pareciera que el libro correcto llega en la etapa de la vida en que más lo necesitas. A Los amorosos, lo encontré en un botadero que de vez en cuando ponen en las inmediaciones de la Facultad en la que trabajo. Llegó justo cuando, al igual que Sabines, escribo misivas interminables a la que considero el amor de mi vida.

Como el título del libro lo indica, la obra es un compilado de cartas que Jaime escribió a la mujer con la que contrajo matrimonio, Chepita. Las cartas son del período previo al compromiso, cuando el poeta se encontraba en sus estudios universitarios; entre 1947 y 1951.

No hay mucho que decir o criticar. Lo cierto es que el genio poético de Sabines está impregnado en cada carta; supongo que el hecho de estar enamorado, le dio al escritor las armas que de por sí le sobraban para escribir con rigor y hábito. Lo que sí es interesante, es lo expuesto que queda el autor en sus letras; podemos ver a un Jaime temeroso y desesperado. Reclama constantemente las respuestas que no siempre recibe por correo y busca de forma periódica que su novia haga su voluntad en cuanto al aspecto físico y hábitos alimenticios.

Por supuesto, resulta difícil establecer juicios adecuados cuando sólo se tienen las cartas de una de las partes. Comprender también la época en la que se escribe, junto con los usos y costumbres, es importante pues uno se puede decantar hacia la crítica de ciertos patrones que hoy se considerarían inadecuados.

Si hay algo que no me gusta del autor y que se observa en varios de los fragmentos. Es su capacidad de mostrarse interesado en otras mujeres y contárselo a su futura esposa. Llámenme anticuado o tonto, pero no se le puede escribir tanto y con tanto amor a alguien para después presumir que besaste a tal o cual que conociste en una fiesta. 

En fin, también asumo que todas las historias de amor deberían tener los mismos ideales románticos que vemos en las películas de adolescentes. No necesariamente estoy en lo correcto. Y por cierto, hay partes sumamente intensas que sólo quienes han amado hasta con los dientes, entenderán. En verdad, me he sentido identificado todo este tiempo con tales sentimientos intensos. Con un poco de suerte, algún día podré publicar todas esas cartas que le sigo escribiendo a mi amada; y todos sabrán que a mi esposa la amé tanto o un poco más de lo que Jaime amó a Chepita.

 

Been there, read that (CXLVIII)

Cartas de amor

Aut. Pablo Neruda

9788432212765Si hay algo a lo que no me puedo resistir, es a acercarme a un botadero de libros. Amo estos lugares porque tarde o temprano encuentras joyas a excelentes precios. En un botadero de libros encontré tres de Juan Hernández Luna, que oscilaban entre los 25 y 35 pesos por ejemplar (conseguir dos de ellos por Amazon, me hubiese costado lo mismo pero en euros), y que parecían imposibles de conseguir por medios convencionales. Fue así que me encontré con el ejemplar de Pablo Neruda que les vengo a ofrecer.

A pesar de mi aspecto rudo, jamás he dejado de ser un romántico, razón por la que gusto adquirir la más melosa poesía cuando la tengo a la mano. Mi condición de romántico me permite preferir el género epistolar como el de excelencia cuando escribo algo. Me encanta escribir cartas a las personas que más quiero, es cosa que probablemente haré toda mi vida. Siento que las cartas no sólo son las palabras que expresamos y dirigimos a la persona, son también una parte de nuestra esencia que se plasma en el papel; si son manuscritas, mejor.

El compendio de cartas de amor de Neruda, no sólo trata de los sentimientos de un hombre hacia una mujer, trata también de la historia que los envuelve, de las circunstancias. De este modo, la recopilación se divide en tres etapas: la del amor secreto I y II, y la del amor público, cuando las cortinas han caído y Neruda ha abandonado a su primera esposa por la que resultó ser su último amor.

Por momentos puede parecer cínico que incluso las amistades de ambos (Neruda y la que no es su esposa) solapen la relación y los ayuden a mantenerse en secreto contacto; sin embargo, creo que esas mismas amistades veían más allá y entendían que los sentimientos del autor trascendían a los de su primer matrimonio.

La edición es bellísima, incluye imágenes de cada una de las cartas originales junto a su versión con letra de imprenta. Es curioso observar algunas terribles faltas de ortografía que uno no se imagina que estos escritores podrían tener. Son tan naturales, tan reales, tan cargadas de amor y compromiso. Se disfrutan e incluyen algunos dibujitos realizados por el poeta, incluyen los apodos le da a su amada.

Es una obra perfecta para el romántico. Es una obra más perfecta para el romántico que le gusta escribir a la dueña de su corazón.

Been there, read that (CXXXVI)

Himmler según la correspondencia con su esposa (1927-1945)

Aut. Katrin Himmler, Michael Wildt

[…]

Los ancestros y sobre todo el valiente pueblo alemán nos protegerán y no dejarán que nos hundamos.

Os mando, a ti, mi querida mami, y a ti, mi querida Muñequita, muchos abrazos y besitos.

Heil Hitler! Con amor,

Vuestro papi

La-ultima-carta-de-Heinrich-Himmler--Heil-Hitler-Con-amor--vuestro-papiFueron éstas, las última palabras que Heinrich dirigió a su esposa y a su hija, un 17 de abril de 1945, cuando el final de la guerra se avistaba. Después de esta despedida, en la que era claro que la victoria final de Alemania sólo sería factible en las manos de Dios, Himmler trataría de negociar con los aliados por cuenta propia para después fracasar, ser capturado y, finalmente, tragar una píldora de cianuro que daría fin a su existencia durante su estancia en la cárcel.

La historia de Himmler a través de cartas, es todo menos previsible. Es fácil imaginar textos llenos de odio y palabras que profetizasen el exterminio que se cerniría sobre el pueblo judío a partir de 1939; sin embargo, lo que encontramos son misivas llenas de cariño hacia los seres queridos del jefe supremo de las temibles SS. Utilizo la palabra cariño porque amor no es el adjetivo con el que podrían describirse, de alguna manera se siente la ausencia del sentimiento.

No era para menos, las cartas comienzan apenas un par de días desde que Marga y Heinrich se conocen en una estación del tren en 1929 y no paran hasta abril de 1945, mes en el que la victoria aliada ya era una realidad. Siempre preguntando por su hija, siempre enviando regalos (libros, álbumes, chocolates), observamos a un Himmler que se deshace en tratos especiales para su esposa y que no deja de escribirle aún en los días más ajetreados. Es curioso ver qué tan detallista puede ser el monstruo que todos imaginan como líder y administrador de los terribles campos de concentración. Tal parece que supo encontrar la perfecta división entre familia y trabajo.

Debo admitir que por aquello que menciono en el párrafo anterior, la lectura de las cartas puede llegar a ser tediosa cuando no se mencionan detalles importantes de la guerra y toda comunicación se reduce a la cuestión de qué regalos dar en navidad o cómo se podría resolver algún problema con respecto a las gallinas de la granja; no por esto, deja de ser un título que complementa el conocimiento biográfico del personaje que nos proporciona un punto de vista distinto: el del hombre de familia que se toma su tiempo aún en la tormenta para llenar de besos y cariños escritos a su familia.

Fragmentos: ¿Por qué no me amas, Dulcinea?

[…] Pienso en mi similitud cada vez más fuerte con el Quijote. Ese viejo tonto que vivía en un mundo de fantasía, llevando a cabo afrentas en el nombre de una mujer que jamás lo consideró en su corazón, por lo menos no tanto como él a ella, Dulcinea. Pienso en cómo llegó el día en que ella le buscó pero él ya había recobrado la cordura y al ver a su amada en este nuevo estado de lucidez, la desconoció. Poco después la vida del ingenioso hidalgo llegó a su fin.

Me embarga una amargura intensa, pensar en el día en que mi locura por ti llegue a un término. Que cuando ese plazo se cumpla, nos habremos perdido para siempre, justo cuando tú te des cuenta de todo eso que no me he cansado de hacer en nombre de nuestro amor intermitente. Más amargo es el pensamiento en el que posiblemente nunca te des cuenta y que cuando una lágrima descienda sobre mi rostro al recordarte, tú ya tengas muchos años de haber olvidado hasta mi rostro.

¿Por qué no me amas, Dulcinea?

Fragmentos: Mi segundo primer día sin ti

[…]ahora sí sé que el tiempo se terminó, que no hay otro semestre, otra oportunidad. De acuerdo a los esbozos de planes realizados, el próximo semestre sólo tendrás que llevar una materia, tu tesis y nada más. Con un poco de suerte y de tu propia habilidad, te encontrarás haciendo el servicio social en una gran empresa; probablemente conozcas a más personas, alguno que tenga lo que a mí me hizo falta y que te hará reír.

Sigo sin entenderlo, probablemente siga el resto de mi vida sin entenderlo. ¿Cuándo terminaré de escribirte estas cartas? Tal vez el día en que sepa que te vi por última vez. Cuando vuelva a gritarte, sin que te des cuenta, que no te vayas de mi vida, mi amor.

Fragmentos: Un beso en la mejilla

12 agosto 2014 1 comentario

[…] te levantas y de forma inesperada te diriges hacia mí para despedirte: un sencillo y común beso en la mejilla; por lo menos, estoy seguro de que para ti es algo que ya no tiene importancia. Por el contrario, para mí, ese beso es algo más grande. Y es cierto, como en las películas, el tiempo se detiene y aspiro tu aroma, siento la piel delicada de tu rostro y cierro los ojos durante ese justo e insignificante instante. No te vayas, quédate un poco más así, a milímetros de mi rostro. Quédate, quédate, quédate.

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