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Posts Tagged ‘Animales’

Been there, read that (CLV)

Los perros duros no bailan

Aut. Arturo Pérez-Reverte

EAL33134Esta es la historia de Negro, que en algún momento tuvo alguno de esos nombres cursis que se le ponen a los cachorros y que hace tiempo que quedó en el olvido. Negro es un sobreviviente, es uno de esos pocos gladiadores romanos que tuvieron la habilidad y una pizca de fortuna para retirarse del deporte; eso sí, forjándose una leyenda y cargando un sinfín de cicatrices que no porta con tanto orgullo como quisiera. Símbolos de la crueldad de un grupo de humanos que entrena máquinas de matar sedientas de la sangre de sus semejantes.

Negro se reúne a diario con su amigo Teo en el lugar habitual: el Abrevadero, donde una destilería vierte sus desechos anisados para deleite de los canes que buscan emborracharse. Así transcurre la vida, al lado de otros: Agilulfo, el perro cuyo culto dueño le ha transmitido dones filosóficos; Boris el Guapo, perro de concurso; Margot, la cantinera francesa feminista… También está Helmut, el Doberman neonazi que extorsiona perros judíos, entre otros.

Pero un día, Teo y Boris desaparecen sin dejar rastro. La lealtad de Negro lo llevará a indagar sobre la desaparición de su buen amigo y lo conducirán a un terreno familiar al que desearía no volver. Esta es la historia del gladiador romano retirado que tendrá que regresar a la arena para salvar a su mejor amigo de un destino que pocos pueden enfrentar sin perder la razón.

La obra de Pérez-Reverte se siente como una historia alterna a La Isla de los Perros que se estrenó en el cine hace poco. Vemos a los canes dialogar y reflexionar sobre su condición de perros. Entendemos que ellos se rigen por estándares de lealtad y rectitud muy diferentes a los de los humanos. En ellos no hay malicia, sólo instinto y reacción.

Es divertida, muchas veces me descubrí riendo mientras leía. Es trágica también, el retrato de los humanos es preciso y la sombra del abandono y la crueldad se cierne sobre nosotros cuando escuchamos el testimonio de los animales que se encuentran en un lecho de muerte, tan sólo recordando el olor de la niña que los quiso mientras eran cachorros y que después los abandonó en el momento en que se convirtieron en una dificultad para las vacaciones de verano.

Los perros duros no bailan es una novela corta, de esas que se leen de una sola sentada. Y sin embargo no deja de ser profunda. Es un atisbo de una historia con un bagaje psicólogico profundo. Se disfruta, provoca alegría pero también tristeza y reflexión. Sería un excelente regalo para cualquier amante de los animales.

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Traicionar a un can

Perro

—¿Qué será del perro? —pregunté de pronto.

Mi madre se paró en seco como si acabara de golpearla.

El perro debió darse cuenta de que se hablaba de él, pues salió del rincón donde estaba acostado meneando la cola. No pertenecía a una raza definida. Era un chucho, pero muy gracioso e inteligente. Cada uno de sus movimientos reflejaba una cierta humildad, como si quisiera hacerse perdonar por ser tan feo. Nos observaba atentamente y parecía sonreír. Debía estar convencido de que decíamos de él cosas muy agradables.

Traicionar a un perro es aún más cruel que traicionar a un hombre, pues él no sabe de qué se trata y no puede juzgar sino por la voz y los rostros. Si, sonriendo y con voz suave, se le dicen las cosas más horribles, él viene agradecido a lamernos la mano. No quería traicionar a nuestro pobre perro.

—¿Qué va a ser del perro? —pregunté de nuevo, con tono irritado y terminante, para que él se diera cuenta de lo que le esperaba. Pero no cesaba de menear la cola.

Fragmento de Tengo quince años y no quiero morir, de Cristine Arnothy

Been there, read that (LXXXVII)

Desgracia

Aut. J. M. Coetzee

DesgraciaMi ausencia reciente en el blog, obedece a la aparición de un nuevo trabajo y, con este, una nueva etapa de mi vida laboral y profesional. Es curioso, cómo uno toma un libro al azar del librero y se da cuenta que la historia que lee, es aquella que no podía ser superada por ninguna otra que pudo haber sido elegida. Ya sea porque el tema es concerniente a la etapa de la vida o porque las coincidencias son simplemente demasiadas.

Me gustaría afirmar, aunque carezca de las pruebas y estadísticas para respaldar tal afirmación, que todos caeremos en desgracia en algún momento de nuestra vida. Una vez que hayamos caído en ella, no puedo afirmar que todos la enfrentaremos de la misma forma (en caso de enfrentarla porque habrá quienes simplemente la acepten), ni tampoco afirmar que todos la venceremos o que, por lo menos, podremos terminar de caer tratando de vencerla. Precisamente, son este tipo de reflexiones las que despierta el Sr. Coetzee en Desgracia.

Un catedrático universitario en Ciudad del Cabo, lleno de erudición poética, se encuentra cada vez más cerca del invierno de la edad. El que alguna vez fue asediado por sus alumnas, cada vez más jóvenes en comparación a él, ahora pasa desapercibido y en su vida sólo encuentra satisfacción aquel día en que tiene agendado su compromiso con la prostituta de  cada semana. Un día como cualquier otro, se atraviesa con una de sus estudiantes, Melanie, camino a casa. La convence de tomar una copa, la mete en su cama, este es el inicio de su desgracia.

Pronto la vida del profesor cambia, se niega a pedir disculpa de sus actos, abandona su vida en la universidad y busca refugio en la granja que posee su hija. Todo parece llevar un paso lento, relajado hasta el día en que su desgracia adquiere un nuevo ímpetu y lo golpea no sólo a él sino también a su hija. Lamentablemente la edad ha demostrado tener más efecto del esperado y mientras la desgracia permanece, veremos al protagonista no saber cómo enfrentarla hasta que finalmente tenga que aceptarla y con esto, hacer algo cercano a derrotarla.

Coetzee, nos brinda una historia contundente, interesante y llena de reflexión sobre cómo enfrentar los problemas que parecen infranqueables. Pasamos de un simple morbo por saber qué pasa entre el profesor y la alumna, a la angustia que provoca el tener que convivir con el violador de una mujer que es parte de nuestra familia. De la forma en que las cosas no pasan o son como debieran ser. Esta es la desgracia y veremos una de las múltiples formas que puede tomar en nuestras vidas.

De cómo muchas veces tendremos que renunciar a alguien que merezca nuestro amor más sincero.

La conducta gallinácea

Cucco

[…] ¡Qué diferentes son los canarios de las gallinas!, llegó a decirse tras observar con minucia a los ambos géneros. Era verdad. Las últimas son animales soberbios, distinguen su jerarquía con picotazos ligeros que parecen casuales, de comunicación; una de éstas pica a la totalidad de sus compañeras en la cresta, otra pica a todas excepto a la primera (no puede, no debe hacerlo), la siguiente a todos excepto a las dos primeras, y así en sucesión hasta llegar a la más desdichada del conjunto, sin el pricilefio de picar a ninguna. Si por descuido o rebeldía lo hace, ¡cuidado!: puede estar firmando su sentencia de muerte, porque todas se le abalanzarán con picotazos salvajes, hasta que ceda o muera. Podría explicarse la historia del mundo haciendo un tratado científico sobre la conducta gallinácea.

– Isaí Moreno, El Suicio de una Mariposa

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El can anarquista

Entre el recorte de personal de mi empresa, los trabajos colaborativos a distancia de la maestría, y el poco tiempo que tales situaciones dejan para hacer cualquier otra cosa, me he quedado con pocos temas sobre los cuales escribir.

Ahora que lo pienso, por si no lo han notado, el mundo está hecho un carajo: Que los mototaxis invadiendo el Centro Histórico de Puebla, que el paro de transportistas a nivel nacional, que la protesta pacífica española en el Parlamento, que si cuelgan a una mujer y la prenden en Monterrey (junto a la cuota diaria de muertos), que a Chuchita la bolsearon, que los pájaros atacan seres humanos en China, que las protestas en Grecia por el déficit, etc., etc., etc..

En fin, para qué arruinarle el día a los optimistas (a los que no lo son también); dentro de las múltiples noticias que suenan hoy, me llama la atención una que se me hizo lo bastante “agradable” a pesar del contexto en el que encuentra su existencia: La reaparición del (ahora) legendario Kanellos, el perro anti-sistema, the riot dog, el can anarquista.

Resulta que este fino ejemplar del mundo canino se ha aparecido en todas y cada una de las manifestaciones populares que han tomado lugar en Atenas, Grecia. Hoy lo ha hecho nuevamente durante las sesiones de huelga general en Grecia. Es curioso cómo dentro del mar de violencia, ocurren situaciones como la del mejor amigo del hombre al que suscribe esta entrada.

No hay mucho qué decir, Kanellos, como fue nombrado por el color de su pelo, es ya un animal legendario por su aparición y agresión en contra de las fuerzas de granaderos que se hacen presentes en toda manifestación, desde 2007. Se dice que el perro original murió en 2008 pero, por algún motivo, el día de hoy un nuevo can con la misma apariencia ha hecho acto de aparición para continuar el legado.

Los dejo con un pequeño video homenaje al chucho que con un fondo musical muy acorde a ésta, su casa, dará bastante para hablar.