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Archive for 29 julio 2014

Been there, read that (CXIII)

Ha vuelto

Aut. Timur Vermes

HA VUELTOHace años, en mis tiempos de joven editor de un periódico universitario, pasaba por mi mente la idea de una tira cómica en la que Fito (apócope de Adolfito) despotricara en contra de las costumbres, reglas y tradiciones de nuestra sociedad actual. La premisa era sencilla, ¿qué pasaría si Adolf Hitler despertara un día en nuestros tiempos y tuviera la oportunidad de juzgar el panorama político-social en el que nos encontramos? La idea no pasó de ser idea y para cuando me encontré con la contraportada de la obra del Señor Vermes, me di cuenta de que no fui el único con esa idea y que, contrario a lo que pasó con la mía, esa otra persona llevó a cabo la traslación a una divertida novela.

Al tratarse de una narración en primera persona, me pregunté en qué grado podría ser imitada la dialéctica de Adolf y la realidad es que el autor ha hecho una maravilla. El hombre que recorre las calles de Berlín en pleno año 2011 no podría ser otro más que el mismísimo Führer que analiza su situación y teniendo siempre una lógica fría busca la manera de subsistir en un mundo que lo ha condenado al olvido.

Pronto, su apariencia y lo jocoso (actualmente) de su discurso lo catapultan a ser parte de un programa cómico de televisión. Hitler denunciará lo que a ojos de un tradicionalista de extrema derecha de 1930 es una sociedad en decadencia. Críticas de la política de una Unión Europea debilitada, de las costumbres de una juventud que no separa los ojos de los teléfonos celulares, entre otras situaciones, no se hacen esperar y la gente que debiese repudiar el contenido del programa de televisión pronto se convierte en una horda inmensa de fanáticos que corren a pedir autógrafos al villano de los libros de historia.

Precisamente ahí nace esta curiosidad y empatía con el protagonista que no ha dejado de ser el monstruo que llegó a ser durante la Segunda Gran Guerra, pero, como lo dicen los comentarios sobre el libro, uno se da cuenta que no se ríe de Hitler sino que se ríe con él. Y fuera del tema de la exterminación judía, cosa que le vale la enemistad de la prensa, uno se da cuenta de que las críticas bien fundadas del austriaco, mucho tienen de verdad.

Lo que es mejor es ese final que realmente se constituye como uno de felicidad para todos. Lo cierto es que es un libro agradable y ligero que realmente recomiendo a los amantes de la historia y de los temas que giran en torno al dictador.

Dejar que los perros ladren

Algo que jamás logro entender de las personas, es esa necesidad de tirar indirectas en sus redes sociales favoritas. Eso sí, antes de explayarme, debo confesar mis pecados previo a completar la acción de tirar la tercera o cuarta piedra (porque tampoco soy tan atascado para tirar la primera).

Hasta hace algunos meses, exactamente a partir de inicios de febrero, descubrí que no vale la pena andar ventilando intimidades, pleitos y demás marrullerías en público. Si bien buscamos empatía y apoyo, la realidad es que terminamos dando más pena ajena que nadie. Lo digo porque tal vez hubo momentos (para ejemplo clasiquísimo) donde una relación se pudo haber salvado de no haber quemado lo más que se pudo a la otra persona; eso sí, te contentas y ahora trata de explicarle a las mismas personas que pusiste en contra de tu amado, cómo resulta ahora que siempre no es tan malo y que mejor sí regresas con él. Cosas de la vida, right?

El caso es que por razones que aún no termino (ni terminaré) de comprender, un servidor se puso a chillar y a decir que cómo era posible y bla bla bla. Y todo aquello, ¿para qué? Sorpresivamente para nada, mejor te lo guardas y le dejas de dar importancia a quien no merece más que la atención de 2 o 3 segundos que te quita tal o cual publicación.

Claro está, “miren todos, cómo me siguen haciendo caso” y miran todos y lo único que observan es a una señora casada que sigue dando pena ajena y se sigue quemando por seguirle juegos al ex-novio. Buscan la atención y que sigan viendo cómo “siguen trayendo acá” al pobre mortal que si mal no recuerdo, ya ni las hace en su vida.

Supongo que más penoso es el hecho de estar parado afuera del círculo que llama la atención y ser el esposo, porque ¿con qué cara podría explicarle la esposa que cuando no está, ella sigue llamando amor de su vida a otro?, para ser más precisos, ¿cómo ha de explicarle los correos que le manda con poemas y los de felicitación de cumpleaños cuando se supone que ya tiene un compromiso con el hombre de su vida? Nunca lo sabremos.

Afortunadamente no todos caen en ese juego y se escapan por el camino de la caballerosidad, evitando devolver el golpe que podría acabar con toda resistencia. Finalmente, cada quién es feliz con la atención y la reputación que se gana. 

Por mi parte, ya no suelo caer en los juegos de las indirectas… ¿sarcasmo o realidad?

Categorías:Anécdotas, Dedicatorias Etiquetas:

Been there, read that (CXII)

Rayuela

Aut. Julio Cortázar

RayuelaDespués de unas buenas clases de literatura, era inevitable ignorar esa edición de 50 aniversario que mi Señora Madre hizo el favor de obsequiarme con motivo de mi cumpleaños hace doce meses. Y qué mejor regalo pude recibir, apenas le doy vuelta a la última página y sonrío. Sonrío y me pregunto cómo es posible que le quepa tanta genialidad a alguien dentro de la cabeza, pero bueno, es Cortázar.

No voy a ponerme a criticar o a analizar o cualquier acción y efecto referido al estudio profundo de una obra como lo es Rayuela, para eso hay cientos y cientos de coloquios, mesas redondas, tesis y estudios, académicamente hablando. Sólo puedo recomendarlo y recomendar a más no poder.

Cortázar habla dentro de sus cartas y al interior de sus clases sobre el deseo que tenía de salirse de las normas estipuladas, de escribir algo que fuera en contra de lo considerado como sagrado dentro de la palabra escrita, y lo logra. Al mismo tiempo, habla también de la múltiple correspondencia que recibió por parte de tantos lectores; mientras unos alabababan, otros detestaban y había otros más que simplemente reían.

En efecto, Rayuela puede provocar las más variadas reacciones de acuerdo al lector. Mientras a mí me ha provocado risa una y otra vez, he sido testigo de cómo amistades mías han terminado odiando la actitud de los personajes y hasta sus conversaciones. Y de entre tantas sensaciones, lo genial de la obra se encuentra ahí, en lo que provoca.

Ya se había dicho, cómo podemos encontrar lo lúdico sin caer en la comicidad, cómo podemos encontrar la fatalidad sin caer en obviedades, cómo podemos jugar con el tiempo sin necesidad de forzar. Cómo poder echar abajo las estructuras tradicionales y aún así estar dentro de los círculos más altos.

Todo eso y más ha sido Rayuela, se disfruta, se ríe, se enoja, se angustia, se fallece y se revive una y otra vez más.

Been there, read that (CXI)

Clases de literatura. Berkeley, 1980

Aut. Julio Cortázar

Clases de Literatura. Cortázar.Hace algunas semanas, la encrucijada en la que me encontré fue la de elegir entre leer un libro de 1162 páginas de George R. R. Martin y éste, del que les vengo a contar. Como es debido, recurrí a la siempre poderosa opinión concisa y erudita de las redes sociales (le pregunté a mis amigos en facebook cuál leer primero); el argumento con más peso fue el de “no leas Cortázar a menos que te quieras sentir hipster” y con esos abrumadores comentarios fue que terminé leyendo Tormenta de Espadas. Después, no podía dejar abandonado a mi segunda opción y, sin arrepentirme, he disfrutado cada página de ambas obras.

En fin, como iba diciendo, le vengo a hablar de esta belleza de libro que, como tal, no está escrito por Cortázar, más bien, es el registro de un par de clases que formaron parte de un curso de literatura que el susodicho dio en la Universidad de Berkeley por ahí de 1980. Dato curioso que él haya fallecido cuatro años después, si yo fuera alumno de esa clase, cómo la atesoraría.

Por supuesto, incluye la transcripción completa de las clases con todo y comentarios de los alumnos que estuvieron presentes. De alguna manera, la informalidad se hace presente y  nos encontramos en medio de una charla entre profesor y estudiante que te hace sentir parte de la atmósfera del salón universitario.

Cortázar es sutil, sencillo en sus explicaciones (caso muy contrario a cuando escribe) y crea una atmósfera excelente y propicia para el entendimiento de los temas que maneja: el tiempo, la fatalidad, lo lúdico, la música, cronopios, famas, el libro de Manuel y, finalmente, Rayuela. Todo nos es explicado con peras y manzanas o, en su caso, con fragmentos, anécdotas, y lecturas directas de pasajes que el autor en algún momento ha escrito.

Conforme nos acercamos al final de la lectura, como cuando estamos tomando clase con un profesor al que no quisiéramos dejar de ver, nos sentiremos tristes y exigiremos más clases, un día más por lo menos, que no habrá. Julio se despide de manera veloz puesto que un avión podría dejarlo y se le hace tarde. Damos gracias por el curso y procedemos a cerrar el ciclo escolar, eso sí con más hambre que nunca de Rayuela y demás obras, ahora que hemos entendido al escritor.