Archive

Posts Tagged ‘Francia’

Been there, read that (CLII)

Era la Guerra de las Trincheras (1914 – 1918)

Aut. Jacques Tardi

guerra-trincheras1Editorial Sexto Piso definitivamente tiene las ediciones más bellas que he disfrutado de libros que combinan la ilustración y la narración. Cuando dicha combinación se enfoca en alguno de mis temas favoritos, el resultado es un servidor vomitando arcoiris.

Si bien el tema de la guerra en general es mi favorito, termino enfocándome en la lectura de la Segunda Mundial y de los diversos conflictos en torno al Imperio Romano. Poca atención he prestado al primer conflicto mundial que puso a un continente de cabeza, sentó las bases para la estructuración de código de derecho bélico internacional y mostró que el ser humano es una de las más terribles amenazas para el planeta en el que habita.

El francés Jacques Tardi mantiene una obsesión con el tema de la primera gran guerra gracias a la figura de su abuelo paterno, quien luchó en la guerra y sobrevivió a ella. Como el mismo autor lo afirma, no trató de brindarnos una serie de hechos que muchos historiadores ya han registrado, por el contrario, se encargó de registrar diversas historias que giran en torno a soldados que de una u otra manera lograron contar parte de su historia.

Tardi señala los horrores a los que estos hombres se enfrentaban a diario, a la manera en que los obligaron a hacer suyo un conflicto que nada tenía que ver con ellos. De cómo se vivía con miedo, entre ratas, lodo, sangre, cadáveres en descomposición y temor a la gangrena. De cómo aún el día en que por fin se acabo el conflicto, muchos siguieron muriendo mientras la noticia viajaba.

Personas que murieron por la artillería de su propio bando, de cómo se fusilaba a amigos y enemigos por igual, de las familias que jamás volverían a ver a sus hijos, padres y hermanos y de la sin razón que gobernaba esos campos de muerte, la tierra de nadie que se encontraba justo entre líneas alemanas y francesas.

Las ilustraciones son bellas en su crudeza, en la desolación y el sufrimiento que transmiten. Es una muestra más de la bestialidad con la que los seres humanos nos destruimos entre nosotros y una perspectiva distinta que muestra lo frágil de la constitución humana.

Recuerdo un videojuego en el que el protagonista despierta en el infierno. Ese infierno es descrito, precisamente, como la guerra de las trincheras; supongo que es lo más cerca que nos hemos encontrado del lugar del sufrimiento eterno.

La-guerra-de-las-trincheras-4-713x1024

Been there, read that (CXXV)

26 noviembre 2014 1 comentario

Las flores del mal

Aut. Charles Baudelaire

Las Flores del MalSi vas a leer clásicos, que sea de la mejor manera. En mi caso, la mejor manera es encontrar una de las obras cumbres de la poesía moderna en una edición antigua abandonada en un botadero de libros hallado en un bazar de antigüedades. Las hojas amarillentas, la alergia que me provoca el polvo acumulado, la cubierta maltratada, son características que permiten un gozo mayor de la obra.

No se puede decir mucho, Las flores del mal, la máxima obra del autor que incluso le provocó prohibiciones por faltas a la moral, es una delicia poética. Temas religiosos, de muerte, de amor y erotismo. Poemas dedicados a alguna amante que ya no está o que ha decidido perder el interés.

Todo crudo, atado a una realidad que se encuentra frente a nosotros y que no miramos. Prefiero no manchar la memoria de tan hermosas letras con las mías. Para entender este libro, basta reproducir el epígrafe que el mismo autor escribe:

Lector apasible y bucólico,
hombre de bien, ingenuo y sano,
tira este libro saturniano,
orgiástico y melancólico.

Si no hiciste tu retórica
con Satán, astuto decano,
¡tíralo! No comprenderás nada,
o me tomarás por un loco.

Mas si su hechizo no te inmuta,
y el abismo tu mente escruta,
léeme y aprenderás a amar, amigo;

alma curiosa que penando
buscas tu paraíso,
¡compadéceme o te maldigo!

Been there, read that (LXXX)

Un amor de Simone

Aut. Bárbara Jacobs

Un amor de SimoneRondaba los anaqueles de mi librería favorita cuando en la sección novedades me encontré con esta obra. Después de leer La mujer rota, no pude evitar sentirme atraído por el título (además de que su precio estaba realmente por debajo del promedio). Me llevé una grata sorpresa, pues me encontré con un texto ligero, ameno e interesante.

La obra de Bárbara es, ante todo, una conversación informal de ella consigo misma y con el lector. En esta plática, que podríamos conseguir entre intelectuales y personas con conocimientos básicos de la obra de De Beauvoir, nos centraremos en una Simone que pasa desapercibida tanto en el mundo literario como en el histórico: la Simone sensible y enamorada. Y este aspecto de la escritora es el que se revisa a través de la correspondencia que tuvo con su amante, el escritor norteamericano Nelson Algren.

Aclaro, no es un libro en el que encontraremos una serie de cartas pues ya existe ese compilado. Lo que encontraremos es un análisis que se hace a raíz del prólogo y comentarios que la albacea literaria de Simone hace previo al contenido de las cartas en el compilado original. La autora salta a la defensa de Algren y, al mismo tiempo, se encarga de colocar el reflector en el punto donde se debe apreciar a la escritora francesa cuando se busca una nueva y diferente perspectiva.

Sin duda, el libro resulta refrescante y toca un tema diferente. La lectura se hace rápida y en ocasiones se siente divertida por el tono que la autora toma para reclamar lo que considera injusto en el trato hacia una de las partes en esta relación de amor a distancia. Lo recomiendo totalmente. Eso sí, hay que conocer un poquitito de Simone, no demasiado pues la misma autora admite no haber leído más que un par de tomos.

Been there, read that (LXXVIII)

La mujer rota

Aut. Simone De Beauvoir

La Mujer RotaConsiderado como un regalo originalmente, me permití preguntar al futuro dueño si podría abrir el libro para leerlo rápidamente antes de entregarlo (pues no era un regalo sorpresa, ciertamente), tras recibir la respuesta afirmativa, me hundí en uno de los textos básicos de la compañera del buen Sartre. Justo cuando comenzaba, un buen amigo me advirtió “ten cuidado que podrías quedar atrapado en el feminismo de ese libro” y, aunque no quedé atrapado por feminismo alguno, sí quedé prendado de la temática y dolor al que Simone nos enfrenta.

La obra se compone de tres historias: La edad de la discreción, Monólogo y La mujer rota. La primera, habla de ese sentimiento que surge cuando una mujer empieza a perder la confianza en sí misma y cuando sus errores se vuelven estigmas que le impiden sacudir el polvo que se acumula sin que ella se dé cuenta cegada por su ego, de cómo piensa que su inteligencia, belleza y hasta su compañero la abandonan sin darse cuenta de que lo que falla es su percepción y no lo que tiene realmente a su alrededor. Monólogo, es precisamente el discurso de una mujer que se enfrenta a la soledad y a la necesidad que tiene de obtener la custodia de un hijo y después del propio marido a quien reprocha y al mismo tiempo añora. Finalmente, La mujer rota es la historia de otra mujer, que es traicionada por su esposo y al que le acepta sus infidelidades bajo la bandera de que tarde o temprano se cansará de las amantes y regresará con ella; creerá sus mentiras, tomará las sobras y no se rendirá, para finalmente saber que ha sacrificado sus propias oportunidades cuando hubo de tomarlas.

Las historias tienen algo en común: desesperación, crisis de la edad, inseguridad. Mujeres que han tenido sus errores y que no saben cómo enfrentarlos y que también reciben golpes que no merecen o que simplemente no esperan. Su necesidad de creer y sostenerse de causas e ideas perdidas. La esperanza que no se rompe a pesar de que no haya un sólo viento a su favor.

Debo admitirlo, bajo mi panorama actual (laboral, profesional, sentimental), me he sentido identificado en más de una ocasión con las protagonistas; hay conversaciones que llegan al alma, sobre todo cuando uno ha sufrido decepciones o traiciones de un ser amado. Sin duda, Simone ha logrado retratar el sentimiento de muchas mujeres en su época y de muchos lectores, hombres y mujeres, en la época actual. Finalmente, todos sufrimos por igual.

Sospechar todo es intolerable

Simone De Beauvoir

¡Ah!, mejor hubiera sido callarme. Pero nunca tuve nada oculto para Maurice; en fin, nada serio. No pude ocultar en mi corazón su mentira y mi desesperación. Golpeó la mesa: “¡Todos esos chismes!” Su rostro me impresionó. Le conocía ese rostro de cólera, me gusta; cuando a Maurice le piden un compromiso, su boca se crispa, su mirada se endurece. Pero esta vez yo era el objetivo, o casi. No, Noéllie no estaba en Roma con él. No, no se acostó con ella antes de agosto. La veía de vez en cuando, habían podido verlos juntos, no quería decir nada.

—Nadie los ha visto; pero te confiaste a Couturier que le contó todo a Luce.

—Dije que veía a Noéllie, no que me acostara con ella. Luce deformó todo. Llama a Couturier, enseguida, pregúntale la verdad.

—Bien sabes que es imposible.

Lloré. Me había prometido no llorar pero lloré. Dije:

—Mejor harías contándomelo todo. Si conociera verdaderamente la situación, podría tratar de encararla. Pero sospechar todo, no saber nada, es intolerable. Si te limitabas a ver a Noéllie, ¿por qué habérmelo ocultado?

—Bueno. Voy a decirte la completa verdad. Pero entonces créeme. Me acosté tres veces con Noéllie el año pasado y verdaderamente no contaba. No estuve en Roma con ella. ¿Me crees? 

No sé. ¡Me has mentido tanto!

Hizo un amplio gesto de desesperación:

¿Qué quieres que haga para convencerte?

 —No puedes hacer nada.

 

– Fragmento de La Mujer Rota, escrita por Simone De Beauvoir.

Higiene. Conducta. Método

Baudelarie, retrato por Courbet

Me juro a mí mismo seguir desde hoy las siguientes reglas como reglas eternas de mi vida:

     Hacer todas las mañanas mi oración a Dios, provisión de toda fuerza y de toda bondad justicia, a mi padre, a Mariette, y a Poe, como intercesores; rogarles que me transmitan la fuerza necesaria para acometer todos mis deberes, y que otorguen a mi madre una vida suficientemente larga para que disfrute de mi transformación; trabajar todo el día o, al menos, tanto como mis fuerzas me lo permitan; confiar en Dios, es decir, en la Justicia, para lograr el éxito de mis proyectos; hacer todas las noches una nueva oración para pedir a Dios vida y fuerza para mi madre y para mí; todo lo que gane, dividirlo en cuatro partes, una para la vida diaria, una para mis acreedores, una para mis amigos, y una para mi madre; obedecer a los principios de la más estricta sobriedad, y el primero es la supresión de todos los excitantes, cualesquiera que sean.

– Charles Baudelaire en sus Dibujos y fragmentos póstumos.

Been there, read that (LXV)

17 septiembre 2012 Deja un comentario

Las Mujeres de los Dictadores

Aut. Diane Ducret

Como todo en los grandes temas literarios, de ensayo o de análisis de diversa índole, hay aspectos que si bien podrían no resultar comunes, sí suelen ser pasados por alto. Tal es el caso de la presencia femenina en torno a los grandes dictadores de la historia moderna (o la que yo considero moderna por lo menos). Y es que resulta extraño que después de tanta obra basada en nazismo, fascismo, franquismo, etc., no haber hallado algo dedicado a las esposas, amantes y amigas de esas grandes y temibles personalidades históricas; la escritora francesa, Diane Ducret llega con la presente obra para eliminar tal ausencia.

El libro picará nuestra curiosidad con un prólogo repleto de cartas que diversas admiradoras llegaron a escribirle al objeto de su admiración: nada más y nada menos al Duce y al Führer. Estos dos camaradas dictadores mostraban su aprecio de diversas maneras. Si en las cartas dirigidas al representante italiano, existían insinuaciones de índole sexual, Benito contestaba con una fecha, una hora y un lugar para recibir a la fanática que vería satisfechos sus deseos; por otro lado, Hitler se abstenía de recibir cualquier tipo de visita y las escritoras recibían más bien una reprimenda por parte de la oficina de la cancillería instándola a no continuar con tales sugestiones. Eso sí, cuando la carta era sincera y en ésta se pedía algún tipo de apoyo, dígase una máquina de coser o una estufa, la solicitante veía, por lo general, su súplica complacida.

A todo esto, hablamos sólo de las admiradoras. Los capítulos del libro no hablan de potenciales o de historias que pudieron ser, hablan precisamente de aquellas que estuvieron ahí, que influenciaron, que sacrificaron, que murieron por estos hombres que, en el mejor de los casos, las abandonaron (y muchas veces fue muy buena suerte haber sido abandonadas) e incluso murieron a su lado.

Hitler, Mussolini, Salazar, Ze Dong, Ceaucescu, Bokassa, Franco, Stalin y Lenin, son los nombres de los terribles personajes que hicieron de las suyas una y otra vez. Algunos más conocidos que otros, comparten un legado de poder y fines justificados a través de los medios; comparten también al sexo femenino y a la necesidad que tuvieron de ese apoyo que pocas veces se encuentra y que no puede ser hallado en el amigo o camarada del mismo género.

En Las Mujeres de los Dictadores, encontramos historias de infidelidad, de necesidad, de amor (¿por qué no?), de apoyo, de abandono, de asesinato y de muerte al lado de estas damas que hallaron cierto nivel de inmortalidad y de destino gracias a la parte histórica que jugaron. Un libro agradable, triste y adecuado para fanáticos de la historia, del poder y de aquellas damas lectoras que buscan la parte rosa de toda historia de terror.