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Been there, read that (CLVIII)

The Four-Pack Revolution: How You Can Aim Lower, Cheat on Your Diet, and Still Lose Weight and Keep It Off

Aut. Chael Sonnen / Ryan Parsons

512UXWeVCZL._SX258_BO1,204,203,200_Siempre me negué a leer libros sobre dietas, ejercicios o temas similares. Soy de la idea que ese tipo de cosas no se leen o estudian, sino que se aprenden directamente en la práctica. No obstante, cuando me enteré que uno de mis peleadores favoritos de artes marciales mixtas publicó su libro, no resistí la tentación y heme aquí reseñando la obra de Chael Sonnen y el entrenador Ryan Parsons.

Seré sincero, hay muy poco que alguien que ya lleva un rato en estas ondas de los deportes de combate y las artes marciales pueda aprender. La mayoría de las lecciones en el libro son aquellas que se aprenden sobre la marcha en el tatami o en la jaula. Sin embargo, me agrada la acercamiento que se le da al siempre presente trauma de querer bajar de peso.

De entrada, una cubetada de agua fría: es casi imposible, para ti, persona común y corriente con responsabilidades (trabajo, familia, etc.) alcanzar un cuerpo como los que te venden los anuncios de la televisión o los que le ves a los peleadores del UFC cuando hacen lo suyo. ¿Por qué es casi imposible? Porque esos cuerpos que ves, no duran más de 48 horas en ese estado; hablamos de cuerpos que en la mayoría de los casos, llevaron un terrible proceso de deshidratación para verse como se ven, y hablamos de cuerpos que se trabajaron de manera exhaustiva sólo para los 5 minutos que miramos en la pantalla. Necesitamos establecer metas realistas.

Segundo, no es posible alcanzar aquellas metas que te has propuesto si antes no te deshaces de los malos hábitos cotidianos: dormir poco, comer lo que hay a la mano, estresarte por el trabajo, procrastinar, etc. Y para crear buenos hábitos que los sustituyan tienes que entrenar tanto al cuerpo como al cerebro.

Por último, debemos entender que lo que le funciona a unos, a otros no les aplicará. Que no hay un sólo sistema que funcione para todos y que sobre la marcha debemos ajustar nuestras rutinas para aprovechar lo que nos sirve y desechar lo que no nos sirve.

En general, el libro contiene no sólo la charla motivacional y los consejos necesarios para trabajar poco a poco a través de pequeñas victorias (cada día subir más rápido los escalones de nuestra casa, por ejemplo) que construyan un momentum que nos permita alcanzar metas cada vez más grandes; también tiene ejercicios básicos para realizar en casa y estructuras de dietas básicas con recetas sencillas y fáciles de seguir.

En general, para alguien que ya se considere atleta de competencia, no habrá nada que la lógica y la experiencia no te hayan dado ya. Sin embargo, para quien apenas comienza, puede ser una gran guía. En general, no te tortures, no busques el six-pack perfecto, puedes de tener un four-pack que te haga ver de lujo en la playa y que te permita vivir tu vida sin complicaciones ni sentimientos de culpa cuando alguna pequeñita cosa no funciona.

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Feliz cumpleaños, héroe

LukeCagebitch

Hace unos días llegué a cumplir los 32 años de edad. No tengo mucho qué reflexionar. Ha sido un año de altas y bajas; tuve medio año lleno de dicha, y tuve otra mitad llena de soledad y melancolía, añoranzas que hasta el día de hoy no se cumplen (y no sé si se cumplirán). Un año es demasiado tiempo. Demasiadas personas fueron y vinieron, demasiados logros (que yo no los considero logros, sino obligaciones) acontecieron, y mucho crecimiento personal, eso sí.

Hoy, no me queda más que enfrentar un nuevo año lleno de expectativas e incertidumbre. Tanto cambió en los últimos doce meses, no tengo ni idea de todo lo que cambiará en los siguientes.

Sigo trabajando en ser un mejor hombre que un día deje de sentirse indigno de la felicidad que siempre ha buscado. Aunque me inclino hacia el lado de la villanía, lo cierto es que nunca he dejado de desear ser un verdadero héroe que inspire confianza, amor, esperanza y respeto a los que me rodean. Comparto el monólogo final del padre de Luke Cage en los últimos minutos de la segunda temporada:

Your strength is from God, Carl. I have no doubt in my mind about it. But with that kind of power, comes a share of pain. I know that. Science, magic, God… the power flows from within. From inside. What comes out when the pressure is hideous… that’s the real magic. That’s what defines being a man. Thats’s what defines being a hero.

(Tu fortaleza viene de Dios, Carl. No tengo la menor duda. Pero ese tipo de poder viene con su parte de dolor. Lo sé. Ciencia, magia, Dios… Ese poder fluye desde el interior. Desde adentro. Lo que sale cuando esa presión es muy fuerte… esa es la magia real. Eso define ser un hombre. Eso define ser un héroe.)

Hay quienes huyen de las sirenas, y hay quienes corremos hacia ellas

Been there, read that (CLVII)

En defensa de la intolerancia

Aut. Slavoj Zizek

image_1165_1_66951Antes de que se acabe el furor de las elecciones, me apetece escribir un poco sobre mi más reciente lectura. Nuevamente, un pendiente que llevaba más de un año sin ser atendido. Me lo regalaron por ahí de febrero de 2017 y apenas hace unos días que me senté a terminarlo. Lo cierto es que tuve que releerlo desde cero aparte de repasar algunas páginas más de una vez debido a lo exageradamente técnico que se encuentra escrita la obra.

Primero, si hay algo que siempre detesté de las múltiples lecturas sobre ciencia política que me dejaron cada semana a lo largo del doctorado, es esa capacidad tan grande que tienen algunos autores de convertir una idea sencilla en algo sumamente complicado a través de un lenguaje cargado de tecnicismos políticos y palabras rebuscadas. Pues bien, el buen Zizek no es la excepción; le dedicas varias leídas a una misma página y para cuando entiendes la idea central, te das cuenta del exceso de palabras que se utilizaron nada más porque sí.

Segundo, está cabrón (y perdón por la expresión) seguirle el paso a las ideas que por momentos le entran al género anecdótico para después regresar al tecnicismo total. Aunque eso sí, se agradece la parte anecdótica pues funciona mucho mejor para entender el punto central de lo que se habla más que con las definiciones atascadas de referencias circulares.

Ahora bien, En defensa de la intolerancia es una lectura de izquierda total, no me atrevo a decir radical, pero sí muy cerca del extremo. Mi problema con este tipo de lecturas es que si bien muchas de sus ideas tienen un buen argumenta, tarde o temprano las elevan a situaciones ridículas. El punto principal es que no nos debemos dejar engañar por el discurso capitalista global que se asienta a través del poder en occidente. De esta manera, cuando se habla de despolitizar a la economía y dejarla regirse autónomamente por reglas bien establecidas e instituciones con leyes concreta, en realidad se logra lo contrario: se politiza más la situación de los dominados y se establece la relación amo-esclavo entre ELLOS y NOSOTROS (los jodidos).

Me encanta la idea de la Sociedad de Riesgo, y me agradó esta parte de la ilustración a través de analogías que se hacen hasta con un tamagotchi; el problema es que la lectura se siente fuera de su tiempo. A pesar de haber sido publicada en 2005, parece estar escrita con ideas basadas en situaciones de los noventa.

Con todo, creo que la obra de Zizek es sumamente interesante, pero no la recomiendo para quien no traiga consigo algún bagaje considerable de lecturas de ciencia política y gobierno pues aún con los cientos de lecturas que he hecho a lo largo de los últimos tres años, me costó mucho trabajo dilucidar entre la verbórrea y lo que realmente se quiere transmitir. Recomiendo sólo bajo el riesgo de no entender nada o el riesgo de caer preso del tecnicismo que podría hacer que te apropies de ideas que no precisamente son las más adecuadas en un contexto mundial actual.

Been there, read that (CLVI)

Su lucha (Diario de Landsberg)

Aut. Rudolf Hess

Ed. Patricio Lenard

Su luchaNunca antes me tardé tanto en terminar un libro; éste lo comencé en enero de 2017 y 18 meses después es que he dado vuelta a su última página. No sé qué me pasó, siempre sentí fascinación por libros que giran en torno al tema de la Segunda Guerra Mundial, el Régimen Nazi y sus principales personajes, etc. Y sin embargo, sentí mucha pesadez para concluir el diario, aún cuando los diarios y el género epistolar me provocan tanto placer en el ejercicio lector.

El caso de Hess, siempre me ha parecido de lo más triste. Siendo el más ferviente admirador de Hitler, lo que queda constatado en la inmensa pleitesía que le tiene a Adolf en sus interminables halagos y muestras de admiración, termina siendo considerado como un traidor a la causa nacionalsocialista y condenado a la fusilación directa por parte del futuro Führer.

En un par de cuadernos que su esposa contrabandeó fuera de la prisión de Landsberg, Hess narra el día a día de la escritura del libro definitivo de Hitler, Mein Kampf; siendo el encargado de tomar dictados y notas que a la postre se convertirían en el libro supremo del movimiento Nazi, Hess nos brinda una nueva visión del contexto en el que las ideas surgieron, se compartieron y, finalmente, fueron llevadas a la imprenta.

Mucho del diario se reduce a la repetición de las mismas ideas que se pueden encontrar en la lectura de Mi Lucha; sin embargo, es el sentido anecdótico del autor lo que provoca un nuevo interés. El mismo Rudolf lo aclara en una de sus entradas finales, “Después de todo, ¿qué porción de lo escrito me pertenece? Copié sus ideas, transcribí sus charlas, glosé párrafos enteros de su libro… Mi deuda es grande”.

En efecto, queda sentado el antecedente bajo el cuál siempre se afirmó que Hess no era otra cosa más que un accesorio de Hitler, sin personalidad ni ideas propias. Una vez que Adolf es liberado de prisión, el autor del diario decide dar por terminada la escritura de los cuadernos pues ya no tiene nada qué contar por sí mismo. Expresa cuánto extraña las charlas con el líder y lo mucho que añora su presencia.

Y de nuevo, es triste darse cuenta del desenlace de la historia de Hess que un día tomó la decisión de negociar con Inglaterra por su cuenta y que terminó tachado de traidor. Porteriormente, se narran los últimos días del autor como un prisionero sumamente afectado a nivel psiquiátrico y el destino de sus restos que fueron prohibidos en el cementerio que se convirtió en un semillero de prácticas neonazis.

Me encantaron las líneas finales. Hess nos cuenta de uno de los momentos más cercanos que tuvo con Hitler, cuando ambos, después de una celebración en la que se entregaron los primero ejemplares de Mi Lucha, se quedan dormidos codo a codo en una estancia de la casa de Adolf. Y remata con la dedicatoria que el mismo Hitler escribió en el ejemplar que le obsequió: “Para Rudolf, por esta lucha compartida. Nuestra lucha. Adolf Hitler.“.

Su lucha

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Viernes, 16 de octubre de 1924

[…]

Cuando le entregué las hojas, las leyó en voz alta y corrigió algunos detalles. Se le notaba satisfecho. Al devolvérmelas, me miró y me dijo:

—Con esto haremos historia.

Sacó del armario una botella de whisky. Que había motivos para festejar me lo demostraba el permiso que se daba el abstemio. ¿Le habían confirmado la fecha de su liberación? Sirvió dos vasos y exclamó a viva voz:

—Por mi lucha, Rudi… ¡Por mi lucha!

Lo miré desconcertado. ¿Era eso lo que tenía para decirme? ¿A cuento de qué venía el brindis? Entonces se dilucidó el misterio: habían definido el título del libro. La sugerencia había sido de Amann. ¡Cómo no se le había ocurrido antes! Todo este tiempo lo había tenido en la punta de la lengua; cuánto más conciso que el anterior, cuánto más afín con el espíritu de la obra: Mi lucha. ¡Es excelente!

Sábado, 17 de octubre de 1924

De noche

Así que Mi lucha

Un buen título para este diario sería: Su lucha. Diario de Landsberg.

– Rudolph Hess, en sus diarios.

La naturaleza del sacrificio

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Comparto este extracto de un documental, Religion of Sports, que en el capítulo dedicado a la peleadora de artes marciales mixtas, Cat Zingano, nos da la clave para entender la naturaleza de hacer sacrificios…

The nature of sacrifice is universal. We surrender something, something precious. Valuable. We do it, and we hope, or, in some cases, we pray that our situation change. We make a deal with the future. Today will be darker so tomorrow might be brighter.

We don’t make sacrifices when times are good. Most of the time, we can accept that the future is anoble. But in those times when we are desperate to control things that are fundamentally uncontrollable, that’s when we offer out what matters to us most.

Truth? Sacrifices regularly go unanswered. No matter how much is given the answer is often silence.

If sacrifices don’t bring us what we want, why we keep making them? Maybe the answer is inside the word itself. “Sacrifice” comes from two latin words, sacrum facere which means “to make holy”. What is offered up in sacrifice, even if unanswered, is not lost, it’s made holy. Even though we cannot change future with our sacrifices, we always change ourselves.

(La naturaleza del sacrificio es universal. Entregamos algo, algo preciado. Valioso. Lo hacemos, y esperamos o, a veces, rezamos por que la situación cambie. Hacemos un trato con el futuro: El día de hoy será más oscuro para que el de mañana pueda ser más brillante. No hacemos sacrificios en las buenas épocas. La mayoría del tiempo, podemos aceptar que el futuro es inescrutable. Pero en esos momentos cuando estamos desesperados por controlar cosas incontrolables, entonces ofrecemos lo que más nos importa. ¿La verdad? Los sacrificios regularmente no son contestados. No importa cuánto se dé, muchas veces la respuesta es silencio. Si los sacrificios no nos dan lo que queremos, ¿por qué seguimos haciéndolos? Quizás la respuesta está en la palabra misma. “Sacrificio” viene de dos palabras en latín, sacrum facere, que significan “hacer santo”. Lo que se ofrece como sacrificio, aunque no sea respondido, no se pierde, se santifica. Aunque no podamos cambiar el futuro con nuestros sacrificios, siempre nos cambiamos a nosotros mismos.)

La niña se llamaba Julia

Rescato este fragmento para recordar lo cruel de la naturaleza humana, ¿a cuántos fieles cuadrúpedos hemos abandonado a su suerte que, en el mejor de los casos terminan en un albergue para ser adoptados; en el peor, atropellados, asesinados o sirviendo a los propósitos de humanos aún más crueles que los utilizan para pelear?

[…]

El labrador movió la cabeza fatigada.

—Yo me llamo Tomás —sonreía con tristeza—. Es un nombre ridículo para un perro, ya lo sé. Pero me lo puso una niña. Una pequeña humana… Recuerdo su olor tibio.

Suspiró hondo y se quedó mirando el vacío.

—Siete meses justos —murmuró tras un instante—. De cachorrillo de Navidad a estorbo para las vacaciones de verano.

—Todo un clásico —apunté.

—Cuando duermo, todavía sueño con el coche ganando velocidad mientras yo corro detrás y ellos se alejan.

—Qué vieja historia —dije, amargo—. y qué poco original.

—Sí. Durante semanas vagué por esa carretera, esperando verlos regresar.

—Claro.

Pero no regresaron.

—Por supuesto que no.

Nunca lo hacen.

Cambiamos una mirada triste. Al cabo, el labrador se volvió hacia el bodeguero.

—Morir no es tan grave, Cuco… Incluso alivia.

—Pues muérete tú, joder.

—Tranquilízate —el labrador le dio un par de lametones amables—. No vas a sobrevivir a la Barranca, así que lo mejor es que acabes rápido, como te dijimos antes. Te lanzas a las fauces del otro y acabas en un pispás.

—Con dos cojones —comenté.

—Para ti es fácil decirlo —me dijo el bodeguero, rencoroso—. Con tu estatura y tus mandíbulas. Cabrón.

—Mejor eso —dijo el labrador— que tardar un largo rato en acabar, para diversión de los humanos y adiestramiento del que te liquida… Seguro que aquí, el compañero, también está de acuerdo en eso.

—Por completo —dije.

—Callaos, maldita sea —el bodeguero se acurrucó en un rincón y se cubrió la cabeza con las patas—. Dejadme en paz.

Entonces se abrió la puerta del cobertizo. Dos humanos venían a por el labrador. Éste nos miró por última vez, alzó una pata y dejó una pequeña meada en un rincón de la jaula. Olfateé con facilidad lo que decía: “Tomás estuvo aquí”. Al acabar irguió la cabeza y se pasó la lengua por el hocico, las patas y los genitales, aseándose un poco.

—La niña se llamaba Julia —dijo.

Después se dejó llevar con un trotecillo corto y digno.

Epílogo del labrador (habla de nuevo el Negro para sí mismo):

Manteniéndome sujeto por el collar a una correa, me arrastraron a un coso circular de unas veinte patas de diámetro —la pata perruna, como saben, equivale a unos treinta centímetros— de suelo cubierto de arena: una arena removida de pisadas, que casi había absorbido, en grandes manchas pardo rojizas, la sangre vertida en ella un rato antes. Y más allá del coso, entre las piernas de los humanos, alcancé a distinguir el cuerpo inerte y ensangrentado del labrador.