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Posts Tagged ‘Mujeres’

Been there, read that (CL)

Una cerveza de nombre Derrota

Aut. Eusebio Ruvalcaba

9789709854039-uk-300De alguna manera, siento que un libro regalado es más valioso cuando antes fue leído por la persona que lo regala. Pienso que parte de la esencia de la persona que lo leyó queda impregnada entre las páginas. Que en cierto modo, esa persona te regala no sólo el libro, sino las circunstancias que rodearon su lectura durante las horas que duró. Una cerveza de nombre Derrota acompañó a una persona durante sus tratamientos contra el cáncer. Ésta persona me advirtió que probablemente tendría un poquito de radiación al dármelo; lo primero que hice fue abrazar el libro contra mí, pues un regalo tan valioso bajo ningún concepto podría ser peligroso.

Desde que leemos el título intuimos algo que se confirmará al leer las primeras líneas: la derrota es el tema principal de la obra. No una derrota en el sentido estricto de la palabra, hablamos de una derrota de la vida, una derrota que sufrimos sin darnos cuenta, la derrota que nos impone la cotidianeidad.

Podría describir el libro con cinco palabras: alcohol, mujeres, confesiones, música e ironía. Todas mezcladas en una colección de ensayos, monólogos y crónicas, que dan cuenta de todo aquellos que observamos en la tragedia de la existencia.

Cuando lees la obra de Ruvalcaba, no lees las páginas, lo lees a él. Es inevitable entender su amor por la música y, al terminar, sientes que de encontrártelo en la calle o en alguna feria del libro, no te encontrarías a un autor, te encontrarías a ese viejo amigo que conoces de tanto tiempo atrás, serías capaz de llamarlo compadre.

El libro es irónico, es sarcástico, es vulgar en su tratamiento del término mujer, pero no deja de ser bello, gracioso, interesante, reflexivo. Por momentos despierta melancolía, por momentos no estás seguro de la cordura de quien escribe unos consejos para conquistar a la mujer tan intransigentes que cuando miras la realidad, no podrían estar tan disparatados.

Es un libro que no exige demasiado tiempo pero sí bastante reflexión al interior de las sonrisas que provoca. Llegó a mí este libro que se ha convertido ya en uno de mis favoritos y que algún otro día, en definitiva, releeré.

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Been there, read that (CIX)

Demasiado amor

Aut. Sara Sefchovich

Demasiado AmorLlevo rato trabajando en una pequeña novela que me gustaría publicar, en ella, a través de cartas, un hombre narra su amor hacia una mujer que lo ha hecho pedazos. Como primer obra, me encuentro titubeante en demasiados detalles y fue que, contando estos detalles a algunas amistades, me recomendaron la obra de Sara, Demasiado amor.

Es lo curioso del asunto, que justo como he imaginado la narración de mi obra, es la forma en que se narra la historia en Demasiado amor; por supuesto, aquí no se trata del punto de vista masculino y los contextos son totalmente diferentes. En la obra de Sefchovich, observamos dos historias del mismo personaje: una mujer de mediana edad que mantiene una relación epistolar con su hermana que se encuentra en Italia; en algún momento, ellas tienen el sueño de vivir en Italia y llevar juntas la administración de una casa huéspedes. La hermana se ha ido antes, para comenzar a labrar el sueño, mientras que la segunda, se queda para juntar dinero y ahorrar para su posterior viaje de reunión.

El problema surge, cuando la protagonista comienza a caer en el vicio de la prostitución como forma de ganar dinero. Poco a poco se va sumergiendo en el negocio y pronto olvida el sueño con su hermana a quien le narra sus aventuras en cartas que cada vez se hacen de fechas más distantes entre sí. Mientras esto pasa, también la protagonista narra su enamoramiento con el que ha sido el hombre de su vida, un hombre que parecía haber llegado como cualquier otro cliente y que termina siendo ese verdadero amor que es insoportable y desgarrador.

Con su verdadero amor es que recorremos lo largo y ancho de México, visitas a los pueblos, las ciudades, los campos y lugares atractivos del país. Su comida, sus personas, sus costumbres y artesanías; todo narrado con lujo de detalle, nos hará enamorarnos del país en el que nos encontramos. Es con este hombre, que nuestra hermana se aventura a conocer todo lo que hay por conocer del país y es cuando las cosas empiezan a repetirse, cuando se empiezan a encontrar los fallos en las historias y la falsedad del arte folclórico, que nuestra “heroína” se da cuenta de que la historia se acerca a su fin.

Con un desenlace agridulce pero bello, la protagonista se despide de su hermana con una última carta que nos deja bien claro el poder que tiene el amor y cómo sabremos distinguir entre algo pasajero y lo que es verdadero.

Tú eres el color del que me enamoré

Bluets (fragmentos)

Maggie Nelson

1. Supongamos que empiezo diciendo que me he enamorado de un color. Supongamos que digo esto como si se tratara de una confesión; supongamos que rasgo mi servilleta mientras hablamos. Empezó lentamente. Una apreciación, una afinidad. Un día se volvió más seria. Luego(miro la taza vacía, al fondo una mancha café enroscada en forma de caballito de mar) se volvió, de algún modo, personal.
6. El semicírculo de océano turquesa que ciega es el escenario primordial de este amor. Que ese azul exista, el simple hecho de haberlo visto, hace a mi vida extraordinaria. Haber visto cosas tan hermosas. Encontrarse en esa niebla. Sin elección. Ayer regresé y me paré otra vez frente a la montaña.
7. ¿Pero qué tipo de amor es realmente? No te engañes llamándolo sublime. Admite que te has detenido frente a una pequeña pila de pigmento ultramarino en polvo dentro de un vaso de vidrio en un museo y has sentido un deseo punzante. ¿Pero un deseo de hacer qué? ¿De liberarlo? ¿De comprarlo? ¿De ingerirlo? Hay tan poca comida azul en la naturaleza –de hecho el azul tiende a marcar la comida que debe evitarse (moho, bayas venenosas)– que los asesores culinarios recomiendan no usar luz azul, pintura azul o platos azules al servir comida. Pero mientras el color puede, en el sentido más literal, minar el apetito, en otro sentido lo alimenta. Querrías alcanzar el pigmento para desordenarlo, por ejemplo, manchando primero tus dedos y luego al mundo. Querrías diluirlo y luego nadar en él, tallarte con él los pezones, querrías usarlo para pintar el manto de una virgen. Pero ni así accederías al azul del pigmento. No realmente.
36. Goethe describe al azul como un color vivo, pero desprovisto de alegría. “Diría que trastorna más de lo que alegra.” ¿Estar enamorado del azul es entonces estar enamorada de un trastorno? ¿O es el amor mismo un trastorno? Y de cualquier modo, ¿qué clase de locura es esa de enamorarse de algo constitucionalmente incapaz de amarte de vuelta?
98. Vincent van Gogh, cuya depresión, dicen algunos, se relacionaba con un padecimiento de epilepsia, vio y pintó célebremente al mundo en colores insoportables de tan vívidos. Tras su intento casi exitoso de quitarse la vida disparándose los intestinos, ante la pregunta de por qué no debía salvarse, respondió: “porque la tristeza no terminará nunca”. Yo creo que tenía razón.
229. Escribo esto en tinta azul para recordar que todas las palabras, no solamente algunas, se escriben en agua.
239. Pero ahora hablas como si el amor fuera una consolación. Simone Weil nos advirtió lo contrario: “el amor no es consuelo”, escribió. “Es luz.”
240. Entonces bien, permíteme tratar de reformularlo. Mientras estuve vivo, aspiré a ser estudiante no de la nostalgia, sino de la luz.
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Querer bonito

Le conté cómo pasé la mayor parte de mi infancia mirando una y otra vez las mismas películas de Pedro Infante a la hora de la comida. Mi abuela, con quien solía comer antes de que mis padres pasaran por mí después del trabajo, tenía una videocasetera “Beta” y mi tía le grabó un par de películas. Cada día de la semana veía una cinta diferente hasta que se acababan y se volvía a repetir la serie una y otra vez. A toda máquina, Qué te ha dado esa mujer y El inocente, acompañaron a mis alimentos una vez cada dos semanas durante lo que fueron seis años de primaria; en secundaria comencé a regresar solo a mi casa.

—Y es por eso que sabes querer bonito —dijo ella mientras se acomodaba en la cama y se envolvía en la colcha, el frío era intenso y aún dentro del departamento se podía sentir la gélida mordida del invierno que se acercaba.

—Así es, —le respondí— y es así como te quiero querer, bonito.

—Pero yo no me merezco algo así —bajó la mirada y giró un poco sobre su espalda para no mirarme al rostro. Yo me encontraba a un par de metros de distancia de ella, en el escritorio, localizando en la computadora la música que la pusiera de humor y me permitiera después deslizarme junto a ella, entre las sábanas, y así poder besarla, apretarla contra de mí y aspirar el aroma a madera que inundaba su castaña cabellera. Amaba su cabello y el olor que desprendía.

—¿Y por qué no habrías de merecerlo? —le contesté. Me irritaba que ella creyera, o se hiciera creer a sí misma, que todo aquello que yo estaba dispuesto a hacer por ella y por nuestro titubeante amor, no era algo que ella mereciera o que debiera aceptar pues no sabría cómo corresponderlo.

—No lo sé, sólo no me quieras así, no estoy lista y todavía tengo cosas en la cabeza que no me permiten estar contigo al cien —guardó silencio un instante—, ya ven, estoy esperando a que me abraces desde que entré por esa puerta.

Bajé la pantalla de la computadora, apagué las luces. Me metí dentro de las cobijas, mi brazo rodeó su cintura y la atraje hacia mí.

—No importa cuánto tenga que esperar, aquí estaré —La besé—.

Been there, read that (LXXXVIII)

Mujeres

Aut. Charles Bukowski

Anagrama

MujeresUno más del buen Buko para la colección. Siguiendo la serie, pasamos por la patética y perdedora infancia y juventud de Hank en La Senda del Perdedor; después, vimos lo que sería el inicio de un mundo laboral nefasto en Factotum; la tercera parte, Cartero, nos mandaría a una etapa de varias décadas de rutina insoportable en la oficina postal; finalmente, en Mujeres, el inicio y final de la etapa misógina del personaje.

Hank se ha despedido del mundo laboral formal, es un escritor reconocido y aclamado en el mundo literario underground. De este modo, Chinaski vive de los viáticos y la paga que le dan por leer sus poemas en público. Las lecturas lo llevan desde paisajes universitarios, hasta bares de mala muerte donde se toca rock y dentro de esta existencia de viajes, lecturas, borracheras y pleitos con el público, el protagonista lleva un conteo del aparentemente interminable desfile de mujeres que entran y salen de su vida tal y como lo hacen las latas de cerveza.

Lo cierto, es que habrá un momento donde tendremos que regresar las páginas para recordar el nombre de alguna de las muchas féminas, o incluso para corroborar si de la que se habla actualmente ya formó parte de una lectura temprana. Las hay de todo tipo aunque, generalmente, no podremos bajarlas de locas o zafadas.

En efecto, cualquier hombre que haya sufrido de las vicisitudes de una relación tormentosa, se sentirá identificado con las correrías de Hank y sus damas. Y cualquier mujer que lea la novela, también tendrá mucho que entender de la forma en que unos con otras se relacionan.

A final de cuentas, veremos como un hombre que no ha encontrado un aprecio verdadero hacia el sexo opuesto fuera de la necesidad biológica de la reproducción, termina transformándose y, de cierta forma derrotándose, ante el amor de una sola mujer entre las decenas que llegan a pasar por su vida. Habrá por ahí quien diga que todo terminará en una historia de amor adornada por el drama de las extras. Habrá quien vea otras cosas totalmente diferentes.

Cartas

ella se sienta en el piso

hurgando en la caja de cartón

leyéndome las cartas de amor que le he escrito

mientras su hija de 4 años yace en el piso

envuelta en una cobija color rosa

dormida 3/4

 

nos hemos vuelto a juntar después de una separación.

me siento en su casa

una tarde de domingo

 

los carros suben y bajan por la colina,

allá afuera

cuando estemos dormidos esta noche, juntos

escucharemos a los grillos

 

¿dónde están los tontos que no viven

tan bien como yo?

 

amo sus paredes.

amo sus niños.

amo su perro.

 

escucharemos a los grillos.

mi brazo rodeando su cadera,

mis dedos contra su barriga

 

una noche como esta le gana a la vida

y este rebosar se las arregla con la muerte.

 

me gustan mis cartas de amor,

eran verdaderas.

 

¡Ah, ella tiene un hermoso culo!

¡Ah, tiene un bello espíritu!

 

– Charles Bukowski

Been there, read that (LXVII)

Casi nunca

Aut. Daniel Sada

De vuelta a la actividad de lector (y pseudo reseñador de lo leído) me he dispuesto a hablar el día de hoy de Casi nunca del mexicano Daniel Sada; ganador del Premio Herralde de Novela 2008. Ahora bien, no sé qué hayan tenido las novelas concursantes del premio en ese año, pero me encargué de leer las tres finalistas: Temporada de Caza del león Negro, Un Lugar Llamado Oreja de Perro y, finalmente, Casi Nunca. Todas unas joyas.

Pasando al tema pertinente, debo decir que no había tenido la oportunidad de sentir tanta desesperación al leer una obra como la que me ha provocado Casi Nunca. No lo digo como algo negativo, al contrario como algo chusco debido a la temática que nos marca Sada: la lujuria contra el pudor, la calentura en contra de las buenas costumbres. Y es que precisamente, desespera de una manera chusca el ver cómo un personaje se conforma con tocarle la mano 30 minutos a la novia cada 6 meses y aún así se mantiene con la esperanza de verla desnuda. Clásicos dilemas de un romance a la antigüita, de por ahí de 1945 en el norte y centro sureste de México.

Seguro estoy haciendo bolas, mejor me explico: La novela narra las andanzas de Demetrio, un agrónomo con buena estrella que no encuentra mucho sentido a su existencia salvo la que le otorgan los burdeles de Oaxaca. En estos burdeles conoce a Mireya, una puta un poco pasada de carnes que tiene la habilidad de hacer adicto al protagonista a sus encantos. Poco después de hacerse adicto a Mireya, la madre de Demetrio lo obligará a asistir a una boda en la que conocerá a Renata, la hija de un matrimonio ultraconservador, que terminará siendo su novia, eso sí, a distancia pues ella se encuentra en un pequeño poblado de muy al norte del país. Imagínense lo que es eso sin la existencia de correos electrónicos o del facebook.

El problema nace cuando Mireya decide que Demetrio la sacará de esa vida de placer carnal pagado y pronto le anunciará estar embarazada. Demetrio abandona su trabajo y toma un tren junto a la madre de su retoño para, a medio camino, abandonarla y salir huyendo. Después, la desesperación que ofrece una novia que se ofende de un beso en la mano y que no permite contacto alguno por más de 30 minutos en una pequeña banca enfrente de su casa. Finalmente, el establecimiento de un buen negocio, los preparativos de una boda que pareciera nunca llegar y el mete-saca tan añorado por la estrella del show.

Casi nunca es entretenida, con una prosa totalmente diferente y que distingue a Sada entre los muchos escritores latinos. Retrata a la perfección los modos de pensar y actuar de las personas en los tiempos en que se sitúa y posee una temática hilarante que deja un buen sabor de boca.