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Been there, read that (XII)

29 agosto 2010 1 comentario

México ante Dios

Aut. Francisco Martín Moreno

Me presento ante ustedes con la reseña número doce. Quiere decir que, con esta obra, he cumplido el propósito de leer doce libros en el año; por supuesto, esto no significa que deje de hacerlo de aquí a que termine el 2010.

Pasando, ahora sí, al tema de la presente entrada, debo reconocer que la obra del Señor Moreno es una de las más pesadas que he tenido el placer de leer. Es de aclararse que el hecho de ser pesada no implica que sea mala o que no se disfrute. Me explicaré: México ante Dios posee una portada que, de no haber sido porque un fan de mis reseñas me lo brindó, hubiese hecho que lo ignorara por encima de libros de Hitler o Roma; debo admitir que el tema de la iglesia y la religión no me apetecen tanto, precisamente por el conflicto que causa con muchas personas y las interminables discusiones que nadie gana al final.

Es por lo anterior que la lectura se me hizo muy pesada y evitaba que leyera el libro por más de unas cuantas páginas al día; claro, no pongo en tela de duda la maestría con la que el autor desarrolla esta novela histórica que pone en evidencia las influencias de la iglesia, como institución, en las diversas revueltas que, finalmente y Gracias a Dios (sic), culminaron con la proclamación de la Constitución de 1857 y la subida al poder de Don Benito Juárez.

Encerrados en una mazmorra de la prisión de San Juan de Ulúa en la época porfirista, el narrador de nuestra “aventura” se encuentra con Don Valentín, un escritor que ha sido abandonado a su suerte en la celda dicha y que cuenta con muy pocas horas de vida para narrar la historia secreta que nadie ha conocido sobre la participación del clero en busca de un México atrasado, ignorante y doblegado.

Comenzando con los acontecimientos sucitados poco después del fusilamiento de Don Miguel Hidalgo y hasta el punto en que Maximiliano es fusilado y Don Porfirio asciende al poder, podremos observar y ser testigos de las mil y un traiciones que se llevan a cabo por los exponentes más altos de la iglesia católica en pro de conservar sus riquezas aún a costa de las vidas de los mexicanos y la pérdida de los territorios nacionales.

Fomentando la rebelión, pertrechando ejércitos, envenenando las mentes de sus fieles e infundiendo el temor a través de la excomulguión, los poderosos representantes de la iglesia se encargaron de defender el patrimonio divino al grado de instaurar en repetidas ocasiones a su caudillo por excelencia, su majestad Antonio López de Santa Ana. Lo apoyaron al promover la venta de territorio para pertrechar su ejército; al grito de “¿Libertad y Fueros!” lo hicieron, pues tampoco se podían permitir el uso de la riqueza propia para siquiera defender la causa que le vendieron a sus ignorantes feligreses.

En fin, una historia que todo mexicano debería conocer lejos de lo que los libros con faltas ortográficas de la SEP nos presentan. Tomándolo con calma, pronto llegarán a detestar nombres como los de Matías Monteagudo, Francisco Miranda o Eduardo de la Garza y Ballesteros, entre otros, a quienes la historia olvidó y, aunque no debiera recordarlos, debemos repudiar por siempre.

Hoy en día, somos una nación bien establecida y las creencias se mantienen sin el fanatismo o la anarquía. Al final todo resultó bien y es importante aclarar que no se puede odiar una institución por quienes la dirigieron en el pasado. Sí, hay muchas críticas, siguen existiendo personajes no tan santos y aún combatimos mucho atraso; lo importante es saber juzgar y aceptar ser juzgados. Me despido con una gran frase que resume la obra:

No sólo lucharemos contra el clero y sus aberraciones, sino tendremos que convencer al pueblo de que no estamos en contra de la religión, sino en contra de los abusos de la iglesia como institución.

– Melchor Ocampo

 

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Otro día, otro peso

 

Tras un par de árduas semanas de viajes encaminados a la presentación de entrevistas de trabajo que me tuvieron contra las cuerdas y con muy poco tiempo para realizar muchas de mis actividades cotidianas, retorno a mis labores normales ofreciéndoles una buena noticia: su servidor ha encontrado trabajo y ha dejado de ser una persona improductiva para el país.

Así es, tras un mes de actividad viajera semanal y cuatro diferentes entrevistas: dos para un puesto que alguien más me ganó, una que a la mera hora no se concretó y una última, que se dio gracias a una esporádica lectura que un jefe de área le dio a mi curriculum; al final obtuve un puesto de planta haciendo una de las cosas en las que me especialicé a lo largo de mi estancia en la universidad, el maneja avanzado del (sic) Excel.

Gracias a esta mejora y, afortunada, escapatoria del estanque en el que había caído un par de meses; me es grato informar que me encuentro a punto de terminar la primer semana laboral con un gusto grandísimo. Buena fortuna de contar con un buen ambiente de trabajo, un par de colegas a todo dar y un jefe que, sin prejuicios hasta el momento, puedo aclamar como uno de los mejores que me pude topar en esta entrada al mundo laboral.

Para no hacérselas larga, sólo puedo manifestar gratitud hacia los comentarios de aliento que tanto lectores como no lectores me hicieron llegar. La señal, de la que hablaba hace un par de semanas, fue real y ahora no me queda más que retomar el vuelo y empezar a crecer.

PD: No les diré donde laboro, pero sí les diré que tomen mucha Big Cola y productos de su familia por igual jajaja.

 

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