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Archive for 29 julio 2013

Cartas

ella se sienta en el piso

hurgando en la caja de cartón

leyéndome las cartas de amor que le he escrito

mientras su hija de 4 años yace en el piso

envuelta en una cobija color rosa

dormida 3/4

 

nos hemos vuelto a juntar después de una separación.

me siento en su casa

una tarde de domingo

 

los carros suben y bajan por la colina,

allá afuera

cuando estemos dormidos esta noche, juntos

escucharemos a los grillos

 

¿dónde están los tontos que no viven

tan bien como yo?

 

amo sus paredes.

amo sus niños.

amo su perro.

 

escucharemos a los grillos.

mi brazo rodeando su cadera,

mis dedos contra su barriga

 

una noche como esta le gana a la vida

y este rebosar se las arregla con la muerte.

 

me gustan mis cartas de amor,

eran verdaderas.

 

¡Ah, ella tiene un hermoso culo!

¡Ah, tiene un bello espíritu!

 

– Charles Bukowski

Been there, read that (LXXXIV)

Soy la orilla de un vaso que corta, soy sangre: Antología poética

Aut. Charles Bukowski

Soy la orilla de un vaso que cortaLa verdad es que no puedo reseñar mucho de una antología y menos si se trata de la autoría de uno de mis escritores favoritos. De cualquier manera, es muy difícil ponerse a escribir sobre poesía cuando uno no es un gran escritor de la misma o, por lo menos, lector de ella. Sin embargo, sí puedo hacer algunos comentarios.

Antes que nada, para leer poesía de Bukowski o de cualquier otro autor, es necesario leerla en su idioma original. Ya me ha pasado que las traducciones no siempre son buenas, dejé constancia de ello en una entrada anterior en la que elegir entre “topo” y “verruga” cambiaba el sentido de un verso totalmente.

Ahora bien, ya de por sí es difícil encontrar las obras de algunos autores si no es porque tenemos librerías como el Péndulo, Gandhi o el Sótano; y más difícil es encontrar esas obras en sus idiomas originales. Por tanto, es viable siempre o encontrar las versiones con traductores adecuados o aquellas que incluyen los dos idiomas, como la presente.

Finalmente, de Bukowski, puedo decir que su poesía es igual a su narrativa: directa, dura, cruda, sin adornos, con remates extraordinarios y sencillos. Encontrarás un amor sincero, que no endulza y que simplemente cumple su cometido. Versos sencillos, escritos literalmente por un borracho amante de las mujeres y enemigo del trabajo. Uno no se arrepiente de leer lo que lee a través de las palabras del buen Hank.

Fragmentos de ocio en una tira de papel arrugado

En orden aleatorio, sin propósito alguno.

Been there, read that (LXXXIII)

La ternura caníbal

Aut. Enrique Serna

La ternura caníbalRealidad humana, cruda, traicionera, egoísta. La ternura caníbal es así, sumamente humana. Crueldad innecesaria, hambre por dañar al que nos toma de la mano y nos besa. No queremos vivir abandonando nuestros vicios carnales, pero no estamos dispuestos a que el ser amado disfrute a su vez de los suyos. No podemos permitir que el otro sea más feliz aún cuando su felicidad se base en una falsedad, nos morimos de ganas porque se entere y esté consciente de esa falsedad.

Enrique nos trae en La ternura, una serie de relatos que hablan de personajes cotidianos en situaciones más que reales, ambiguas pero que pertenecen a nuestro día a día. Un macho que en vísperas de la muerte decide que su mujer, joven y atractiva, debe acompañarlo hasta la tumba; un mujeriego que induce a su mujer al mundo swinger y que se arrepiente cuando le es arrebatada la inocencia de su matrimonio; la incondicional que le confiesa al moribundo cónyuge cómo fue que se las arreglo para no salir nunca de su vida; el artista que destruye la carrera de su mujer de forma anónima…

Demasiada cruel es la ternura caníbal, la que devora al que decimos amar. Al leerla, no sabremos si nos sentimos tristes, torturados o incluso felices de no estar viviendo situaciones similares, aún. Es, sin duda, un gran libro, no se puede dejar de leer a pesar de la tristeza que nos inunda el empatizarnos con los personajes. Las mujeres siempre ganan, pero a costa de qué es que existe su victoria. Encontramos en el sufrimiento ajeno un curioso y delicioso aperitivo de nuestra predilección.

La ternura caníbal vive muy adentro de nosotros. Está ahí, dispuesta devorarnos si no hacemos algo por satisfacerla con la carne de los otros.