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Posts Tagged ‘Desamor’

La eterna batalla: razón contra corazón

No ha pasado ni una semana desde el último día en que la vi. Sopeso las opiniones (que por supuesto, tienen un peso muy pequeño en la ponderación) contra mis recuerdos; mis emociones contra los razonamientos; mis perspectivas en contra de los hubieras. Qué difícil es decirle adios a alguien que te hace sentir esos torbellinos emocionales que nadie más te brinda. Qué difícil es imaginar que puedes encontrar a alguien mejor a la vuelta de la esquina, cuando durante meses y meses no lograste encontrar la esencia de sus labios y el aroma de su cabello en nadie más, ni hablar de sustitutos, no los hay.

Sopesando, me encuentro, en el medio de una eterna batalla entre lo que mi razón (que no menosprecio después de todas esas victorias intelectuales que me ha dado) ha decidido y lo que mi corazón no cesa de añorar. Trato de ponerme en mis propios zapatos, trato de ponerme en los zapatos de Dulcinea, trato de ponerme en el papel de espectador, trato de pensar afuera de la caja y también trato de pensar como si no hubiera caja.

Y mientras pienso, en cada momento está el corazón, ahí puesto. Todas esas pasiones que se derraman, cuando escucho o leo su nombre, me abruman. Y entonces la pregunta que no deja de apuñalarme día tras hora: ¿por qué?

¿Por qué pasó lo qué pasó?

¿Por qué pareciera que nada de lo que hago es suficiente?

¿Por qué ella actúa como actúa?

¿Por qué no dejo de mirarla y pensar en futuros que poco a poco se vuelven más inalcanzables?

¿Por qué?

Y es que las respuestas se disfrazan como golpes al ego, como orgullos en choque, como sentimientos despreciados. Busco y busco, y no encuentro. Quiero alejarme y corro, pero no dejo de desear el quedarme. Pienso en los buenos momentos y los comparo con los malos, coloco en un lado de la balanza sus palabras y acciones, esas que hablaban de un verdadero amor y sentimiento, y en el otro aquellas malas actitudes, feas contestaciones y actos de ignorar mi existencia… y nada, la balanza no se mueve ni para un lado ni para el otro.

Y mi razón me dice, de la manera más dura, ‘pendejo, eres pendejo si te quedas, ¿qué más necesitas de prueba?’, y parece tener razón la razón. Pero cuando el individuo que soy, comienza a seguir a la razón en busca de nuevas causas, se coloca frente a nosotros el corazón, ese órgano que parece un puño ensangrentado pero que lo idealizamos como la representación de todo lo bueno; y dice el corazón ‘no renuncies, sabes que es ella lo que siempre buscaste, ¿acaso creíste que sería fácil?’. Entonces mi existencia se divide en dos: la parte que sabe que llegó el momento, que hasta para el hombre más enamorado hay un punto en el que ya no tiene por qué soportar más; y la parte que dice, no, todavía hay más, después de tantas cosas que han pasado es como cerrar el libro imaginando un final y que no es el sorpresivo que leerás.

Ser necio o incansable; ser inteligente o cobarde. Y son estas batallas las que no me dejan en paz y que me agotan cada día. Cuando contemplo su indiferencia y mi soledad, su indignación y mi tristeza, su forma de hacerme sentir culpable aun cuando tenga los motivos para molestarme.

Y pienso que no la quiero dejar sola nunca, pero pienso que es lo mejor para que ella se dé cuenta de las cosas. Y pienso que a lo mejor nunca se da cuenta o que se dará cuenta pero jamás lo aceptará. Y pienso en que puedo estar con cualquier otra mujer que yo quiera, pero pienso que no quiero a otra. Y salgo con tantas opciones que desee cosechar, y no puedo dejar de añorar la forma en que sólo ella me hace vibrar.

Tiempo al tiempo, lo que ha de ser será, si es para ti regresará, ya encontrarás algo mejor, no se merece tu amor, déjala respirar, tal vez en otra ocasión, deja que las cosas se acomoden solas, sigue luchando si te hace feliz… frases y refranes por todos lados, consejos, enojos, conflictos, y todo, absolutamente todo deja de tener significado.

Y yo, ¿qué hago? 

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Been there, read that (CXXVIII)

Quién de nosotros

Aut. Mario Benedetti

quien-de-nosotrosUn apellido que se podría decir que pertenece al dominio público de los lectores (y los no tan lectores) en cuanto a poesía, es Benedetti. Cuántos poemas he visto dedicados una y otra vez bajo la autoría del uruguayo. A veces bien aplicados, otra veces por dar la imagen de saber un poco, la literatura de Mario es bien conocida en el medio del amor. Pero resulta muy diferente cuando nos acercamos a un género desconocido para la mayoría: la novela. Es así que me acerco a la primera escrita por el autor, hace ya más de 50 años.

Advertencia: Quién de nosotros podría no resultar el amasijo de miel derramada y finales felices que uno esperaría del autor de tanto poema color rosa. Por el contrario, nos encontramos con una novela corta pero que resulta sumamente amarga, con la existencia de este triángulo amoroso donde podríamos detestar a cada uno de los participantes. Miguel, Alicia y Lucas se conocen en la infancia, dos de ellos terminan casados y el otro termina muy lejos.

El problema es que de los casados, hay uno que se ha mantenido en el matrimonio pensando en que el personaje con el que se casó le pertenece más al que se encuentra lejos; el que se encuentra lejos piensa que los otros dos están muy bien e inventa historias falsas de éxtio para impresionarlos; finalmente, el casado restante piensa haberse quedado con el correcto pero sabe que el que está a su lado opina lo contrario, razón por la cual cree que debería cumplir los deseos de su compañero e irse a buscar al que está lejos.

Sí, un verdadero conflicto en el que terminaremos odiando las circunstancias bajo las cuales este triángulo se desarrolló. Habrá esta posibilidad de repudiar al personaje que vive su vida sintiéndose derrotado cuando nunca lo estuvo y cuyo derrotismo termina convenciendo al objeto de su agonía para realmente partir.

Circunstancias amorosas vivimos todos, problemas los tenemos. El meollo del asunto es ¿quién de nosotros juzga a quién cuando nos enfrentamos a o huimos de las vicisitudes que rodean a nuestras relaciones?

La Fuga

20 noviembre 2013 2 comentarios

huir de una araña viuda negra
es un milagro comparable al del arte.

ella teje sus telas de araña
con las que atrae lentamente
utilizando toda su astucia
te envuelve
y al sentirse satisfecha, te matará.
en su mortal abrazo
succionará toda tu sangre.

yo logré escapar de mi viuda negra
porque había muchos machos
en el entramado de sus telas de araña
y al tiempo que abrazaba a uno
luego a otro y a otro y a
otro
pude zafar
salir de ahí.

ella me extrañará
lo sé
no a mi amor
sí el sabor de mi sangre,
pero siendo ella de lo mejor, encontrará
otras sangres tan buena en lo suyo que casi extraño mi
muerte,
pero no del todo;
he logrado escapar.
ahora contemplo
nuevas
telas de araña.

– Charles Bukowski

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Been there, read that (LXXXVIII)

Mujeres

Aut. Charles Bukowski

Anagrama

MujeresUno más del buen Buko para la colección. Siguiendo la serie, pasamos por la patética y perdedora infancia y juventud de Hank en La Senda del Perdedor; después, vimos lo que sería el inicio de un mundo laboral nefasto en Factotum; la tercera parte, Cartero, nos mandaría a una etapa de varias décadas de rutina insoportable en la oficina postal; finalmente, en Mujeres, el inicio y final de la etapa misógina del personaje.

Hank se ha despedido del mundo laboral formal, es un escritor reconocido y aclamado en el mundo literario underground. De este modo, Chinaski vive de los viáticos y la paga que le dan por leer sus poemas en público. Las lecturas lo llevan desde paisajes universitarios, hasta bares de mala muerte donde se toca rock y dentro de esta existencia de viajes, lecturas, borracheras y pleitos con el público, el protagonista lleva un conteo del aparentemente interminable desfile de mujeres que entran y salen de su vida tal y como lo hacen las latas de cerveza.

Lo cierto, es que habrá un momento donde tendremos que regresar las páginas para recordar el nombre de alguna de las muchas féminas, o incluso para corroborar si de la que se habla actualmente ya formó parte de una lectura temprana. Las hay de todo tipo aunque, generalmente, no podremos bajarlas de locas o zafadas.

En efecto, cualquier hombre que haya sufrido de las vicisitudes de una relación tormentosa, se sentirá identificado con las correrías de Hank y sus damas. Y cualquier mujer que lea la novela, también tendrá mucho que entender de la forma en que unos con otras se relacionan.

A final de cuentas, veremos como un hombre que no ha encontrado un aprecio verdadero hacia el sexo opuesto fuera de la necesidad biológica de la reproducción, termina transformándose y, de cierta forma derrotándose, ante el amor de una sola mujer entre las decenas que llegan a pasar por su vida. Habrá por ahí quien diga que todo terminará en una historia de amor adornada por el drama de las extras. Habrá quien vea otras cosas totalmente diferentes.

Been there, read that (LXXXIII)

La ternura caníbal

Aut. Enrique Serna

La ternura caníbalRealidad humana, cruda, traicionera, egoísta. La ternura caníbal es así, sumamente humana. Crueldad innecesaria, hambre por dañar al que nos toma de la mano y nos besa. No queremos vivir abandonando nuestros vicios carnales, pero no estamos dispuestos a que el ser amado disfrute a su vez de los suyos. No podemos permitir que el otro sea más feliz aún cuando su felicidad se base en una falsedad, nos morimos de ganas porque se entere y esté consciente de esa falsedad.

Enrique nos trae en La ternura, una serie de relatos que hablan de personajes cotidianos en situaciones más que reales, ambiguas pero que pertenecen a nuestro día a día. Un macho que en vísperas de la muerte decide que su mujer, joven y atractiva, debe acompañarlo hasta la tumba; un mujeriego que induce a su mujer al mundo swinger y que se arrepiente cuando le es arrebatada la inocencia de su matrimonio; la incondicional que le confiesa al moribundo cónyuge cómo fue que se las arreglo para no salir nunca de su vida; el artista que destruye la carrera de su mujer de forma anónima…

Demasiada cruel es la ternura caníbal, la que devora al que decimos amar. Al leerla, no sabremos si nos sentimos tristes, torturados o incluso felices de no estar viviendo situaciones similares, aún. Es, sin duda, un gran libro, no se puede dejar de leer a pesar de la tristeza que nos inunda el empatizarnos con los personajes. Las mujeres siempre ganan, pero a costa de qué es que existe su victoria. Encontramos en el sufrimiento ajeno un curioso y delicioso aperitivo de nuestra predilección.

La ternura caníbal vive muy adentro de nosotros. Está ahí, dispuesta devorarnos si no hacemos algo por satisfacerla con la carne de los otros.

Been there, read that (LXXVIII)

La mujer rota

Aut. Simone De Beauvoir

La Mujer RotaConsiderado como un regalo originalmente, me permití preguntar al futuro dueño si podría abrir el libro para leerlo rápidamente antes de entregarlo (pues no era un regalo sorpresa, ciertamente), tras recibir la respuesta afirmativa, me hundí en uno de los textos básicos de la compañera del buen Sartre. Justo cuando comenzaba, un buen amigo me advirtió “ten cuidado que podrías quedar atrapado en el feminismo de ese libro” y, aunque no quedé atrapado por feminismo alguno, sí quedé prendado de la temática y dolor al que Simone nos enfrenta.

La obra se compone de tres historias: La edad de la discreción, Monólogo y La mujer rota. La primera, habla de ese sentimiento que surge cuando una mujer empieza a perder la confianza en sí misma y cuando sus errores se vuelven estigmas que le impiden sacudir el polvo que se acumula sin que ella se dé cuenta cegada por su ego, de cómo piensa que su inteligencia, belleza y hasta su compañero la abandonan sin darse cuenta de que lo que falla es su percepción y no lo que tiene realmente a su alrededor. Monólogo, es precisamente el discurso de una mujer que se enfrenta a la soledad y a la necesidad que tiene de obtener la custodia de un hijo y después del propio marido a quien reprocha y al mismo tiempo añora. Finalmente, La mujer rota es la historia de otra mujer, que es traicionada por su esposo y al que le acepta sus infidelidades bajo la bandera de que tarde o temprano se cansará de las amantes y regresará con ella; creerá sus mentiras, tomará las sobras y no se rendirá, para finalmente saber que ha sacrificado sus propias oportunidades cuando hubo de tomarlas.

Las historias tienen algo en común: desesperación, crisis de la edad, inseguridad. Mujeres que han tenido sus errores y que no saben cómo enfrentarlos y que también reciben golpes que no merecen o que simplemente no esperan. Su necesidad de creer y sostenerse de causas e ideas perdidas. La esperanza que no se rompe a pesar de que no haya un sólo viento a su favor.

Debo admitirlo, bajo mi panorama actual (laboral, profesional, sentimental), me he sentido identificado en más de una ocasión con las protagonistas; hay conversaciones que llegan al alma, sobre todo cuando uno ha sufrido decepciones o traiciones de un ser amado. Sin duda, Simone ha logrado retratar el sentimiento de muchas mujeres en su época y de muchos lectores, hombres y mujeres, en la época actual. Finalmente, todos sufrimos por igual.

Sospechar todo es intolerable

Simone De Beauvoir

¡Ah!, mejor hubiera sido callarme. Pero nunca tuve nada oculto para Maurice; en fin, nada serio. No pude ocultar en mi corazón su mentira y mi desesperación. Golpeó la mesa: “¡Todos esos chismes!” Su rostro me impresionó. Le conocía ese rostro de cólera, me gusta; cuando a Maurice le piden un compromiso, su boca se crispa, su mirada se endurece. Pero esta vez yo era el objetivo, o casi. No, Noéllie no estaba en Roma con él. No, no se acostó con ella antes de agosto. La veía de vez en cuando, habían podido verlos juntos, no quería decir nada.

—Nadie los ha visto; pero te confiaste a Couturier que le contó todo a Luce.

—Dije que veía a Noéllie, no que me acostara con ella. Luce deformó todo. Llama a Couturier, enseguida, pregúntale la verdad.

—Bien sabes que es imposible.

Lloré. Me había prometido no llorar pero lloré. Dije:

—Mejor harías contándomelo todo. Si conociera verdaderamente la situación, podría tratar de encararla. Pero sospechar todo, no saber nada, es intolerable. Si te limitabas a ver a Noéllie, ¿por qué habérmelo ocultado?

—Bueno. Voy a decirte la completa verdad. Pero entonces créeme. Me acosté tres veces con Noéllie el año pasado y verdaderamente no contaba. No estuve en Roma con ella. ¿Me crees? 

No sé. ¡Me has mentido tanto!

Hizo un amplio gesto de desesperación:

¿Qué quieres que haga para convencerte?

 —No puedes hacer nada.

 

– Fragmento de La Mujer Rota, escrita por Simone De Beauvoir.